¿Cuál es el futuro de la industria de la moda después de la pandemia?

Conseguir las palabras adecuadas para describir este último mes, es sin duda, una de las tareas más difíciles que he tenido como profesional. Desde que culminé mis estudios en moda en Parsons en el 2015, y me aventuré como profesional en el mundo editorial, jamás me había encontrado en una situación tan incierta y angustiante como esta. La pandemia nos ha afectado a todos.

Sin importar la edad, la raza o locación, el mundo se ha arrodillado ante un virus que nos llena de incertidumbre, y por consecuencia, de pánico; es aprensivo el no saber qué nos depara esta contingencia, ya que no tenemos ningún tipo de parámetros sobre qué debemos hacer (o no hacer). Y ya que esta es la realidad, o la nueva normalidad, como muchos la describen.

Al tener que estar en casa sin un plan a futuro, sin una certeza, lo primero que debemos hacer para intuir cómo seguir adelante es una introspección personal de por qué y cómo llegamos acá. Esta puede ser espiritual, literaria o física, y tener como finalidad aprender a escuchar y seguir a aquellos quienes saben, quienes se han preparado para darnos las respuestas que buscamos y ayudarnos a seguir adelante.

Analistas políticos, científicos, sociólogos, y todo tipo de exponentes de nuestro entorno han presentado una variedad de opiniones sobre cómo comportarnos (para bien o mal), sobre qué pasará y que no, pero como bien dijo el gobernador de Nueva York, Andrew Cuomo, hace un par de días, «todos se han equivocado», y lo que nos queda es tener la reacción más adecuada a los acontecimientos y tratar de tomar las decisiones correctas escuchando a los expertos en el área y así mantenernos a flote; y fue al oír la afirmación de Cuomo, que pensé, pues ahí está la respuesta en lo que podrá pasar en el mundo de la moda; tenemos y debemos escuchar a quienes en verdad saben y que han vivido y trabajado en esta industria.

Luego de leer infinidad de artículos, cartas de diseñadores, podcasts de editores, paneles de expertos de la industria la realidad es la siguiente: las producciones para otoño-invierno (las que vimos en el último fashion week) están completamente paradas o canceladas, pues desde fábricas de textiles a las de indumentaria industrial están cerradas o han enfocado sus esfuerzos para trabajar en la creación de cubre bocas y batas médicas o en hacer jabones desinfectantes para batallar a la pandemia.

Ahora, ¿qué nos queda? Pues como dije, empecemos por la introspección. Muchos dicen que tenemos demasiados ciclos de moda en un año, muchas colecciones y por ende, muchos desfiles y que se gasta mucho dinero, despilfarrándolo, lo que resulta en un consumismo extremo. Todo esto es a su vez altamente contaminante y poco sostenible.

Desde Marc Jacobs a Marine Serre, hay consenso en que es hora de repensar la velocidad con la cual la moda se mueve, y reinventarse, enfocándose en tener sólo dos colecciones al año y no seis. Así que pensemos que este será el primer paso: ir más lento.

Hacer colecciones coherentes y ricas, y tener un ciclo sostenible tanto en la producción, como el consumismo. Otro tema que promete es la sostenibilidad. Ya este movimiento se estaba haciendo sentir más y más en el paso de las temporadas, y ahora que estamos en pausa, que se han detenido procesos productivos, podemos re evaluar las técnicas y buscar métodos sustentables para crear las colecciones. De hecho, son las marcas sostenibles, Stella McCartney por ejemplo, quienes van un paso adelante en la creación de líneas para final de este año debido a que sus técnicas son más lentas y sus plazos más extendidos, ya que son planificados para complacer estándares ecológicos, por lo que comienzan antes de las producciones normales, en este caso, ya han empezado antes del inicio de la pandemia.

Mavi, la marca de jeans (vaqueros), es otra cuya producción está disponible, ya que sus estándares hacen que esta se planifique con más tiempo. El tema que considero sea tal vez el más importante es: la localización; pensar doméstico y apoyar a nuestras marcas locales. ¿Qué quiero decir con esto? La idea del turismo frenético y el viajar frívolamente es bastante inverosímil de momento y pareciera que así será por un buen tiempo, por lo tanto, las técnicas de mercadeo tendrán que enfocarse en el marketing local.

No estoy diciendo que no se comprará lujo, siempre habrá quien podrá hacerlo, pero estas mismas marcas se orientarán en complacer a un consumidor inmediato, con campañas publicitarias más pequeñas y localizadas, y poder así fomentar su comercialización. Por esto alentamos al consumidor a que estudie marcas locales, en nuestro caso en particular, consideremos las latinoamericanas. En su gran mayoría estas empresas son del tipo sostenible y trabajan con comunidades locales, pertinentes a su región y país, lo que se traduce en un apoyo comunitario significativo al empoderar a sus trabajadores. Muchas de estas marcas cuyo enfoque principal es vender en Estados Unidos o Europa, se ven muy comprometidas durante la pandemia, así como en la disyuntiva de seguir produciendo, ya que los pedidos están siendo cancelados.

Firmas como Maison Alma, Beck Jewels, Mola Sasa, Efraín Mogollón, entre otras, no sólo han logrado llevar por todo lo alto el gentilicio latinoamericano, sus infraestructuras ecológicas y sus talentos son un triunfo del colectivo industrial comunitario, y un estímulo para mejorar la vida en el continente. Mi mensaje parte de un principio honesto, creo que si sabemos la verdad de lo que ocurre podemos mentalizarnos y buscar formas proactivas de seguir creciendo como industria.

Ya que estamos en pausa, y ya que tenemos que cambiar, vamos hacerlo, pero vamos a hacerlo bien. Estudiemos la historia y así como Monsieur Dior creó una marca luego de la segunda guerra mundial para brindar ilusión y belleza al mundo, seamos nosotros, la industria de la moda, quien aceptando la realidad y estudiando a nuestros predecesores, y cómo ellos crearon un realismo mágico que se convirtió en una de las fuerzas económicas más prominentes del mundo, continuemos su valioso legado, pero en forma positiva. Vamos a parar las condiciones poco favorables (a veces cuestionables) de producción masiva de moda y enfoquémonos en enriquecer y hacer prosperar nuestras comunidades locales, en incluir producciones de calidad y lujo, no sólo aportando recursos financieros a economías deprimidas, como también enseñando nuevas técnicas a las empresas locales y así fomentando la educación, impulsamos su crecimiento y automáticamente mejoramos todos.

La industria de la moda va a estar bien después de esta pandemia. Vamos a sobrevivir, es parte de la naturaleza humana sortear las adversidades, pero ya que tenemos la oportunidad de poder reevaluar nuestra estructura, trabajemos juntos en hacerla mejor. Aplaudamos a quienes han dedicado su producción a crear mascarillas y batas médicas, pero no permitamos que en un futuro próximo se hagan más caras y sean vendidas con costos elevados sólo porque vienen de un diseñador. Es importante entender que está mal capitalizar los insumos médicos como si fueran las nuevas bolsas, éstas son un instrumento de protección, no una banalidad o una comodidad.

Y ya que eventualmente vamos a seguir produciendo, hagámoslo de forma sostenible. Sobre los desfiles de moda, después de esta pandemia hay quienes dicen que se vendrá la ola digital. Eso queda por verse, pues sí existe una magia única en ver una pasarela en vivo, pero esto queda ya en un segundo plano. Hoy digitalmente podemos ofrecer las nuevas campañas y cuando la vida lo vuelva a permitir, volveremos a pensar en los shows. Mi punto es que vamos a estar bien, pero no sólo es importante estar bien, es hacerlo bien y apoyar a quienes loablemente, trabajando duro, ofreciendo sus ideas y posicionamiento de vanguardia, hacen de nuestra industria y nuestro mundo un lugar mejor.

Nunca será perfecta, pero podemos intentar.

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