Librera, diseñadora y editora llega a #BadassWomen Selva Hernández

Una Badass Woman, es aquella mujer empoderada, apasionada, que marca huella por donde va y que, con su labor, abre camino (para todas) hacia un mundo de mayor equidad.

En la revista InStyle México, queremos rendir tributo a todas estas mujeres con una pequeña muestra de lo que algunas de ellas hacen día a día: La lista de las 30 Badass Women a las que no podemos perder la pista.

¿Cuál es la historia que cuentas de ti? ¿Cómo te describes a ti misma? 
Muchas veces me encuentro diciendo que “solo soy una señora que trabaja”. Trabajo mucho. Me levanto temprano y me acuesto tarde y a veces me doy cuenta que llevo semanas o meses sin descansar un día. Soy muy curiosa, y mis intereses me llevan a profundizar sobre un tema específico que tal vez no tenga nada que ver con mi trabajo profesional, pero no puedo evitarlo. Me gusta mucho salir al bosque y subir montañas, pero el año pasado no encontré momentos para ello: el confinamiento me llevó a cerrar una librería, abrir otra, mudarme de casa, cerrar ciclos y abrir nuevas posibilidades. Soy una mujer de libros. Estudié diseño para aprender a diseñarlos porque desde chica me fascinan los libros bien diseñados, además tuve la suerte de nacer en una familia dedicada a la compraventa de libros, así que trabajar con ellos me resulta natural. Los he leído, escrito, corregido, diseñado, impreso, encuadernado, coleccionado, estudiado, comprado, vendido, revendido. Me encantan sus procesos y maravillas y todo mi trabajo profesional ha estado vinculado de un modo u otro con los libros y sus posibilidades. Pero antes que todo eso soy mamá: tengo dos hijas adolescentes que me fascinan, divierten y maravillan todos los días, además tengo tres perros (no sé cómo fue que me llené de perros) y una gatita. A todos les pongo mucha atención, cariño y cuidados.

¿Cómo llegaste a donde estás ahora, profesionalmente? 
Comencé a diseñar profesionalmente muy chica, a los 19 años. A los 21 inicié una revista dedicada a la bibliofilia, La Galera, fue mi primer proyecto independiente. La edición, diseño, impresión y distribución de esta revista me llevó a conocer a personas maravillosas del mundo del libro, bibliófilos como Guillermo Tovar de Teresa, Alí Chumacero, José Luis Martínez, Carlos Monsivaís, Ricardo Pérez Escamilla, Juan Pascoe. Trabajar con colegas diseñadores, periodistas, editores, artistas, ha sido mi gran escuela, de cada una y uno he aprendido diferentes modos de trabajar y abordar los textos e imágenes, páginas y libros. Después monté un despacho de diseño dedicado a la producción editorial, y en 2011 fundé un sello independiente y pequeño, Ediciones Acapulco. Nació con ideas innovadoras acerca del consumo y la publicación de libros que después se extendieron a otras prácticas de editoriales pequeñas, una especie de fórmula para la sustentabilidad que ahora veo aplicada y me da mucho gusto. El análisis de la economía de los proyectos independientes me parece fascinante: como el pulso interno de una persona provoca el nacimiento de una editorial, un espacio, un proyecto que va mucho más allá de un interés monetario, pero que no puede sobrevivir sin una economía sana. Con el fallecimiento de mi madre, tuve que encargarme de su librería A través del Espejo en la colonia Roma, y retomé de nuevo el oficio familiar, me convertí en librera. Después abrí La increíble librería, un proyecto para las editoriales y sellos independientes. Aunque tuve que vender esa librería, funcionó para conocer desde dentro a los pequeños negocios dedicados a los libros. Creo que mi vida profesional ha estado marcada por las circunstancias: con mi primer divorcio fundé Ediciones Acapulco, con la muerte de mi madre, me encontré librera de nuevo. Mi segundo divorcio me otorgó paz y tranquilidad, así que me puse a estudiar una maestría. Con la crisis provocada por la Covid-19, me vi obligada a cerrar una librería, iniciar algo nuevo, replantar mis proyectos librescos, y en esas ando.

¿Cuál fue/es la lección más importante que has aprendido hasta ahora?

Aunque parezca que no, me cuesta mucho trabajo tomar decisiones. Paso mucho tiempo en las volteretas del pensamiento cuestionándome si la que elegí fue la mejor opción. Tengo mucha imaginación, así que a veces me encuentro recreando el cómo sería mi vida de haber elegido otro camino, como cuando se escribe una novela. A veces mis recreaciones mentales me dicen que elegí mal, que debí de haber hecho otra cosa, sin embargo el dibujo de la vida, así como ha sido, me tiene aquí donde estoy ahora, y cuando miro hacia atrás, me doy cuenta de ha sido un camino intrincado, y sin embargo alegre y feliz. Es como subir montañas. Cuando he estado agotada, con hambre, sed y dolor, lo único que pienso es en el siguiente paso, sin mirar cuánto falta para llegar a la cima. Esa sensación de estar solamente en el ahora me ha ayudado mucho cuando los procesos se tornan duros. Cuando me doy cuenta, la cima ya se alcanzó, pero lo que sigue es la bajada, y también hay que tener mentalidad para ella. La sensación y recuerdo del recorrido es la que me impulsa a seguir buscando nuevas rutas, no siempre las más fáciles, pero sí las mas interesantes y hermosas. Creo que el aprendizaje está en que caminos hay muchos, pero el que tomamos, sea el mejor o no, es el que hemos elegido y eso siempre está bien.

¿Cuál es tu propósito profesional en este punto de tu vida? 

La contingencia me ha obligado a replantear mis proyectos. Las librerías funcionan como espacios de cohesión y encuentro. Al ser independientes y pequeñas, es difícil tener exactamente los libros que la gente busca, sin embargo lo que se encuentra en esos lugares puede ser mucho más interesante. A veces son libros que no sabías que existían, a veces son las personas y sus charlas. Con la imposibilidad de desarrollar el proyecto que había planeado, que tenía como eje importante la realización de talleres, lecturas, presentaciones, encuentros, he tenido que replantear toda la proyección. El aprendizaje de la investigación para el diseño, la aplicación de metodologías para el análisis, diseño e implementación, ha revolucionado mi forma de pensar y plantear los proyectos. Todavía estoy aprendiendo y me falta mucho, sin embargo creo que ahora mis proyectos deberán estar mucho más enfocados en la investigación. Me interesa el enfoque del pensamiento sistémico: cómo un pequeño movimiento puede afectar a todo el sistema y transformarlo. Me gusta mucho el papel de observadora. Me gustaría dedicarme más al trabajo intelectual y creativo, pero hay que pagar la renta el teléfono y la luz y las cosas de las hijas. Mi hija mayor entra este año a la universidad y la mayor parte del tiempo debo enfocarme en lo que me deja y no en lo que me gustaría hacer, la gran ventaja es que me fascina mi trabajo y aprendo todos los días.

Volteando un poco hacia atrás, ¿qué hubieras hecho diferente?
Cuando platico los problemas a los que me enfrento con personas inteligentes, ellas me comparten miles de ideas y soluciones interesantes, unas las tomo y otras las dejo pasar. Algunas me desesperan porque están, según yo, basadas en suposiciones y no en la experiencia o el conocimiento. Me han dicho varias veces que no me dejo ayudar. Me educaron para la independencia, y eso me ha hecho testaruda. Tal vez me habría dejado ayudar más, porque siempre tengo la sensación de estar jalando al burro cuesta arriba yo sola, y pues no vale la pena cuando se tiene a tanta gente brillante y querida al rededor queriendo apoyar para seguir jalando al burro. 

¿Cuál es la pregunta que más te hacen y que menos te gusta? ¿Qué te gustaría que te preguntaran más?
Creo que el mundo libresco despierta curiosidad, y no veo por qué no, la verdad es que es fascinante. A veces me encuentro respondiendo con las mismas anécdotas y chistes, como una grabadora. En ocasiones pido que lean las entrevistas que ya me han hecho para que no me hagan las preguntas de siempre y no repetirme, todas son sobre mi infancia y adolescencia de libros, el trabajo como editora, diseñadora y librera. Pero me gusta mucho la conversación y la charla, así que creo que ninguna pregunta me resulta molesta. Me interesan mucho los temas de la economía y el ecosistema editorial en México, sobre todo el independiente. Hablar del tema siempre aclara un poco mas las ideas que ya tengo, extiende el conocimiento y es un tema que no me cansa. Pero también su relación con el ser mujer en un ambiente –como todos– dominado por los hombres, lidiar el trabajo profesional con el doméstico y de cuidados, la relación de estira y afloja entre la profesión y la maternidad, y además intentar insertar en el medio de todo esto una relación de pareja, y trabajar para que esta sea equitativa, sin abusos y de crecimiento. Darte cuenta de que la relación con los hombres es complicada, tanto a nivel personal como laboral. Maldito patriarcado. Hace un año, en una mesa con mujeres editoras independientes, brillantes y veinte años menores que yo, les preguntaba cómo hacían para lidiar con el trabajo día a día con los hombres, su visión masculina del mundo y los horrorosos micro machismos laborales. Me respondieron que muy fácil: simplemente no trabajaban con ellos. Mis hijas me dicen que mi problema es que soy demasiado heterosexual. ¿Será?

¿Hay algún estigma en el área en el que te desarrollas qué te gustaría eliminar?
Creo que en el mundo de los libros hay demasiadas visiones románticas. Leer siempre es recomendable, como hacer ejercicio y comer sano. Es un hábito muy poco común y la mayoría mentimos al respecto. Esto limita los estudios sobre hábitos lectores. Para mí es un misterio: qué leemos, dónde, cómo y bajo qué circunstancias; cuáles son las motivaciones que tenemos al comprar libros, de qué viven las editoriales. Tal vez quitaría la visión romántica sobre el libro para poder entender sus mecanismos y generar mejores acciones para su comercio. Al final tenemos que vender libros para poder seguir haciéndolos.

¿Cómo cambió la pandemia tu trabajo? Con base en esto, ¿ves alguna tendencia para 2021?
La cambió por completo. Después del cierre obligatorio, mis ingresos se redujeron un 90 por ciento, tuve que cerrar permanentemente la librería que dejó mi madre y las rentas del departamento que tenía en airbnb se cancelaron. Mudé la librería a la que era mi casa en la colonia Condesa y mis hijas y yo nos regresamos a vivir al airbnb. Comencé a vender libros a través de las redes sociales, llevándolos casa por casa. Estoy ahora trabajando en un proyecto de librería virtual, pero sale casi tan caro como abrir otra librería y lo estoy ponderando. Mi plan inicial era abrir varias librerías pequeñas en lugares no gentrificados, pero la situación es tan incierta que no le veo tanto sentido. Mientras nos acostumbramos a esta nueva vida, he estado concentrando mis acciones en Antonia, la oficina del libro. Es un espacio con libros maravillosos y chilaquiles deliciosos. Creo que las librerías están en plena transformación. Se trata más de lugares para estar, de cohesión social, de sorpresa y serendipia. Y me encanta diseñar estos espacios. A ver qué dice el futuro. Por otra parte, los estudios del diseño me han acercado a nuevas metodologías para pensar, planear, innovar y prever. La investigación desde el enfoque del diseño me parece fundamental para la implantación de nuevos proyectos e incluso políticas públicas en beneficio del ecosistema del libro en México, sobre todo su sección independiente. 

¿Qué palabras/frases sabías recuerdas más de las mujeres en tu vida?
Las frases que recuerdo son más bien divertidas. Mi abuela materna, que era una mujer muy religiosa decía: “Los tontos, aunque buenos, por tontos, ni al cielo van”. Mi mamá, que fue atea la mayor parte de su vida, apelaba a la bondad con una frase recuerdo constantemente: “En el fondo, siempre sabemos lo que está bien y lo que está mal”. Ella fue una trabajadora incansable, es mi gran maestra y todos los días extraño sus charlas, consejos y apoyo. Mi abuela paterna fue una mujer muy cariñosa y generosa. Su casa, de cocina grande y deliciosa, estaba siempre abierta para quien llegara. Le encantaba rodearse de jóvenes y reír y departir con conocidos y desconocidos. De ella me quedo con esa actitud de felicidad hacia la vida. No recuerdo alguna frase recurrente, pero sí su manera de estar en el mundo: ligera, divertida y generosa.

Mis tías significan mucho para mí. Este año perdí a una de las más queridas. Solía hablar con ella por teléfono de vez en vez y me recordaba siempre que mi familia Hernández es grande en amor. Mi plan para este año, que no creo lograr por las circunstancias, era abrir muchas librerías pequeñas, todas con los nombres de mis tías, mujeres que después de las labores se sientan a charlar con toda su sabiduría. Espero todavía poder lograrlo.

¿Quién es tu heroína de la historia favorita? ¿Por qué?
Más que heroínas de acción, admiro a las intelectuales. Cuando me divorcié la primera vez, una amiga muy querida me prestó La belleza del marido de Anne Carson. Me sorprendió la lucidez, transparencia y belleza con la que describe una historia (o varias) que hemos vivido muchas, desde la perspectiva femenina. Cuando fui mamá, me sorprendió la poca literatura que existía sobre una experiencia tan impactante como convertirse en madre o arrojar un ser al mundo. Admiro y leo a autoras como Rebecca Solnit o Vivian Gornik, incluso Donna Haraway o Linn Margulis, pero creo que mi admiración más grande está ahora en las escritoras jóvenes mexicanas, como Isabel Zapata, Jazmina Barrera, Adelaide Ventura, Fernanda Melchor, Socorro Venegas, Alejandra Emeuvé, que están cambiando el canon y logrando que la literatura femenina se inserte en el espectro de las letras mexicanas, por fin. Y creo que aún más admiro a las escritoras mexicanas de la generación de mis abuelas: Elena Garro, Amparo Dávila, Julieta Campos, Nellie Campobello, Rosario Castellanos. Hace unos años descubrí entre la compra de una biblioteca el manuscrito de El hombre, de Adela Palacios, y al investigar sobre la obra, me sorprendió la censura y represión que recibió su obra y forma de vida, que escandalizaba sobre todo por estar casada con el filósofo Samuel Ramos. Sorprendente, pero real. Apegarse a los principios femeninos en un mundo machista es sin duda una gran hazaña.

¿Qué te motiva a seguir en un “día malo”?
Casi no pienso en eso, cuando no tengo ánimos o fuerzas, me digo:  “hay que hacer lo que hay que hacer cuando hay que hacerlo”, y a seguirle. Cuando menos lo pienso, ya llegué a mi cima cotidiana, y en ella, la perspectiva de un gran paisaje y buen aire para respirar: la belleza. Siempre tengo cuentas que pagar y mis hijas, por supuesto, son las que me obligan a centrarme en la acción, pero creo que siempre me maravillan el mundo, las personas y sus cosas. Me encanta la vida.

¿Qué es lo más importante, personalmente, que aprendiste en 2020?
En 2020 disfruté como nunca de mi casa, de las librerías, de mis espacios, y la familia, pero también del movimiento. Se incorporó a nuestras vidas el novio de mi hija mayor y entre los cuatro, los cinco, porque también participó activamente mi pareja actual, y las demás personas que trabajan conmigo, nos unimos en las mudanzas, el desmontaje de la librería, el montaje de la otra. El trabajo intenso nos hizo reír, enojarnos, descansar, aprender y disfrutarnos mucho. Leía a Donna Haraway y pensaba en ese organismo que hemos formado junto con nuestras cuatro mascotas, los microorganismos, los gadgets que nos conectan virtualmente y los espacios que habitamos. Compartí momentos de mucho aprendizaje con mis compañeras y compañeros de la maestría, un gran grupo.

Los primeros meses del año desarrollé una investigación sobre la movilidad independiente en la adolescencia y con mucha tristeza vi como las oportunidades de crecer y aprender mediante la independencia en el caminar, de por sí difícil por los obstáculos que enfrentan todos los días en la Ciudad de México, se vio frenado en seco por la contingencia. Mis hijas, que están en plena adolescencia, lograron construir un mundo social en el confinamiento, generaron espacios virtuales y físicos para compartir con sus compañeras y compañeros de la escuela, forjaron amistades profundas y grupos sólidos. Mirar sus espacios, escuchar sus conversaciones e intereses, reír de lo que les divierte y acompañarlas en lo que les angustia y entristece me conmueve y sorprende todos los días. Y al mismo tiempo, me llena de esperanzas sobre el futuro.

¿Qué le dirías a tu ‘yo’ del futuro?
Creo que lo mismo que me digo todos los días, que no se puede tener primavera todo el año, pero que las inclemencias finalizan para dar paso a la comodidad y tranquilidad. Aunque fantaseo, como casi todo el mundo, con una vejez en el bosque o en el mar, de lecturas y deleites, miro a mi padre, que ha sobrevivido a una enfermedad y solventado su vejez yendo a abrir su librería todos los días, tal y como lo hizo mi madre hasta que la alcanzó la muerte, y sé que en el futuro estará el trabajo intenso, como siempre. Que el secreto de la vida sigue siendo el mismo: trabajar, descansar, trabajar, descansar. Y en ambas acciones siempre hay aprendizaje impregnado de belleza.

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