Conoce al director de cine que ha enfocado su trabajo en las comunidades transgénero

Made in Bangkok narra el renacimiento de Morganna, una mujer mexicana trans que desde la lente de Flavio, abre las puertas a ojos expectantes sobre la lucha del sexo que le corresponde. Este y otros trabajos documentales, plataformas como festivales de cine y artículos periodísticos, nutren el que hacer de este director argentino que oscila entre la Ciudad de México y Los Ángeles.

1. En una entrevista me llamó la atención que dijiste: “Tenemos derecho a ser diferentes y tener las mismas oportunidades”. Para ti, ¿cómo se expresa esta diferencia y de qué forma se reconcilia con su visibilización y derechos humanos? 

Ser diferentes es un riesgo, es difícil, es agotador, es frustrante; te aleja de la gente y, en mi caso, te deja soltero (ríe). Ser diferente es también ser solitario. Pero no podría traicionar nunca esa distinción que hay en mí. En mi caso, se expresa a través de mi arte visual y oral; siempre he dicho que yo, más que un cineasta, soy un contador de historias, y que la cámara es mi instrumento. Uso esa diferencia para generar debates, para reflexionar sobre lo que creemos ‘natural’ o ‘normal’ (esas palabras tan mal usadas).

2. Tu trabajo se ha enfocado, principalmente, en las comunidades transgénero… ¿Desde dónde nació este interés y cuáles fueron tus primeros retos al adentrarte en ellas? 

El primer reto en mis temas trans fue el hecho de que yo no fuera trans. ¡¿Cómo te atreves?! Esa creencia tan ignorante —también de muchas activistas trans— de que uno sólo debe hablar de lo que es, me parece algo absurdo desde el punto de vista artístico e intelectual. Además, me han acusado de propagar una visión masculina, blanca y burguesa en un documen- tal; incluso se me acusó de que mi objetivo era robarme a los niños de la entre- vistada. ¡Imagínate! Pero he demostrado que puedo contar historias de gente distinta a mí porque allí reside la habilidad de un narrador, ser empático con la persona de la cual vas a exponer una parte de su vida y lograr trascender para que sea recordada. Mi película, Made in Bangkok, podrá tener miles de errores, desde artísticos hasta técnicos, pero la historia es memorable y eso es lo que quiero que quede de mi arte.

3.¿Qué valores y recursos piensas que se deban fomentar para celebrar la diversidad de una forma más humana y cercana? 

Que gocemos de los mismos derechos y las mismas libertades. Y no creo que nuestro trabajo sea acercar- nos a nadie, ya hemos hecho suficiente.

4. La experiencia más inspiradora en tu carrera ha sido… 

Haber trabajado un par de años en la isla de Zanzíbar en un festival de cine. Siendo gay, en una isla musulmana, la vida diaria era todo un reto. ¡Allí fui compañero de piso de la actriz Lupita N’yongo! De ese lugar era Freddy Mercury también. Esos años me inspiraron para hacer festivales de cine, como el de cine africano y, poste- riomente, el de derechos humanos de Cinépolis. Recuerdo aquellos años como los más felices hasta ahora.

5. ¿Qué consejo o lección podrías compartir a partir de este momento histórico de crisis mundial? 

Que no estemos esperando volver a la ‘normalidad’… Esa normalidad no era normal. Vivimos en un mundo injusto, cruel, despiadado y arrasador de recursos tantos humanos, como naturales. Tenemos que replantearnos quiénes deseamos ser; estamos ante un nuevo paradigma. Hay un mensaje claro: o cambiamos o nos destruimos.

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