El lugar ideal para reencontrarte y relajarte está en Mayakoba
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El lugar ideal para reencontrarte y relajarte está en Mayakoba

Rosewood Mayakoba tiene esa capacidad —cada vez más rara— de hacerte sentir lejos de todo desde el primer instante. Y ahora me tocó viajar para probar su nuevo programa Akbal, que definitivamente te recomiendo si estás buscando escapar del caos, relajarte, y sobre todo reencontrarte contigo mismo.

Apenas llegué, rodeada de manglares, lagunas y senderos, entendí que aquí el lujo no se trata solo de la estética impecable o del servicio extraordinario, sino de algo mucho más profundo: la sensación de bienestar absoluto. Durante mi estancia descubrí que cada experiencia está pensada para desacelerar, respirar distinto y reconectar. Todo sucede de forma orgánica, casi silenciosa, como si el entorno te llevara a bajar el ritmo y entrar en un estado de calma difícil de encontrar en la rutina diaria.

Uno de los grandes protagonistas de esta experiencia es Sense, A Rosewood Spa. Escondido entre vegetación, lagunas y cenotes, crea un ambiente que se siente completamente aislado. Desde que crucé la entrada, hubo algo profundamente relajante en el sonido del agua, el aroma de los aceites esenciales y la energía serena del lugar.

El espacio cuenta con cabinas privadas, circuitos de hidroterapia, vapor, saunas, duchas de presión y hasta un temazcal que convierte cualquier tratamiento en una experiencia mucho más inmersiva. Pero lo que realmente hace especial a Sense es su enfoque holístico. Aquí no vienes únicamente por un masaje; vienes a reconectar mente, cuerpo y emociones.

Actividades que puedes hacer en Sense Spa

1. Tuve la oportunidad de tomar el masaje de pareja, y vale mencionar que desde que llegamos a la recepción del spa, todo invitaba a desconectarnos por completo del exterior. El tratamiento fue completamente personalizado; los terapeutas se tomaron el tiempo de entender qué necesitaba cada quién y adaptaron tanto la presión como los aceites esenciales para crear una experiencia mucho más sensorial y profunda.

Los 90 minutos pasaron casi en estado meditativo. Entre aromas herbales, música suave y la sensación constante de calma que envuelve al spa, terminé completamente relajada, como si el cuerpo literalmente hubiera soltado toda la tensión acumulada. Después del masaje, aprovechamos para quedarnos unos minutos más disfrutando las áreas de relajación rodeadas de naturaleza.

2. Otra experiencia que te recomiendo probar es la clase personalizada de Floating Yoga. Admito y acepto que no soy fan del yoga, pero definitivamente fue una de las experiencias más especiales, que todavía recuerdo como un momento de absoluta conexión conmigo misma. Practicar yoga sobre una tabla flotante cambia por completo la forma en la que te relacionas con cada movimiento: nada es completamente estable, y justo ahí está la magia, y sí, acepto que me caí una vez.

Al principio me enfoqué en encontrar el equilibrio, ajustando mi respiración y mi postura con mucha más conciencia de lo habitual. Poco a poco, el cuerpo empezó a adaptarse al movimiento de la tabla con el agua, y lo que al inicio parecía un reto se transformó en algo profundamente introspectivo. Lo que más me gustó fue esa sensación de desconexión total del ruido externo. No había prisa, no había distracciones, solo el cuerpo moviéndose en armonía con el agua y la respiración guiando todo.

Terminé con una sensación muy clara de ligereza, como si el cuerpo y la mente hubieran encontrado un punto de equilibrio distinto, más suave y más consciente. Floating Yoga pasó de ser una clase a una forma completamente distinta de habitar el momento presente.

3. La Meditación de Copal y Cacao. Es algo que realmente tienes que vivir para entender lo que sentí… una experiencia única. La viví como un momento de pausa profunda, en una plataforma de madera suspendida sobre el cenote, donde el silencio parecía tener peso propio. Desde el inicio, el ritual me llevó a establecer una intención personal, pero no desde la mente, sino desde algo más intuitivo. El copal marcó la apertura del espacio y la lluvia que caía lentamente, hizo toda la experiencia aún más especial.

Luego vino el cacao y la oración con semillas, un gesto sencillo pero muy simbólico. Sostenerlas mientras se compartían las intenciones hizo que el momento se sintiera más íntimo, como si cada pensamiento tuviera un anclaje físico en la semilla. El viaje sonoro ancestral fue el punto en el que todo se desdibujó un poco: la lluvia paró y las ondas de la voz, los ritmos y las vibraciones no se escuchaban solo con los oídos; se sentían en el pecho, en la piel, en la respiración. Era como si el sonido fuera limpiando tensiones que no sabía que llevaba encima. La quietud del cenote debajo de la plataforma sostenía todo el ritual. No había urgencia, solo presencia. En ese espacio suspendido, entre agua, sonido y aroma, la experiencia se volvió introspectiva, casi meditativa en su forma más pura.

Salí de ahí con la sensación de haber atravesado un viaje interno breve pero muy claro, donde el sonido y la intención se volvieron una misma cosa.

4. Akbal Series es uno de los nuevos programas que me encantó conocer. Se trata de una propuesta nocturna de bienestar inspirada en la palabra maya “Akbal”, que significa noche. Lejos de la típica vida nocturna, aquí las noches están diseñadas para descansar de verdad. Imagina hacer breathwork bajo las estrellas, terminar el día con sound healing o participar en rituales restaurativos rodeada por la tranquilidad de la selva.

Todo comenzó en el punto de encuentro: Sense, el spa, donde la transición hacia la noche ya se sentía en el ambiente: luz tenue, silencio y una sensación de preparación interna más que física. Desde ahí, me guiaron hacia la terraza del cenote para el primer ritual: un baño de hielo (y el primero que he hecho). El impacto inicial fue intenso, casi brutal, pero en pocos segundos el cuerpo dejó de resistirse y entré en un estado de presencia total, como si la mente por fin se apagara.

Después, pasé a una inmersión silenciosa en la alberca del spa. El contraste fue inmediato: del frío extremo a una flotación cálida y tranquila, sin palabras, sin interrupciones, solo respiración y agua. Ahí entendí la intención de la experiencia: no se trata de hacer, sino de soltar. El cierre fue un masaje vibracional bajo las estrellas. Con el cielo abierto sobre mí, las vibraciones del masaje parecían sincronizarse con la noche misma. No había prisa ni estímulo excesivo, solo una sensación profunda de descanso que se fue instalando lentamente.

Salí con la impresión de haber atravesado un pequeño ritual de noche: algo entre lo ancestral y lo sensorial, donde el cuerpo y la mente se alinean sin esfuerzo.

Pero hablemos de sus Wellness Suites. Estas suites fueron diseñadas específicamente para profundizar la experiencia de bienestar y cada elemento está pensado para ayudarte a descansar mejor. Desde cápsulas de aromaterapia en la ducha y aceites esenciales hasta espacios privados de meditación y wellness butlers que personalizan tu estancia según lo que necesites emocional y físicamente. Es el tipo de habitación de la que no quieres salir.

La gastronomía en Rosewood Mayakoba también da mucho de qué hablar. Punta Bonita, es un must, el restaurante frente al mar recientemente renovado, en el que honestamente podría haberme quedado toda la tarde. Hay algo especial en comer con esa vista panorámica del Caribe y la brisa constante entrando desde la terraza. El ambiente logra sentirse sofisticado pero relajado al mismo tiempo, muy en sintonía con el espíritu del hotel. La experiencia culinaria fue impecable: ingredientes frescos, sabores ligeros y perfectamente equilibrados, mi favorito fue la pasta con langosta.

El que no puedes dejar pasar, es Chef’s Garden Dinner en La Ceiba Garden & Kitchen. Cenamos al aire libre, rodeados de vegetación tropical y bajo un cielo espectacularmente despejado. Fue una de esas cenas que se sienten íntimas y especiales desde el primer momento y que siempre vas a recordar.

El menú va cambiando dependiendo de la temporada pero está preparado con ingredientes frescos del huerto y productos locales, celebrando los sabores mexicanos de una forma contemporánea y muy cuidada. Cada platillo tiene una historia detrás y una conexión evidente con la región. Pero más allá de la gastronomía, lo que realmente hizo inolvidable la velada fue el entorno.

Claro que también hay espacio para solo descansar y no hacer absolutamente nada. Entre las distintas piscinas rodeadas de jungla, los espacios frente al mar y clubes de playa como Aquí Me Quedo, encontré momentos para leer, dormir bajo el sol y desconectarme por completo del celular, algo que rara vez consigo hacer. También paseamos en bici por todo el complejo y sin duda es algo que también te recomiendo hacer.

Rosewood Mayakoba no solo es un destino espectacular en la Riviera Maya; es un lugar que realmente transforma la manera en la que descansas. Más allá del lujo evidente, lo que permanece después del viaje es esa sensación de ligereza y claridad que pocas experiencias logran dejar contigo. Si estás buscando un momento de calma para reencontrarte contigo este puede ser un plan ideal.

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