Después de más de 10 años viviendo en México, una mudanza me obligó a empezar de cero algo que yo daba por hecho: mi rutina. No sabía cuánto iba a extrañar sentir que tenía mi vida resuelta hasta que dejé de tenerla. Soy argentina y hace más de una década decidí que México sería mi hogar. Aquí construí mi vida, mi trabajo, mis amistades y, sobre todo, mis rutinas. Durante años viví en la misma zona. Hasta que hace un año y medio me mudé con mi novio a otra zona de la ciudad. Y ahí empezó mi pequeño caos.
Entendí que mudarte no es solamente empacar tus cosas y llevarlas a otra casa. También significa despedirte de esas pequeñas certezas que construyes durante años: el café que te queda de paso, el súper al que siempre vas, tu restaurante de confianza o esa clase de ejercicio que ya es parte de tu vida. Soy una persona MUY rutinaria. Me encanta levantarme temprano, hacer ejercicio y después empezar mi día de trabajo. Esa primera hora es muy importante para mí: me ayuda a despertar, despejarme y arrancar con otra energía. Mi día cambia por completo cuando puedo empezar así.
También tengo que admitir algo: soy bastante exigente con los estudios de ejercicio y los coaches. No me da lo mismo quién dé la clase. Me fijo en cómo la da, en su energía, en si explica, en la música, entre otras cosas. Porque para mí hacer ejercicio nunca ha sido solamente ir, sudar y tacharlo de la lista. Quiero disfrutarlo. Quiero salir sintiéndome mejor de como entré. Quiero que esa hora sea realmente para mí. Y encontrar eso nuevamente me costó muchísimo.
Durante un tiempo dejé de hacer ejercicio como antes y aunque al principio pensé que no era para tanto, poco a poco empecé a notar que también estaba cambiando mi humor. Ahí entendí algo que quizás a muchas nos pasa: cuando desaparece una parte de tu rutina que te hace bien, no solo cambia tu agenda. También puede cambiar cómo te sientes contigo misma.
Para mí, hacer ejercicio nunca ha sido únicamente una cuestión física, va mucho más allá. Es mi momento del día. Mi hora para mí. Es el momento en el que puedo desconectarme del trabajo, del teléfono, de los pendientes y de todo lo que tengo que resolver después. Durante esa hora solamente estoy ahí. Y, además, disfruto estarlo. Por eso, cuando dejé de tener esa rutina, sentí que me faltaba algo. Y me di cuenta de que no estaba buscando solamente un nuevo estudio. Estaba buscando volver a sentir esa sensación de: “este es mi lugar”.

Creo que eso pasa mucho cuando atravesamos un cambio. Pensamos que adaptarnos significa simplemente acostumbrarnos, pero en realidad también significa volver a construir. Volver a encontrar tus lugares. Volver a descubrir qué te gusta. Hacer nuevos amigos. Crear nuevos rituales. Encontrar esas pequeñas cosas que hacen que una ciudad empiece a sentirse tuya. Y eso no sucede de un día para otro. A mí me tomó un año y medio.
Hoy puedo decir que finalmente encontré mi rutina otra vez. Descubrí nuevos estudios, nuevos coaches y nuevos lugares que ya forman parte de mi día a día. Ya sé dónde me gusta entrenar, qué clases disfruto, con quién me gusta tomarlas y qué pequeños rituales hacen que mis días funcionen. Pero lo más importante es que hoy puedo decir algo que hace un año y medio no estaba segura de poder decir: soy feliz donde vivo. Porque hacer hogar no significa solamente tener una casa a la que regresar. También significa construir una vida que disfrutes vivir.
A veces son cosas tan simples como saber dónde comprar tu café, tener una clase favorita a primera hora, encontrar a un coach que te motive, descubrir un restaurante al que quieres volver o encontrar ese súper que, sin darte cuenta, se convierte en tu nuevo favorito. Son pequeñas cosas, pero juntas hacen hogar. Después de más de 10 años en México, pensé que ya sabía perfectamente lo que significaba sentirme en casa. Hoy entiendo que también puedes volver a sentirlo en un lugar nuevo. Solo necesitas darte tiempo. Y quizás aceptar que, a veces, para volver a encontrarte, primero tienes que permitirte perder un poquito la rutina.
Si estás pasando por ese momento en el que no terminas de encontrarte, en el que sientes que tu vida está un poco desordenada o no sabes cómo volver a tu rutina, créeme: en algún momento todo vuelve a acomodarse.
Quizás no exactamente como antes. Pero, a veces, incluso mejor.
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