¿Alguna vez te has preguntado por qué encontramos tan atractivo lo impermanente? Tal vez sea porque, cuando sabemos que algo que tiene una fecha de caducidad, aprendemos a mirarlo de otra manera. Nos hacemos más conscientes de su presencia, prestamos atención a los detalles y casi sin darnos cuenta, nos esforzamos por disfrutarlo un poco más.
¿Por qué dejamos el último bocado de nuestro pastel favorito para disfrutarlo con más calma? ¿Por qué en el último día de un viaje, a veces dejamos de sacar fotos y simplemente nos dedicamos a vivir el momento? ¿O por qué hacemos una pausa antes de terminar ese libro del que no hemos podido despegarnos en todo el fin de semana? Tal vez sea porque cuando sabemos que algo está por terminar, queremos guardar un pedacito en nuestra memoria. Como si detenernos unos segundos más pudiera parar el tiempo, o aunque sea hacer que corra un poquito más lento.
Hace poco me apareció en mi feed un video del programa de Drew Barrymore en el que le preguntaban a un florista cómo hacer para que las flores duraran más. Su respuesta me pareció increíble y logró resumir esta idea que llevaba varios días rondando por mi cabeza. Él dijo: “Las flores no se supone que deben durar, su trabajo es ayudarnos a mantenernos en el presente. Ellas crecen, florecen y luego desaparecen. Tienes que mantenerte en el presente, parar y estar en el momento, de otra manera vas a parpadear y se habrán ido sin nisiquiera haberte dado cuenta”.


Me quedé pensando en lo mucho que hay atrás de esa idea, sobre todo como alguien que ama las flores y es que es verdad que no necesitan durar para cumplir su propósito. ¿Por qué cuando alguien nos regala flores sonreímos de inmediato o por qué tener flores frescas en tu casa te hace sentir mejor? Y es que no es necesario que se queden intactas para siempre, sino de lo que nos hacen sentir mientras están aquí. Nos obligan a detenernos y a recordar que hay cosas que no están hechas para quedarse, sino para ser amadas mientras existen. Y lo curioso es que con la vida pasa exactamente lo mismo.
A veces vivimos como si todo tuviera que durar para tener valor. Nos aferramos a las personas, a las etapas, a los lugares y a las versiones de nosotros mismos que nos hacen felices, olvidando que una parte de su magia está precisamente en que no son permanentes. Queremos que los viajes no terminen, que las sobremesas se alarguen, que todo lo que hacemos se quede para siempre documentado en nuestro Instagram, que nuestros momentos favoritos se repitan y que las personas que amamos estén siempre cerca. Pero el tiempo no funciona así, por mucho que intentemos detenerlo sigue avanzando.
Seguramente has escuchado el dicho que dice que la buena noticia es que nada es para siempre y la mala noticia es exactamente la misma: nada es para siempre. Y es una de las ideas más liberadoras que existen (y ahora que lo pongo en palabras probablemente sea mi nuevo mantra). Las etapas cambian, las personas toman caminos distintos y, en algún momento lo que hoy es parte de nuestro día a día se convierte en un recuerdo.

¿Cuántas veces estamos tan ocupados pensando en lo que sigue que nos olvidamos de disfrutar lo que está pasando? Esperamos al viernes mientras el lunes pasa volando, planeamos las próximas vacaciones sin prestar atención a los días que estamos viviendo y guardamos algunas cosas para un momento que imaginamos más especial, como si la vida fuera a avisarnos cuándo es el momento perfecto para disfrutarlas.
Así que disfruta ese pastel, ponte ese vestido que llevas guardando meses para una ocasión especial, compra ese vuelo al lugar que llevas años queriendo conocer y abraza un poquito más fuerte a las personas que quieres. No porque mañana todo vaya a desaparecer, sino porque hoy está aquí.
Al final de eso se trata la vida: de disfrutar las flores sin pedirles que no se marchiten, de entender que los momentos más bonitos no necesitan durar eternamente para sentir que son especiales y de recordar que por mucho que nos cuesta aceptarlo no podemos detener el tiempo y si no nos enfocamos en disfrutar cada minuto, puede ser que al igual que co las flores, un día nos demos cuenta que se nos fue en un abrir y cerrar de ojos
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