Proteger nuestra paz nos está haciendo malas amigas
Estilo de vida

Proteger nuestra paz nos está haciendo malas amigas

De unos años para acá, frases como “proteger tu paz”, “no le debes nada a nadie” o “ponte a ti primero”, entre otros discursos tipo therapy speech, han ido moldeando un entorno donde decir que “no” siempre está bien, donde cancelar planes o quedarte en casa cuando tienes un compromiso se justifica como “protección”, y donde empezamos a convencernos de que no le debemos nada a nuestras amistades.

Aunque el movimiento empezó con buenas intenciones, dirigido a people pleasers y a quienes estaban en dinámicas tóxicas, siento que ya estamos cruzando a un territorio peligroso. Uno en el que dejamos de cuidar y sostener nuestras amistades, nos ponemos por encima de todo y, sí, haciendo esto me di cuenta de que me había convertido en el tipo de amiga que no quería ser.

proteger tu paz amistades

Porque proteger tu paz no siempre es una opción

Cuando intento trazar dónde empezó todo este movimiento, inevitablemente regreso a la pandemia. En 2020 nos volvimos mucho más selectivas con nuestra energía social. Un discurso impulsado por la conversación sobre salud mental, terapia y límites. Durante ese tiempo, tenía sentido. Construimos una especie de burbuja que se volvió en un espacio sagrado, al que pocas personas podían entrar. Y sí, cuando el mundo estaba en crisis, cuando había miedo real, aislamiento y pérdida, protegerte no solo era válido, era necesario.

Pero han pasado seis años. Y, sin darnos cuenta, seguimos actuando como si cualquier inconveniencia fuera una amenaza. Como si ver a una amiga cuando no es conveniente fuera poner en riesgo nuestro bienestar.

Y aquí es donde creo que se nos está yendo de las manos. Porque sí, el movimiento trajo cosas positivas. Nos enseñó a poner límites, a escuchar nuestra intuición, a decir que no sin culpa. Pero también parece haber borrado algo igual de importante: que las relaciones requieren esfuerzo, presencia y, muchas veces, incomodidad.

A veces significa ir a esa fiesta a la que no tienes ganas de ir porque tu amiga no quiere llegar sola. Acompañarla en momentos en los que tú estás triste o sin batería social. Escuchar cosas que no necesariamente quieres oír. Estar, incluso cuando no es lo más fácil ni lo más cómodo.

Porque entonces, ¿cómo sabemos lo que es estar bien si nunca nos permitimos sentir lo contrario? Y más importante, ¿no vale la pena incomodarnos un poco si eso significa ser una buena amiga para alguien más?

Si a alguien le debes algo, es a tus amigas

No te voy a decir que lo leí porque, obvio, lo vi en TikTok, pero había un video que decía: To have a village, you must be a villager.” Y ahí me hizo clic.

Esta idea de que “no le debes nada a nadie” nos ha llevado a creer que para mantener amistades basta con hacer el mínimo esfuerzo. Queremos la recompensa de tener comunidad, pero sin salir de nuestra zona de confort.

Existen muchos escenarios en los que no le debes nada a nadie, donde ponerte a ti primero es lo correcto. Pero si hay alguien a quien le debes algo son tus amigas. Les debes amor, presencia y, sobre todo, reciprocidad. Les debes estar.

Estar cuando te invitan a ese plan que no te emociona tanto. Estar cuando necesitan compañía después de un mal día. Estar en su cumpleaños, aunque estés cansada. Porque la verdad es esta: sí les debes. Y ellas también a ti. Son tu red, tu “village”. Y tener comunidad implica hacer la parte difícil.

En este tiempo en el que ponemos nuestra comodidad, nuestra paz y nuestro bienestar por encima de todo (con toda razón), si hay un momento en el que vale la pena salir de ti misma, que sea por tus amigas.

límites en la amistad

Protege tus amistades

Yo misma he caído en ese mindset. Al principio lo hice para sanar, pero con el tiempo se volvió demasiado cómodo. Empecé a cancelar planes a último minuto solo porque “no estaba en el mood”, a poner mis cosas por encima de mis amigas… incluso de mi familia. Y creo que lo más valioso ha sido aprender a discernir cuándo sí tienes que ponerte a ti primero.

Porque claro, hay muchísimas situaciones de las que me he salvado por saber tomar decisiones y decir que no —aunque sea a tu mejor amiga. Pero también me di cuenta de algo incómodo: en protegerme tanto a mí, dejé de proteger mis amistades. Y si quieres voltear y ver que tus amigas tienen tu espalda, tú también tienes que tener la de ellas.

La vida se pone más difícil conforme crecemos. Vamos a necesitar a nuestras amigas, y ellas a nosotras. Así que protege a tus amigas tanto como proteges tu paz.

Explora más en: Instyle.mx