Me acuerdo de ir al salón de belleza con mi mamá de chiquita y ver a las señoras con tubos en el pelo, uñas recién hechas y una revista cuidadosamente doblada sobre sus piernas. En la portada, una mujer igual de impecable que ellas me sonreía de regreso. Mientras tanto, yo que apenas y me dejaban usar un esmalte transparente de Winnie Pooh, soñaba con el día en que también podría sentarme ahí, hojear esas páginas y ser una “niña grande”.

La vida da mil vueleta y en lugar de convertirme en una de esas mujeres, terminé escribiendo para ellas. Y sí, trabajar en InStyle me abrió las puertas al mundo editorial que tanto idealicé de niña. Pero también me permitió ver de cerca su transformación.
Hoy la información viaja más rápido que nunca. Preferimos un video de cinco segundos reciclado que nos explique “todo” antes que detenernos a leer una historia completa. Consumimos más contenido que nunca, pero no necesariamente más información. And i could’t help but wonder: ¿en qué momento dejamos de leer print? ¿Y qué perdimos en el camino?

Reading print is classy
Juro que esta opinión es completamente imparcial. Pero de verdad creo que no hay nada más elegante que leer una revista. Y no solo por cómo se ve, sino por lo que te deja.
No es por nada que la moda siga regresando una y otra vez a los 90 y los 2000, o que el estilo de Carolyn Bessette-Kennedy y Carrie Bradshaw siga siendo el punto de referencia de toda nuestra generación. Ese gusto, esa cultura visual que hoy nos da tanta nostalgia, nació en páginas editadas por personas que entendían la moda, investigaban, seleccionaban y traducían ese universo en algo aspiracional.
Hoy, en cambio, gran parte de lo que consumimos está decidido por algoritmos. Y un algoritmo no tiene criterio editorial. No sabe qué imagen marcará una generación o qué diseñador vale la pena descubrir. Solo sabe qué hará que pases diez segundos más en la app. Cambiamos el juicio de un editor por el de una máquina.
Y por eso nuestros íconos siguen siendo de años atrás. Jane Birkin construyó gran parte de su estilo inspirándose en revistas vintage. Joan Didion empezó escribiendo para Vogue antes de convertirse en una de las voces más importantes de la literatura. Quizá la Joan Didion de nuestra generación ya está escribiendo hoy, pero no la estás leyendo.
Reading print is classy. No solo porque te hace ver sofisticada, sino porque detrás de esas páginas encontrarás todo lo que buscarías en Pinterest, Instagram y TikTok, por 60 pesos.
Carrie Bradshaw nunca haría doomscrolling
Me rehúso a pensar que la Gen Z va a ser la generación que mate a las revistas. Porque, después de haber crecido con la tecnología, creo que también somos la generación más harta de ella. Cada día vemos cómo una tendencia analógica vuelve a conquistar a nuestra generación.
Personas que salen de fiesta con una cámara de rollo para revelar las fotos semanas después. Amigos míos que vendieron su iPhone y hoy solo usan un Nokia para comunicarse. Gente borrando Instagram y TikTok porque ya no soporta la adicción al doomscrolling. Hasta las personas dejando el vape para volver a los cigarros. Y quizá la prueba más clara de todo esto es que Substack se haya convertido en la app de moda.
Una app diseñada únicamente para leer. Artículos, ensayos, newsletters. Que la gente de mi edad esté pasando horas en Substack me hace pensar que solo falta un pequeño paso más: levantar una revista y empezar a leer.
Y siento que ese momento está llegando. Aunque The Devil Wears Prada 2 no me encantó, hubo un mensaje que sí se me quedó grabado: en una era dominada por la inteligencia artificial, lo único que no podemos perder es el periodismo. El periodismo hecho por personas, para personas.
Somos la generación que creció con una era de rom-coms protagonizadas por periodistas: Jenna Rink, Andie Anderson, Andy Sachs y Carrie Bradshaw. Ahora nos toca a nosotros asegurarnos de que ese mundo no desaparezca.

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