¿Sabías que Yohji Yamamoto mide milimétricamente la distancia entre la tela y la piel? Olvídate de la ropa perfecta; el niño que sobrevivió a la guerra, a la bancarrota, mandó al diablo la simetría y logró que el negro fuera el escudo definitivo… sí, cambió la moda.
Yohji nació en el Tokio de la guerra. Su padre no regresó del frente y su madre, Fumi, montó una sastrería para no morir de hambre. Lo que realmente lo separa de titanes de la moda es su rechazo frontal a la simetría y al “sex appeal” conocido. Yamamoto diseña para la comodidad y la protección. Mientras otros diseñadores se caracterizaban por ajustar las telas a las curvas, él creaba volumen donde el cuerpo puede esconderse o expandirse, logrando un perfecto oversized.
De abogado a diseñador
Se graduó como abogado en la Universidad de Keio, pero nunca ejerció al darse cuenta de que prefería tener las manos llenas de hilos que de expedientes. Para 1969, entró a Bunka Fashion College y ganó el premio Soen, lo que le dio un boleto de avión a París que le cambió la vida (aunque en ese primer viaje nadie le hizo caso). Su genialidad está en la sastrería inversa: Yohji empieza diseñando la espalda de la prenda porque dice que es la parte más honesta de una persona, lo que no se puede fingir.
En 1972 funda su propia compañía: Y’s. Su primera misión fue crear ropa de hombre para mujeres. “Quería proteger el cuerpo de la mujer de los ojos de los hombres o del viento frío”.
En 1977 presentó su primera colección ready to wear en Tokio. Aquí introduce el Concepto del Ma: el término japonés para el “espacio intermedio”. En su ropa, el lujo no es la tela, sino el aire que circula entre tu piel y el tejido, una filosofía que explica la libertad del movimiento.
Junto a Rei Kawakubo, presentó una colección en el Cour Carrée del Louvre. Mientras el mundo aplaudía el exceso de hombreras y colores neón de los 80, Yohji mandó modelos con la cara blanca, ropa negra, asimétrica y con agujeros. Tanto el New York Times como Le Figaro se shockearon ante lo que llamaron el “Look de Hiroshima”. La crítica fue tan brutal que llamaron a la colección “el fin de la moda”.
El negro como protección
En esta etapa se obsesiona con el corte, el patronaje en 3D y el color negro, porque para él este tono “protege al individuo de miradas ajenas y permite ver la sombra”. Lanza Yohji Yamamoto Pour Homme: hombres que parecen poetas o vagabundos sofisticados, con sacos de tres botones que caen de forma perfecta. “Para mí, el negro no es por luto. Es el color que te protege directo de las miradas de los demás”.
También es el genio que inventó los tenis de lujo. Porque si hoy ves colaboraciones entre marcas deportivas y de lujo es porque Yohji abrió la puerta. En 2002 nace Y-3 con Adidas, una jugada maestra de negocios. Él sentía que la alta costura se estaba alejando de la calle de manera irremediable. Con Y-3, llevó su compleja estética a un público masivo, uniendo el deporte con el diseño de vanguardia y transformando los looks urbanos para siempre.
En 2009 su empresa se declara en bancarrota con una deuda de 65 millones de dólares. ¿La razón? Gastaba demasiado en telas de calidad y en mantener tiendas que parecían galerías de arte.
Afortunadamente un fondo de inversión (Integral Corp) lo rescató, permitiéndole seguir como director creativo de la firma. Él no se interesaba en los números, el gran maestro japonés de la deconstrucción solo quería seguir cortando tela en su taller. Sigue presentando colecciones en París. Sus piezas de los 90 se subastan por precios superiores a su valor original en el mercado de lujo.
A sus más de 80 años y mientras otros directores creativos cambian de marca cada cierto tiempo, él ha permanecido en su trinchera durante más de cinco décadas, logrando que el mundo entienda que la moda va más allá de lo perfecto.
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