Cuando supe que iba a viajar a New Orleans, lo primero que pensé (si soy honesta) fue en jazz, bares y mucha fiesta. La tenía un poco en la categoría de ciudades a las que vas por el ambiente, no necesariamente por todo lo demás. Pero bastaron unas horas caminando por sus calles para darme cuenta de lo especial y única que es.
Hay ciudades que visitas… y hay ciudades que sientes. New Orleans definitivamente es de las segundas. Desde el primer minuto te envuelve. Sí, claro, está la música que sale de cada esquina y la energía vibrante por la que es famosa, pero también hay historia en cada edificio, arquitectura que parece sacada de otra época, balcones llenos de flores, arte por todas partes y una comida que no se parece en nada a lo típico que imaginas cuando piensas en Estados Unidos.
Poco a poco entiendes que New Orleans no es un destino solo para salir de fiesta: es una ciudad con historia, creatividad y una personalidad increíble que vas descubriendo mientras la recorres.
Los musts de la ciudad
Una gran forma de empezar es subirte al Hop-On Hop-Off bus, para tener una vista general de la ciudad y ubicar las zonas clave. Después de eso, lo mejor es perderte caminando. New Orleans es una ciudad que se disfruta sin prisa y donde muchas veces lo mejor del viaje aparece cuando simplemente caminas sin ningún plan.
La parada obligada es Jackson Square, la plaza central de la ciudad y donde está la St. Louis Cathedral. Un lugar donde la arquitectura, el arte callejero y el jazz se mezclan de una forma muy especial.


Muy cerca encontrarás galerías de arte locales, que vale mucho la pena visitar, y justo enfrente está el ya clásico Café du Monde, donde puedes empezar el día con un café con chicory (la raíz tostada que le da ese sabor tan característico) y sus famosos (y delis) beignets. Si te gustan los museos, el National WWII Museum es muy recomendable. No importa si no eres fan de los museos de guerra: la forma en la que está curado lo vuelve una experiencia inmersiva impresionante.


Magazine Street: thrifting, cafés y arquitectura
Para un plan más relajado, y si amas comprar vintage, caminar por Magazine Street es perfecto.
Está lleno de boutiques independientes, tiendas vintage buenísimas para thrifting, galerías y cafés bonitos. Es el tipo de lugar donde puedes pasar horas sin darte cuenta, rodeada de las típicas casitas coloridas de Louisiana, literal te sientes en el set de una película tipo “The Curious Case of Benjamin Button.”
French Quarter: música, y bar hopping
Por la tarde el French Quarter es un must. Arquitectura colonial, balcones de hierro forjado llenos de flores, músicos tocando jazz por todas las calles y bares donde siempre parece ser la hora perfecta para un drink. Aquí el plan es bar hopping: ir entrando a distintos bares para conocer y probar un poco de todo.
Cada lugar tiene cócteles diferentes y ambientes completamente distintos. Hay desde bares con temáticas fun como Boot Scootin, donde incluso tienen un torito mecánico, hasta The Dungeon, un speakeasy de vampiros donde esta prohibido tomar fotos y que tiene ese vibe místico que caracteriza tanto a la ciudad.
Entre los clásicos está Lafitte’s Blacksmith Shop Bar, considerado el bar más antiguo de todo Estados Unidos. Entrar es casi como viajar en el tiempo: el lugar está iluminado unicamente con velas, hay un piano tocando y el ambiente tiene un mood entre taberna de piratas y película del siglo XIX.
Otro must es el Carousel Bar & Lounge dentro del Hotel Monteleone, famoso porque la barra literalmente gira como un carrusel mientras tomas tu drink favorito o algún clásico de la casa como el Sazerac.
Y luego está Pat O’Brien’s, uno de los piano bars más conocidos de la ciudad. Aquí el plan es sentarte, pedir un Hurricane (su cóctel más famoso) y ver cómo dos pianistas van tocando y cantando de todo: desde clásicos hasta Taylor Swift, con público de todas las edades cantando. Y para los fans del jazz, Preservation Hall es prácticamente el jazz mecca de la ciudad.


Hilton New Orleans Riverside
Quedarme en el Hilton New Orleans Riverside fue clave para la experiencia. Está ubicado en un punto súper estratégico de la ciudad, justo frente al río Mississippi, caminando al French Quarter y conectado directamente con Riverwalk Outlets, ideal si quieres hacer shopping literal ahí.
Además, desde el hotel puedes reservar actividades como un jazz cruise por el Mississippi, tours por los pantanos de Louisiana o recorridos nocturnos por los famosos cementerios históricos de la ciudad (con historias de fantasmas incluídas).
También directamente ahí puedes bookear la transportación al aeropuerto o el Hop-On Hop-Off bus, lo que hace que todo fluya mucho más fácil y sin estrés durante el viaje. Las habitaciones están recién remodeladas, son amplias, cómodas y tienen todo lo necesario para descansar y relajarte. Algunas incluso tienen vistas increíbles al Mississippi.

Qué comer dentro del hotel
Una de las mejores partes de viajar siempre es la comida, y en esto el Hilton suma muchísimo. Puedes empezar el día en Le Croissant, el buffet de desayuno del hotel, que tiene diferentes opciones para todos, ya sea que estés en modo healthy o prefieras darte el gusto con unos beignets recién hechos, también tienen menú a la carta por si quieres algo ligero.
Para un plan más casual, Spirits Bar & Grill es una gran opción dentro del hotel. El menú tiene mucho seafood y clásicos de Louisiana como gumbo, shrimp po’boys o fish tacos, además de hamburguesas o alitas que funcionan perfecto después de un día caminando.
Aunque sin duda la mejor opción para cenar es Drago’s Seafood Restaurant, que también está dentro del Hilton y es uno de los spots más conocidos de la ciudad para mariscos. Ahí probé las famosas charbroiled oysters, que sí o sí tienes que pedir: ostras al carbón con mantequilla, ajo, hierbas y parmesano… una delicia. Además de este signature dish, también tienen otros clásicos locales como langosta, gumbo y hasta cocodrilo.

Por la noche, unos drinks en Public Belt son el pre perfecto. Un bar elegante pero relajado con un mood ferroviario histórico inspirado en el pasado portuario de la ciudad, especialmente conocido por sus Dirty Martinis.
Si quieres comer algo rápido antes de salir, un buen café o algún snack el recien inaugurado Junction es ideal. Incluso puedes pedir drinks para llevar, algo bastante común en la ciudad, sobre todo durante Mardi Gras, cuando las calles se llenan de música, desfiles y celebración. Entre la ubicación estratégica, las vistas al río y la comodidad total, el Hilton New Orleans Riverside más que un hotel, se vuelve parte de la experiencia en tu viaje.
Porque al final New Orleans es un destino que te sorprende cuando menos lo esperas. Un lugar al que definitivamente vale la pena ir y al que siempre quieres regresar. Si estás pensando en tus próximas vacaciones, definitivamente es un destino que 100% te recomendamos.
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