No sabemos exactamente en qué momento decidimos que enero tenía el monopolio de los nuevos comienzos, pero oficialmente queremos presentar a septiembre como una alternativa. Piénsalo. Regresas de vacaciones, el verano empieza a despedirse y vuelve esa sensación de back to school que, aunque lleves años sin pisar un salón de clases, nunca termina de desaparecer.
Y resulta que esa necesidad de empezar de nuevo no es completamente imaginaria. Los cambios de temporada y de rutina pueden funcionar como una especie de clean slate psicológico, haciendo que sea más fácil dejar atrás ciertos hábitos y comenzar otros.

¿Por qué septiembre se siente tanto como empezar de cero?
Hay algo muy específico en el mood de septiembre. Después de meses en los que nuestros horarios estuvieron llenos de vacaciones, fines de semana fuera, cenas que empiezan tardísimo y un “ya en septiembre veo eso”, finalmente llega septiembre. Y con él, la rutina.
Las escuelas regresan, las oficinas vuelven a llenarse, las agendas empiezan a tener estructura y, poco a poco, dejamos atrás el ritmo más relajado del verano. Aunque técnicamente falten cuatro meses para que termine el año, septiembre se siente mucho más como un comienzo que como la recta final.
Además, tiene una ventaja bastante importante sobre enero: no llegamos a él inmediatamente después del caos de Navidad, Año Nuevo y todos los gastos que vienen con las fiestas. En septiembre todavía tenemos energía y mucha menos presión por convertirnos en una nueva persona de la noche a la mañana.

Tu September reset no necesita convertirse en una transformación de vida
A diferencia de enero, en septiembre no tienes que pensar en quién quieres ser dentro de un año. Tu September reset puede ser mucho más simple: ¿qué quieres cambiar de aquí a diciembre?
En lugar de hacer una lista de 25 propósitos enormes cuyos resultados probablemente no verás hasta dentro de meses, piensa en metas pequeñas y de mediano plazo que puedas empezar poco a poco. Tal vez quieres volver a cocinar entre semana, retomar tus workouts, ahorrar cierta cantidad antes de Navidad, leer tres libros, organizar tu clóset o finalmente agendar todas esas citas que llevas posponiendo.
Cuatro meses son suficientes para notar un cambio, pero no tantos como para que la meta se sienta lejana o imposible. La idea no es reinventar tu vida de un día para otro, sino aprovechar septiembre para hacer pequeños ajustes y terminar el año sintiéndote un poquito más cerca de donde querías estar.
Así que no, no necesitas esperar al 1 de enero para empezar de nuevo. Todavía te quedan cuatro meses, muchas páginas en blanco y tiempo suficiente para cambiar más de lo que crees. New September, new me.

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