Fui a un retiro wellness y descubrí que no sé descansar
Estilo de vida

Fui a un retiro wellness y descubrí que no sé descansar

No sé si a ti también te pasa, pero yo regreso de vacaciones y necesito vacaciones de las vacaciones. Llevo años repitiendo el mismo patrón: alma contenta, cuerpo agotado. Trato el tiempo libre como si tuviera cuenta regresiva, como si hubiera que exprimir cada gota antes de que el reloj llegue a cero.

Un tal Byung-Chul Han, sociólogo, lo explicó así: vivimos una sociedad del cansancio donde el descanso se vuelve una tarea que hay que cumplir bien. Sé que esto me afecta, así que lo puse a prueba en un retiro de wellness, hecho para enseñarte lo opuesto. Te cuento cómo fue.

Fui a Wellnessing Getaway, el encuentro de Velas Resorts que arrancó en Grand Velas Riviera Nayarit antes de continuar su ruta por Riviera Maya y Los Cabos, bajo el concepto “disconnect to reconnect” e inspirado en los cuatro elementos. Tres días, jueves a sábado. Fui a todas las actividades, porque, claro, soy de las que se apuntan a todo, pero aquí no es un retiro de ocho a diez de la noche, es ir a lo que quieras, cuando quieras, sin obligación de hacerlo perfecto. Y entre clase y clase sobra tiempo, que para mí es lo incómodo: en vez de acumular actividad tras actividad, llega la pausa.

Pregunta seria: ¿quién realmente entiende el dolce far niente?

Hace un par de veranos, el dolce far niente estuvo muy de moda en Instagram, con todos los influencers posteando lo delicioso que era no hacer nada. Por lo menos, en la foto. Seamos honestos, decimos “dolce far niente” en el caption, pero casi nadie sabe lo que de verdad implica no hacer nada (y btw, no necesitas Capri ni Amalfi).

Llegué un jueves por la tarde a Grand Velas. Me recibieron con un masaje breve en el check-in, como diciendo “ya llegaste, calma, no traigas la prisa contigo”. Tenía butler por WhatsApp. Me sentaba en la playa y en segundos alguien aparecía a ofrecer algo: bloqueador si no traías, un drink si tenías sed, el menú si tenías hambre.

retiro wellness Grand Velas Riviera Nayarit

Ok, pero ¿qué se hace en un Wellnessing Getaway?

Fui a pilates de piso en el jardín Gazebo con Sivan Tayer. A una plática sobre alimentos como medicina con el Dr. Noam Raiter, especialista en medicina de estilo de vida, que explicó cómo lo que comemos modula literalmente el sistema inmune. A un taller de manifestación con Alhumo Sacred Smokes, kit de cuarzos y sahumerio incluido, del que me llevé una frase en una tarjeta, “lo que admiras en el otro es un espejo de lo que hay en ti”, y otra que se me quedó grabada de esa misma sesión, “cuando empiezas a caminar, el camino aparece”.

Sunset cycling con Aisha Jones. Breathwork con un baño de hielo, la típica inmersión en agua fría, solo que bajo el sol en Riviera Nayarit no es tan intimidante. Así es el retiro: es amigable, te invita a intentarlo todo. En la sesión de skincare con Garnier vi a varias exfoliando, aplicando y sellando con SPF como si fuera la primera vez que le dedicaban ese tiempo completo a su piel, sin saltarse un paso. Toma poco tiempo y de verdad te cambia la cara: vi ese gesto distinto en la gente, como si de pronto entendieran lo importante que es el self-care. Y una sesión de journaling al atardecer donde escribí, entre muchas otras cosas: “¿debo hacer las cosas yo para que sucedan como quiero?… o tal vez aquí no se trata de lo que quiero, sino de lo que necesito”.

Ninguna actividad era obligatoria. Las clases están bien armadas pero tampoco son durísimas: el retiro es amable con muchos niveles, no tienes que ser la persona más experta del salón. Yo, que por dentro necesito salir muerta de cualquier entrenamiento para sentir que valió la pena, también las disfruté. Nadie exige que el wellness se haga perfecto, solo que se haga.

retiro wellness Grand Velas Riviera Nayarit

Ah, y sobre el mito del “all-inclusive”…

Tengo debilidad por los hoteles boutique, chiquitos, medio under the radar. Pero Grand Velas es la prueba de que “todo incluido” no tiene por qué sentirse genérico. Son 267 suites con vista al mar, un spa que Forbes Travel Guide incluye entre los más lujosos del mundo, y cuatro restaurantes de especialidad reconocidos por la AAA.

Honestly, si algo me sacó por completo del modo wellness, fueron las cenas. En Piaf, el soufflé grand marnier hace que valga la pena romper cualquier propósito de irte a dormir liviana. Lo mismo en Lucca, con su cocina italiana, y en Sen Lin, con su fusión asiática.

Y en Frida, el restaurante mexicano donde llegué escéptica (como en cualquier hotel de playa), no había rastro de tex-mex: molotes de plátano macho rellenos de queso oaxaca con jocoque, un mole rosa estilo Taxco con hongos y raíces a la parrilla, un taco campechano con costra de queso y salsa verde asada (cenamos delicioso). Son restaurantes a los que iría aunque no me estuviera hospedando ahí, que es, creo, la prueba de fuego real de cualquier “all inclusive” que se diga de lujo.

La lección que me llevo a casa

Lo más valioso del retiro es algo que entendí durante la sesión de journaling, viendo a la gente sin saber ni por dónde empezar, hasta que la guía de la sesión dijo: solo escriban, lo que sea. Ahí me acordé de una frase con la que llevo años en pleitos, una lucha interna constante que todavía no gano del todo: “done is better than perfect”. Esa es la meta ahora, aplicarla más seguido a mi vida diaria. Contestar el mensaje sin pulirlo tres veces; salir a caminar sin cronómetro; dejar, si se puede, un huequito en la agenda sin llenarlo de inmediato.

Probablemente ya estoy planeando el próximo viaje con una lista interminable de lugares que hay que conocer. Pero también se antoja repetir un Wellnessing en Grand Velas, el lujo que rara vez me permito. Más que la suite o la cena de cuatro tenedores, el placer fueron esos tres días donde nadie, ni siquiera yo, esperó que lo hiciera perfecto. La próxima edición es en junio de 2027. Ahí nos vemos.

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