Sí, por fin la vimos. Y te vamos a dejar nuestra reseña de The Devil Wears Prada pero eso sí, sin spoilers.
Desde que llegamos a la premier nos quedó clarísimo el fenómeno que sigue siendo esta historia. Outfits increíbles, camisetas con la cara de Miranda Priestly y esa energía colectiva que solo se siente cuando una película lleva dos décadas viviendo en tu cabeza. Había esa mezcla de nervios y emoción de cuando sabes que estás a punto de reencontrarte con algo que te importa mucho. Y sí, valió cada segundo de espera.
Pero primero, ¿de qué va?
Dirigida de nuevo por David Frankel y escrita por Aline Brosh McKenna, The Devil Wears Prada 2 nos regresa a Andy Sachs, pero una Andy muy distinta a la que dejamos hace veinte años. Ahora es periodista de investigación en el New York Vanguard — sí, cumplió su sueño — pero cuando pierde su trabajo debido a recortes en su empresa, el destino la regresa directo a Runway y a la órbita de Miranda Priestly. Andy vuelve a ser un pez fuera del agua, aunque esta vez con outfits mucho más cool, y tiene que demostrar que sabe lo que hace y que lo hace muy bien.
Pero Miranda no es la única villana de la historia. Como cualquiera que trabaje en medios sabe de sobra, Andy también tiene que enfrentarse a una industria en crisis: menos revistas impresas, menos presupuesto, todo medido en clicks y cada vez menos tiempo para las historias que realmente importan. Spoiler: sí nos dolió.

Y ahora sí, todo lo que vas a amar:
Ver al cast completo y cómo han evolucionado en 20 años
Todo el elenco original está de vuelta. Todo. Y es exactamente tan emocionante como suena. Miranda sigue siendo Miranda — directa, imponente, magnética — pero con una dimensión nueva que hace que la admires y le temas en partes iguales. Andy llega más madura, menos idealista ingenua y más idealista con criterio, lo cual es una evolución que se siente honesta y merecida. Y Nigel, nuestro Nigel, sigue amando su trabajo con toda el alma, pero ya no necesita que nadie se lo reconozca. Verlos a todos juntos después de dos décadas es de esas cosas que no sabías cuánto necesitabas hasta que las tienes enfrente.
Que tiene el mismo tono chistoso y se ríe de sí misma
Una de las mejores decisiones de la película es no tomarse demasiado en serio. Se ríe del mundo políticamente correcto, del estado del periodismo, de la industria de la moda, de sus propios clichés, y lo hace con mucha gracia y sin que se sienta forzado. Es la misma energía irreverente de la primera, pero actualizada a 2026. Hay momentos en los que vas a reírte sola y otros en los que vas a sentir que te están describiendo la vida. A veces las dos cosas al mismo tiempo.
Los cameos (y qué cameos)
Desde Donatella Versace hasta Amelia Dimoldenberg, los cameos son tantos y tan buenos que necesitamos otra nota para nombrarlos a todos. Además, ninguno se siente forzado, al contrario, cada aparición dice algo sobre el universo de la película y sobre lo enorme que sigue siendo esta historia.
Obvio, los outfits
Obvio, si hay algo que todas estábamos esperando, es la moda. El guardarropa de Andy es una evolución visual de su personaje: ya no la chica que no sabe qué ponerse, sino alguien que encontró su propio lenguaje estético. Y Miranda, por supuesto, sigue siendo Miranda: cada look es un statement, cada aparición un momento. El mundo de Runway se ve tan aspiracional como siempre, y hay más de un outfit que nos urge recrear ya.
Todos los guiños a la primera película
Para las que crecieron con la original, esta es quizás la parte más disfrutable de toda la película. Hay referencias, callbacks y momentos que van a hacer que quieras gritar de emoción en la sala. Es fan service, sí, pero del bueno, del que se siente como un regalo y no como un recurso fácil.
¿Supera a la primera? No. ¿Lo necesita? Tampoco. The Devil Wears Prada 2 es exactamente lo que prometió ser: una razón para volver a un universo que amamos, con los personajes que amamos, con toda la moda y el drama que amamos. Y eso es más que suficiente.
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