Hoy se estrena la serie de Timbiriche, una ficción inspirada en la historia de una de las agrupaciones más emblemáticas del pop mexicano. Para Sebastián Poza, formar parte de este proyecto significó mucho más que interpretar un papel: fue acercarse a una historia que marcó a varias generaciones, entender el lado humano de sus protagonistas y enfrentarse al reto de dar vida a personajes que siguen ocupando un lugar especial en la memoria del público.
En esta entrevista, el actor nos cuenta cómo se preparó para el papel, qué descubrió al conocer más de cerca el universo de Timbiriche y por qué la historia de “Edu” (su personaje) conectó con su propia búsqueda artística.

Más allá de la ficción, este papel implicó meterte en los zapatos de una persona que empezó a vivir el éxito siendo muy joven. ¿Qué descubriste de ti mismo?
Al meterme en los zapatos de Benny y familiarizarme con su vida, descubrí que, sin importar qué tan grande o chico seas, siempre debes tener los pies en la tierra y la cabeza en alto. Es importante tener muy claro quién eres, qué quieres y hacia dónde quieres dirigir tu camino. Eso fue algo que Benny hizo muy bien. Él fue el primer integrante que decidió salir de Timbiriche y lo hizo para seguir su propio camino y hacer la música que quería. Eso fue lo que descubrí de él y que también reconocí en mí mismo.
¿Qué fue lo más divertido, lo más retador y lo más sencillo de interpretar este papel?
Lo más divertido y retador fue interpretar a personas tan importantes y legendarias como los integrantes de Timbiriche. Cada uno tuvo un fandom enorme, con muchísima gente que los seguía y escuchaba. Creo que el reto más importante, y al mismo tiempo lo más divertido, fue interpretarlos porque, finalmente, no puedes copiar a alguien: nosotros no somos ellos. Lo que hicimos fue tomar herramientas e ideas para familiarizarnos con quienes eran y, a partir de eso, construir nuestras interpretaciones. Darle vida a una banda que nos regaló tanta música y alegría durante tantos años fue lo más divertido.
Timbiriche forma parte de la memoria y los recuerdos de muchísima gente, pero para tu generación la relación con el grupo es distinta. ¿Qué fue lo que más te sorprendió descubrir de ese fenómeno cuando empezaste a investigarlo a fondo?
Lo que más me sorprendió fue humanizarlos y darme cuenta de lo niños que eran. Empezaron muy chiquitos, con nueve o diez años; Sasha era la más grande, con unos 13 o 14 años. También descubrir que, aunque llevamos tanto tiempo escuchando a Timbiriche, sus integrantes tenían cosas humanas y simples, muy parecidas a las de cualquiera de nosotros. A veces los idealizamos y casi los convertimos en superhéroes, pero finalmente todos tienen los mismos problemas y se ponen los zapatos todos los días, igual que nosotros. Eso fue lo que más me sorprendió: descubrir que cada uno era sumamente especial precisamente por su lado humano.
La serie habla de jóvenes que persiguen un sueño, pero también de todo lo que ocurre cuando ese sueño empieza a hacerse realidad: la presión, las expectativas, la amistad y la familia. ¿Hubo alguna parte de esa historia que te tocara especialmente porque conectaste con ella desde tu propia experiencia?
Precisamente, la serie habla de jóvenes que persiguen un sueño, como lo hace cualquier persona. En su caso, el sueño era convertirse en superestrellas y formar parte de la banda tan legendaria que llegaron a ser.
Me tocó compartir ese proceso a través de la historia de Benny, porque su camino fue muy especial. Él no quería entrar a Timbiriche: tenía muy claro que quería hacer su propia música. Su mamá, Julissa, siempre lo apoyó para que se fuera a estudiar, y él terminó haciéndolo.
Todo el proceso que tuvo que atravesar para llegar a hacer su música fue muy largo. Entró a Timbiriche por medio de su tío, ahí conoció a Sasha, quien fue su novia más importante en aquel momento y prácticamente su primer amor. Cuando la banda empezó, también tuvieron que usar un vestuario que no les gustaba nada y que les parecía un poco ridículo. Perseguir ese sueño fue complicado, pero dio frutos y terminaron convirtiéndose en Timbiriche, la banda tan legendaria que fueron.
Hay una parte muy divertida de este proyecto: aprenderte canciones, ensayar, trabajar el movimiento y construir una época completa. ¿Qué fue lo que más disfrutaste de todo este proceso?
Lo más divertido fue poder retratar lo que ellos vivieron. Lo que hicimos fue una ficción inspirada en Timbiriche, no una bioserie ni una biografía, y me encantó revivir algunos de esos momentos: los ensayos, los bailes, cantar las canciones y vivir escenas que seguramente ellos también experimentaron.
Incluso pudimos grabar con Kiko, quien fue el primer productor de Timbiriche. Creo que lo más bonito fue tener la oportunidad de revivir, de cierta manera, lo que vivió la banda.

Si pudieras sentar al Sebastián que empezó su carrera frente al Sebastián que termina este proyecto, ¿qué crees que le sorprendería más de la persona y del artista en el que te has convertido?
Le diría que estuviera tranquilo, que no se presionara y que entendiera que todo lleva su proceso. Tal vez también le diría que se divirtiera un poquito más. Estuve muy presionado durante el rodaje y muy nervioso porque sabía el peso y la responsabilidad que implicaba interpretar a Timbiriche. Eso me provocó todos los nervios y toda la emoción del mundo.
Si pudiera sentarme frente a ese Sebastián, le diría que se divierta, que haga su trabajo y que lo disfrute lo más posible. Son momentos que pasan muy rápido y que, cuando menos te lo esperas, ya se te fueron de las manos. Le diría que abrace el momento todo lo que pueda, porque se va rapidísimo.
Este proyecto reúne varias cosas que forman parte de ti: actuación, música, escenario y también una estética muy marcada. ¿Qué faceta tuya sentiste que finalmente pudo convivir con las demás y que quizá antes no habías podido mostrar así?
Esta serie reúne todo lo que más me gusta y me llena el corazón y el alma: la música y la actuación. Creo que pude integrar muy bien la faceta artística en la que estoy hoy y que, de alguna manera, me ha acompañado toda la vida.
Lo que comparto con la serie también forma parte de mi propia vida: buscar ese sueño de convertirme en músico, actuar y hacer lo que quiero hacer. En ese sentido, comparto con Benny la búsqueda de nuestros sueños y pude combinar muy bien esas facetas durante el proyecto.
Las redes sociales nos han permitido conocer una versión tuya mucho más espontánea y creativa. ¿Qué tan diferente es ese Sebastián de redes del Sebastián que llega al set y tiene que construir un personaje durante meses?
El Sebastián que conocen en redes es muy distinto al Sebastián que soy en realidad. Puedo mostrar muchas cosas de mí y reflejar mi estilo, pero creo que mi personalidad solo puedes conocerla cuando estás conmigo en persona. Soy una persona muy tranquila, a la que le gusta guiarse por la verdad. También soy juguetón y me gusta divertirme con los demás.
Cuando construyo un personaje, trato de llevarlo siempre a través de mi esencia. Finalmente, nunca podemos copiar a alguien más ni crear a una persona completamente distinta a nosotros, porque como actores prestamos nuestro cuerpo y nuestra esencia. Lo que hago es familiarizarme con los personajes, descubrir cosas sobre ellos y tratar de entenderlos sin juzgarlos. A partir de ahí, fusiono mi personalidad con la esencia del personaje que me entregan. Así es como logro construirlo.
Después de meses de preparación, ensayos y grabaciones, ¿qué cosa de tu personaje crees que se te va a quedar pegada aunque termine la serie?
Hay dos cosas que se me quedan en el corazón y que recuerdo con mucho cariño. Entre los chavos del elenco de Timbiriche nos pusimos algunos apodos: estaban «El Hueso», «El Diablazo» y otros chistes locales. A mí me decían «El Binni», ni siquiera Benny, y ese apodo se me quedó muy grabado. Creo que lo voy a llevar conmigo por siempre.
La otra cosa es la canción «Tonto corazón». A veces estoy cocinando o limpiando algo en mi casa y, de pronto, me viene a la mente y empiezo a cantarla. Esas son dos cosas que se quedaron muy marcadas en mí.
Ahora que se estrena uno de los proyectos más grandes de tu carrera, ¿qué te emociona que el público descubra de tu personaje y qué te gustaría que conociera de Sebastián a través de él?
La verdad es que no me he puesto ninguna expectativa. No estoy esperando nada; simplemente estoy muy agradecido de haber podido formar parte de una historia tan grande.
El crecimiento personal que me dejó hacer esta serie es el mayor regalo que pude haber recibido. Claro que sería increíble que nos fuera muy bien y que a la gente le encantara mi trabajo, pero no quiero ponerme los moños ni dar por hecho que nos va a ir increíble o que nos vamos a volver famosos. No quiero enfocarme en eso. Mi trabajo es actuar, interpretar y contar historias. Finalmente, mi parte ya está hecha. Ahora les toca a producción, edición y a todos los demás continuar con el proceso. Como actor, ya no puedo hacer nada más que agradecer, y eso es lo que hago: agradecer, más que ponerme expectativas.
Si pudieras quedarte con una sola cosa del universo de Timbiriche para tu vida, ¿qué elegirías y por qué?
Me quedaría con el aprendizaje. Aprendí muchísimo de todos: de Timbiriche, de mis compañeros, de Benny y de la serie. Llegué a este proyecto como una esponja, absorbiendo todo lo que podía aprender.
También me quedaría con los momentos, esos pequeños instantes que permanecen para siempre en el corazón. Todo el proceso de grabación fue muy mágico, desde los ensayos hasta el momento en que me quedé con el papel. Mientras lo estás viviendo, ni siquiera te das cuenta de lo rápido que pasa. Me gustaría conservar esa sensación, ese momento tan lúcido que tengo muy marcado en la cabeza, y espero llevarlo conmigo siempre, porque es algo que nunca voy a olvidar.
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