En Prefiero la muerte, la adolescencia y un apocalipsis zombie terminan pareciéndose más de lo que imaginamos: ambos llegan con cambios inesperados, miedo, confusión y la sensación de que nadie tiene realmente claro qué está haciendo. Para Fernanda Castillo, esa fue precisamente una de las razones que la hicieron querer formar parte de la nueva serie de Prime Video.
En la historia, la actriz interpreta a Sara Díaz, una detective que llega para intentar poner orden cuando todo comienza a salirse de control. Pero detrás de ese personaje que parece saber qué hacer, Fernanda también reconoce una sensación que le resulta familiar: la de aprender sobre la marcha, adaptarse a una industria que cambia constantemente y descubrir quién eres una y otra vez.
Platicamos con ella sobre el caos de crecer, trabajar con una generación de creadores mucho más joven, encontrar humor frente a la muerte y esas veces en las que hasta los adultos tienen que admitir que tampoco saben muy bien lo que están haciendo.
En Prefiero la muerte, la adolescencia y el apocalipsis terminan siendo dos versiones de un mismo caos. ¿Qué fue lo que más te atrajo de este proyecto en específico?
Precisamente eso: que tenía mucha más profundidad que solo contar una historia dentro del género zombie. Hablaba de una revolución interna que viven los personajes y que vive este pueblo de Mendoza, que no existe, pero que sí existe en el mundo en el que vivimos hoy.
Me pareció increíble participar en una historia y en un proyecto liderado por una generación muy joven, donde podía aprender muchas cosas de cómo ve esta generación de creadores, del director y de los actores. Llevo muchos años habitando esta industria y me encontré con una nueva perspectiva de cómo se cuentan las historias.
También me atrapó la manera en la que Sebastián Sariñana escribió este proyecto. Había muchas cosas que me parecían como un imán de algo que yo quería hacer y ahora que veo el resultado, me parece que estuvo increíble. Es como aventarse desde una resbaladilla con los brazos arriba, diciendo: “Sé a dónde voy a caer, pero el proceso va a ser muy gozoso”.
Tu personaje, Sara, llega como la adulta que sabe qué hacer cuando todo se está descontrolando. Pero en tu propia vida, ¿qué situación te ha hecho pensar: “Ok, claramente nadie sabe lo que está haciendo, solo que algunos lo disimulan mejor”?
Mi carrera y, bueno, la maternidad, por principio. Creo que uno entra a la maternidad y a la paternidad diciendo: “No tengo ni idea de qué se trata esto”. Yo no tenía ni idea de lo que me iba a caer y vas, en el camino, aprendiendo a ser mamá y papá.
Pero también siento que escogí una carrera como misión de vida en la que todo ha cambiado, al menos para mi generación. Yo soy de una generación donde empecé haciendo televisión y solo existían dos lugares donde se podía hacer televisión, al menos en este país. He pasado por un cambio brutal de cómo la industria ha ido encontrando nuevos espacios: las plataformas, hacer historias de 10 minutos o de 50 segundos en el celular…
Hay que aprender a adaptarse todo el tiempo y a encontrar quién eres todo el tiempo, y preguntarte quién eres todo el tiempo. Esa es la única manera de sobrevivir tanto en esta industria como en el apocalipsis zombie: preguntarte quién eres en este caos que existe, qué armas tienes y adaptarte a los nuevos cambios que se te presentan. Entonces sí, todo el tiempo me siento así, tanto en la carrera como en mi maternidad.
¿Hay algo muy mexicano en que el apocalipsis pueda convivir con una tiendita, un esquema piramidal de vitaminas y un grupo de señoras religiosas? ¿Qué fue lo más divertido, lo más fácil y lo más retador de hacer Prefiero la muerte?
Lo más divertido fue el tono de esta serie. Nos estamos enfrentando a zombies que nos quieren comer, pero al mismo tiempo hay mucho espacio para la ironía, para el sarcasmo y para mirar las cosas desde un asunto muy mexicano, que es ponerle humor cuando uno se enfrenta a la muerte. Como actor, siempre encontrar ese punto de comedia donde el chiste pasa me parecía muy interesante.
Lo más fácil creo que fue trabajar con mi equipo: Carali y Luis Fernando Peña, que son los dos policías con quienes estoy todo el tiempo, y Esmeralda Soto, que después es como la científica que se nos une. Fue muy gozoso encontrarnos desde un punto en el que estábamos divirtiéndonos todos con una historia, pero al mismo tiempo entendíamos que éramos los “viejitos”, por decirlo de alguna manera, porque todos los otros actores son muy, muy jóvenes.
Era bonito sentir que nosotros no estábamos entendiendo mucho de lo que estaban hablando ellos, pero éramos un frente común. Y poder gozar de las actuaciones de mis compañeros fue lo más fácil y lo mejor para mí.
Lo más retador fue también darme cuenta de que toda esta generación, tanto el director como los otros actores y mucha gente de los creativos, tenía una edad y una visión del mundo muy diferente a la que yo he construido. Adaptarte a eso y entender que hay otras maneras de contar que no tienen que ver con lo que tú piensas que está bien siempre es un reto. Siempre te mueve de lugar y siempre te hace preguntarte si estás haciéndolo bien.
Hubo momentos en los que pensaba: “¿Esto va o estoy en otro tono que no tiene nada que ver con la serie?”. Y creo que preguntarse eso en este momento de la carrera es algo que te va a hacer crecer, sin duda. Fue lo más retador, pero era parte del desafío de entrarle a algo que no conoces.
Has interpretado a personajes muy distintos a lo largo de tu carrera, pero aquí hay una mezcla muy divertida entre horror, comedia y drama. ¿Hubo alguna escena que, por esta combinación tan inesperada, se convirtiera en tu favorita?
Hay una escena con una niña que, a la hora de la edición, no se ve mucho, pero después hay como todo hacia el final y hay una relación ahí. Es una niña muy chiquita que manipula completamente a la detective Sara Díaz.
Me impresionó porque la actriz era muy chica y estaba completamente plantada. Yo tenía que entender que era un personaje que, además, desaparece; es una niña que desaparece de la nada. Entonces había mucha comedia en que se enfrentara a la policía y terminara extorsionándola de alguna manera, sacándole 200 pesos. Era muy interesante cómo, desde el personaje, te relacionas con alguien que acaba de aparecer, pero también como actriz. Yo veía a la niña y no bajaba la mirada, no estaba nerviosa, se me plantaba como pocos actores que he visto que se me planten.
Entonces llegó un momento en el que me daba un poco de miedo. Me acuerdo específicamente de esa escena porque dije: “¿De dónde viene esta niña o qué viene de hacer? ¿Cómo puede estar tan segura y plantarse tan bien en el set, en el espacio creativo?”. Debe haber tenido siete u ocho años y me dejó completamente impresionada.
¿Qué le dirías a las y los lectores de InStyle para que no se pierdan Prefiero la muerte?
A todos en InStyle los invito a que no se la pierdan. Es una serie donde se van a divertir, donde se van a asustar y donde se van a sentir contagiados de este caos interno que uno vive cuando es adolescente, pero también cuando llegan los zombies a tu pueblo. Creo que es una serie que vale mucho la pena ver.
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