He estado pensando en suscribirme al CCC…
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He estado pensando en suscribirme al CCC…

Seguro lo primero que pasó por tu cabeza fue: ¿qué es el CCC? No te creas que es ningún acrónimo establecido, ni popular, pero sí uno interesante. Hace poco me topé con un video en mi muy productivo scroll nocturno de una chava hablando sobre neuroplasticidad, deporte y salud mental. Lo que más me llamó la atención fue cómo se comunicaba y, aparentemente, no fui la única a la que le causó intriga. Algo tiene. La forma en la que enuncia y escoge sus palabras.

Me metí a leer los comentarios para descubrir que era Eileen Gu. Con tan solo 23 años, te puedo decir que lo menos interesante de ella es que sea medallista olímpica y atleta de alto rendimiento. Y no por restarle mérito a su trayectoria ni a su esfuerzo, sino porque reducirla a “esquiadora” deja fuera todo lo demás. Eileen también es modelo y estudia física cuántica en Stanford, con filosofía como especialidad secundaria. Pero más allá del currículum, lo que me atrapó fue su cabeza: la forma en la que piensa, conecta ideas y logra ponerlas en palabras. Una chida.

Para no hacerles el cuento largo, me obsesioné con ella.

Me topé con una entrevista que hizo con Jay Shetty. Y antes de que se me lancen como lobos a criticar el podcast de Jay, diciendo que es contenido de culto para el mismo perfil de personas que suben una historia leyendo Hábitos atómicos o El acto creativo de Rick Rubin… alto.

Te veo y te entiendo. Inclusive fui esa persona juzgona que le tira a los running clubs y a cierta superioridad tóxica que a veces viene con el “querer ser tu mejor versión”. Creo que parte del rechazo viene de ahí: de esta obsesión por voltear a ver el yo, analizar el yo, mejorar el yo, optimizar el yo. Ahora el self-maxxing.

Más allá de odiar el libro, el podcast, el hombre… creo que lo que realmente me genera rechazo es esta obsesión con el perfeccionamiento personal. Una práctica que, llevada al extremo, puede volverse tan individualista que se olvida de voltear a ver al otro, ¿no?

Pero también me parecía medio contradictorio criticar todo eso sin siquiera darle una oportunidad. Así que le di chance al podcast. Y descubrí que hay algo lindo en tragarme mis palabras y acercarme con curiosidad a cosas que en algún momento rechazaba. 

En mi caso, me llevo las palabras de Eileen.

En sus palabras, el CCC es:

“CCC: el Círculo de Crítica Constructiva. Creo que el mayor acto de amor que puedes tener con alguien es darle una crítica constructiva, si lo quieres y lo conoces lo suficiente como para darle un consejo que realmente tenga sentido. Cualquier persona en el mundo puede decirte: ‘Jay, me encanta tu chamarra. Me encanta que seas tan inteligente, eres súper interesante’. Eso no es tan difícil, ¿no?Lo que es más difícil es conocerte lo suficiente como para saber cuáles son tus metas, cuáles son tus puntos débiles y, a partir de ahí, ayudarte a conectar esos puntos de una manera que quizá tú mismo no habías visto, no sabías o todavía no estabas listo para escuchar.

Eso es muchísimo más significativo y mucho más poderoso. Es el acto de servicio más profundo que podría imaginar. Te podrás imaginar que probablemente no fue la idea más popular cuando les dije: ‘Oigan, es viernes en la noche. Sentémonos todos en círculo a criticarnos’. Y ellos estaban como: ‘¿Qué? Eso suena como una pésima idea’.

Y yo: ‘No, no. Obviamente el objetivo no es insultar a la otra persona’.

Es más bien algo como: ‘Oye, sé que tu meta es la música. Sé que realmente te apasiona y que te interesa muchísimo. Pero todo el tiempo dices que vas a empezar a subir cosas a TikTok, que vas a hacer lo que sea necesario para llegar a más personas. Pero no estás siendo muy constante y tampoco te estás exigiendo al nivel que sé que podrías hacerlo’”.

A ver, está radical, sí. Es confrontativo y difícil, también. Pero creo que puede ser una bonita forma de tocar base. Las personas que más me aman lo único que buscan es mi felicidad y mi bienestar. Creo que un CCC club, en donde puedan decirme realmente qué opinan sin que mi guardia esté arriba, ni la suya, y podamos vernos y aceptarnos como humanos imperfectos, puede ser, en sí, un acto de amor gigante.

Yo, que toda mi vida le he tenido pánico a la confrontación porque, por asociación, la identifico con violencia. Crecí con un papá que confrontaba desde ese lugar y viví mucho tiempo pensando que, si mi opinión no era positiva, era mejor quedarme callada. El típico “calladita te ves más bonita”.

Y conforme fui creciendo empecé a darme cuenta de que estaba sofocándome en mi propio silencio, ¿sabes? No porque no tuviera opiniones, sino porque me daba miedo que decirlas significara lastimar a mi gente.

Cuando quizá lo tuve mal desde el inicio. Confrontar no es necesariamente lastimar. Hay una diferencia enorme entre decir algo para herir y decir algo incómodo desde el amor.

Cuántas veces decimos realmente lo que pensamos y sentimos cuando estamos en un espacio que nos permite hacerlo? ¿Y cuántas veces creamos esos espacios? ¿Cuántas relaciones habitamos sin profundizar en las cosas que nos hacen más humanos? Si vulnerabilizarnos crea cercanía y empatía, ¿por qué no lo hacemos más seguido? ¿Quiénes son las personas que quiero en mi CCC? ¿Qué me da miedo escuchar?

Toda la vida nos han dicho: si quieres ser mejor persona, tienes que voltear a ver hacia adentro. ¿Y si estamos mal? ¿Qué tal si la respuesta apunta al lado contrario?

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