Cuando pensamos en Mozart, lo primero que se nos viene a la mente suele ser su peluca empolvada, los pentagramas infinitos o la imagen del genio clásico por excelencia. Y sí, es difícil negar que es uno de los exponentes más importantes de la música clásica.
Aunque el compositor es muy importante para la cultura pop, gracias al famoso efecto Mozart, esa teoría que por años nos hizo creer que escuchar su música podría aumentar el coeficiente intelectual. Aunque la ciencia tiene otra opinión sobre esa teoría, lo cierto es que su música sí tiene mucha relación con la neuroplasticidad, la concentración y la relajación cerebral.

Pero entonces, ¿qué dice la ciencia sobre el efecto Mozart?
Todo comenzó gracias a un estudio realizado por Frances H. Rauscher en 1993 para la revista Nature. En él, se hizo una prueba de lógica visual de 15 minutos a diferentes participantes; la mitad estaría escuchando música de Mozart y la otra mitad estaría en silencio. Al final se demostró que las personas que habían estado escuchando música obtuvieron mejores resultados; hubo una mejor concentración y razonamiento, aunque los efectos solo fueron temporales y estaban relacionados con el estado de atención, no con una mejora real del coeficiente intelectual.
Después de esto y sin cuestionar tanto los resultados, el mundo dio la bienvenida al efecto Mozart. Los canales de música aumentaron sus playlists de música clásica por la tarde, la venta de CDs aumentó e incluso en Georgia se promulgó una ley que dictaba que todas las madres con recién nacidos recibirían un CD de música clásica de cortesía. Algunas escuelas llegaron a reproducir música clásica al menos una hora al día, convencidas de que haría crecer la inteligencia de sus alumnos.


Concentración momentánea o más inteligencia
La gran mayoría de estudios realizados después no respaldan el efecto Mozart. Años después del primer estudio, los psicólogos en la Universidad de Viena, Jakob Pietschnig, Martin Voracek y Anton K. Formann, desmintieron el “mito”, confirmando que escuchar a Mozart puede ayudar a relajarse y a mantenerse enfocado, pero no incrementa las capacidades cognitivas generales ni el IQ. En 2005 se realizó otro estudio con niños de 6 a 10 años mientras realizaban un examen; unos escuchaban 10 minutos de Mozart y otros música rock. Los resultados para los que escucharon la banda de rock fueron mayores. Demostrando que, más que el tipo de música, importa que sea música que te guste.
Entonces, lo que podemos decir es que al escuchar algo que disfrutas y no necesariamente música clásica, puedes sentirte con más fluidez, más atención y relajación. Pero no hay que generalizar que la música de Mozart aumenta la inteligencia.

Mejorar el IQ y la concentración con música
Cuando estamos escuchando nuestra playlist favorita mientras hacemos tarea o estamos trabajando, todo se siente más relajado, con mejor mood y parece que el tiempo va más rápido (¿o no?). Pero hablemos de cómo la música clásica ayuda a mejorar la concentración, y todo gracias a que los acordes y el ritmo se adaptan de manera perfecta a la frecuencia cardiaca y, al no haber letra, la atención es más directa a lo que estamos haciendo. Eso nos ayuda a entrar en un estado de relajación donde se aumenta la dopamina, se reduce el cortisol y, por lo tanto, la memoria, la atención, el buen humor y la retención de información aumentan muchísimo. Así que sí, Mozart es genial, solo que no tiene poderes mágicos para aumentar el IQ; para eso estas actividades son buenísimas:
- Jugar ajedrez, memorama, sudoku, crucigramas o armar un rompecabezas o un lego; eso trabaja la memorización y destreza.
- Aprender a leer un mapa físico o resolver un laberinto; eso mejora el razonamiento visuoespacial.
- Tocar un instrumento fortalece el pensamiento y la coordinación.
- No dejar de ejercitarte.
- Leer algo, lo que sea, pero al menos 30 minutos al día; con esto se ejercita la mente, expandes tu vocabulario, activa el pensamiento crítico y enriquece tu cultura general.
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