Cuando Blair Waldorf dijo “Si vas a estar triste, es mejor estar triste en París”, no solo nos regaló una de las frases más icónicas de la televisión, sino que también dejó claro que es la ciudad perfecta para perderse y reencontrarse. Desde entonces, no es casualidad que tantas protagonistas vayan a París cuando la vida les pide una pausa, un giro o un nuevo comienzo.
Por ejemplo, Sabrina, interpretada por Audrey Hepburn, que descubre quién quiere ser; Carrie Bradshaw, quien se adapta a una nueva vida en Sex and the City; Belly, en The Summer I Turned Pretty, entiende el amor desde otra perspectiva; y, por supuesto, Emily, aprendiendo más y más de su carrera.
Entonces, además de ser la ciudad del amor, las increíbles obras de arte y la magnífica arquitectura, ¿Qué hace que París sea tan mágica? Aquí te lo contamos.

El inicio del cliché o una ciudad soñada
Más que un simple “cliché”, es un símbolo emocional, cargado de significado. Todo comenzó en el siglo XIX, cuando la ciudad se convirtió en la capital de lo moderno. Fue ahí donde surgieron los primeros cafés, boutiques y boulevards, espacios pensados para reunirse, observar o simplemente pasar el tiempo a solas.
Lo que nos lleva al término flâneuse, que significa caminar por la ciudad sin rumbo ni objetivo, o, según el libro de Lauren Elkin, alguien que no participa en la multitud y simplemente la observa. En otras palabras, París fue el primer escenario que dejó a la mujer sentirse libre, independiente, con el poder de tomar decisiones propias y de elegir el rumbo que quisiera. La moda también tiene un papel importante, pues las mujeres siempre han tenido ese discurso social por medio de su estilo, de su autenticidad y su porte. Por eso estar en París significaba tener una versión más auténtica, más consciente, con más autoridad, la versión donde te elegías a ti misma.

Por esto las protagonistas van a París
La razón es simple, buscan reinvención, una pausa del caos y, sobre todo, adueñarse de su propia narrativa. Para nada es un cliché; es más como un boleto directo al encuentro consigo mismas.
Todo sucede sin urgencia, sin prisa. Algo muy típico de París, donde todo avanza a su propio ritmo y se toma el tiempo necesario para florecer. La ciudad da esa invitación a la lentitud, a disfrutar el día a día (vivre au jour le jour). En el cine y la televisión, eso se traduce en dejar que la protagonista explore, observe la ciudad, pruebe la comida, camine sin dirección y disfrute toda su experiencia. No huye para escapar, sino para descubrir qué hay más allá de lo que ya conoce y poder iniciar de nuevo. Por eso seguimos viendo esta ciudad como salida, en pelis y series, porque es aquí donde las protagonistas eligen o buscan, quiénes quieren ser.
Al final es como una frase de Ernest Hemingway en su libro autobiográfico, A Moveable Feast: “Si tienes la suerte de haber vivido en París cuando eras joven, dondequiera que vayas el resto de tu vida, permanecerá contigo, porque París es una fiesta movible.”
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