George R.R. Martin sabe mejor que nadie que la realidad muchas veces supera a la ficción. Si Game of Thrones nació inspirándose en la Guerra de las Dos Rosas, House of the Dragon también tiene una sorprendente historia real detrás. No, nunca existieron dragones, pero sí hubo una princesa nombrada heredera, un rey que cambió el rumbo de un reino con su decisión sobre la sucesión y una brutal guerra civil que inspiró uno de los conflictos más importantes que vemos en pantalla. La famosa Danza de los Dragones tiene mucho más en común con la historia de Inglaterra de lo que imaginábamos.

La guerra que cambió Westeros
House of the Dragon, basada en Fire & Blood de George R.R. Martin, nos lleva casi 200 años antes de los eventos de Game of Thrones. Todo arranca cuando el rey Viserys I Targaryen pierde a su esposa y, al quedarse sin un heredero varón, decide nombrar a su hija Rhaenyra como la próxima reina del Trono de Hierro. Para asegurarse de que su voluntad se respete, reúne a los grandes señores del reino y les exige jurarle lealtad.
Pero, como era de esperarse en la familia Targaryen, las cosas se complican. Años después, Viserys vuelve a casarse y tiene un hijo, Aegon. Cuando finalmente muere, gran parte de la nobleza decide que un hombre debe ocupar el trono, sin importar lo que el rey había decretado. Así comienza la Danza de los Dragones, una guerra civil entre miembros de la misma familia que cambiaría para siempre el destino de Westeros y se convertiría en uno de los capítulos más brutales de toda la historia Targaryen.

La historia real que inspiró House of the Dragon
Aunque los Targaryen son completamente ficticios, el conflicto está inspirado en un episodio histórico conocido como La Anarquía, una guerra civil inglesa que ocurrió entre 1135 y 1153.
Todo comenzó con el rey Enrique I de Inglaterra, quien perdió a su único hijo legítimo en el desastre del White Ship en 1120. Sin un heredero hombre, tomó la decisión de nombrar heredera a su hija, la emperatriz Matilde, y obligó a la nobleza a prometer que respetaría esa decisión. ¿Te suena familiar?
La figura de Rhaenyra está inspirada en la emperatriz Matilde, una mujer que estaba más que preparada para gobernar, pero que vivió en una época en la que muchos simplemente no aceptaban que una mujer ocupara el trono. Aunque nunca consiguió convertirse en reina, logró negociar la paz para que su hijo, Enrique, fuera reconocido como el siguiente rey de Inglaterra. Un desenlace mucho menos trágico que el de House of the Dragon, pero sorprendentemente parecido: al final, también es el hijo de Rhaenyra quien termina heredando el trono, convirtiéndose en el rey Aegon III.
Cuando Enrique I murió en 1135, muchos nobles rompieron el juramento que habían hecho años antes y apoyaron a Esteban de Blois, primo de Matilde, quien rápidamente fue coronado rey. Matilde nunca renunció a su derecho al trono y comenzó una guerra civil que duró casi dos décadas. No hubo dragones, pero sí castillos sitiados, traiciones, alianzas cambiantes y miembros de una misma familia enfrentándose por la corona. Básicamente, Westeros versión siglo XII.

¿Por qué se llamó “La Anarquía”?
El conflicto recibió ese nombre porque, durante mucho tiempo, se creyó que el reinado de Esteban estuvo marcado por el caos absoluto y la falta de control del reino. Sin embargo, varios historiadores modernos consideran que el término es un poco exagerado. De hecho, Esteban logró mantenerse en el poder durante 19 años, algo que difícilmente habría conseguido si el país hubiera estado completamente fuera de control.
Aun así, la inestabilidad política, las luchas entre nobles y la disputa por la sucesión fueron suficientes para convertir este periodo en una de las mayores inspiraciones de George R.R. Martin.
George R.R. Martin hizo mucho más que copiar la historia
Como ya es tradición en el universo de Game of Thrones, George R.R. Martin tomó un episodio de la historia y lo convirtió en fantasía. La Anarquía fue el punto de partida, pero le añadió dragones, personajes inolvidables y una dosis extra de drama. Tal vez por eso sus historias se sienten tan humanas: porque las luchas por el poder, las traiciones y las ambiciones no son cosa de Westeros, sino de la historia misma.
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