Si ya viste Voicemails for Isabelle, lloraste y te enamoraste de Nick Robinson otra vez, tenemos un fun fact interesante para ti: la nueva comedia romántica de Netflix tiene una inspiración real detrás de su historia.
La película, que llegó a la plataforma el 19 de junio, ya es oficialmente la rom-com del mes. Y aunque la historia de Jill y Wes no ocurrió exactamente como la vemos en pantalla, la idea original nació de una experiencia muy personal para su creadora.

La historia real que inspiró Voicemails for Isabelle
La película fue escrita y dirigida por Leah McKendrick, quien además aparece en la peli interpretando a Breeda. En una entrevista reciente con People, la cineasta reveló que el proyecto comenzó hace más de siete años como una especie de carta de amor para su propia hermana.
A diferencia de Isabelle, la hermana de McKendrick está perfectamente bien. Sin embargo, la idea surgió después de escuchar a una comediante contar un chiste sobre su padre, quien solía dejarle mensajes de voz larguísimos hablando de cosas completamente cotidianas.
El giro del chiste era que esos mensajes dejaron de llegar porque él había fallecido. Mientras la mayoría del público permaneció en silencio, McKendrick no pudo dejar de pensar en algo: si ella perdiera a su hermana, probablemente seguiría llamándola una y otra vez. Y justo ahí nació la semilla de Voicemails for Isabelle.
La directora también explicó que cuando su hermana se mudó a Nueva York para estudiar, ella le dejaba mensajes interminables contándole absolutamente todo sobre su día. Desde pequeños dramas cotidianos hasta pensamientos completamente aleatorios.
Entonces se hizo una pregunta: ¿qué pasaría si un desconocido escuchara la versión más auténtica, vulnerable y sin filtros de una persona? ¿Y qué ocurriría si se enamorara precisamente de esa versión? De esa idea surgió toda la película.

¿De qué trata Voicemails for Isabelle?
La historia sigue a Jill (Zoey Deutch), una joven que intenta sobrellevar la muerte de su hermana Isabelle, quien falleció a causa de fibrosis quística.
Como una forma de mantenerse conectada con ella, Jill continúa llamando a su antiguo número telefónico y dejándole mensajes de voz sobre todo lo que ocurre en su vida: citas desastrosas, frustraciones laborales, momentos vergonzosos y pensamientos que jamás compartiría con nadie más.
Lo que ella no sabe es que el número ya fue reasignado. Ahora pertenece a Wes (Nick Robinson), un agente inmobiliario de Texas que, por accidente, empieza a escuchar todos esos mensajes.
Lo que comienza como una curiosidad termina convirtiéndose en algo mucho más profundo. Mensaje tras mensaje, Wes siente que conoce a Jill mejor que muchas de las personas que la rodean. Y eventualmente decide viajar hasta San Francisco para contarle la verdad.
Porque claramente no existe una forma sencilla de explicarle a alguien que llevas meses escuchando sus mensajes privados y que, además, te enamoraste en el proceso.

La rom-com que está devolviendo la fe en el género
Entre el humor incómodo, el duelo, las segundas oportunidades y una premisa que parece sacada de una película de principios de los 2000, Voicemails for Isabelle se siente como un regreso a esa era dorada de las comedias románticas que nos hacían suspirar frente a la pantalla.
Y quizá esa sea precisamente la razón por la que está conectando con tanta gente: aunque la historia no ocurrió exactamente así, las emociones que la inspiraron son completamente reales.
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