Si estás viendo la nueva adaptación de Como agua para chocolate en Max y ya estás oficialmente obsesionada con Tita y Pedro… same. La tensión, las miradas contenidas, el drama familiar, el realismo mágico y esa intensidad romántica que duele delicioso. Pero si ya no puedes esperar a que la serie avance (porque seamos honestas, necesitamos saber YA), aquí te contamos qué pasa en el libro de Laura Esquivel y por qué esta historia es tan romántica como devastadora. Spoiler alert.

¿De qué trata Como agua para chocolate?
La serie producida por Salma Hayek para Max adapta la icónica novela de Laura Esquivel, una de las historias más importantes del realismo mágico mexicano. Ambientada durante la Revolución Mexicana, sigue a Tita De la Garza, la hija menor de una familia marcada por una tradición cruel: no puede casarse porque debe cuidar a su madre hasta que ésta muera.
¿El problema? Tita se enamora profundamente de Pedro Múzquiz.
Como no puede casarse con ella, Pedro toma la decisión más dolorosa y polémica posible: se casa con Rosaura, la hermana de Tita, solo para permanecer cerca de su verdadero amor. Y así comienza una historia de deseo reprimido, celos, culpa y pasión imposible.
Ah, y detalle importante: Tita canaliza todo lo que siente a través de la cocina. Sus emociones —amor, tristeza, furia, deseo— se convierten en ingredientes que afectan mágicamente a quienes prueban sus platillos.

¿Dónde nos dejó la serie?
Hasta ahora hemos visto a Tita sufrir, creer que Pedro murió y comenzar a abrir su corazón al doctor John Brown, quien la rescata del manicomio donde Mamá Elena la interna. John representa estabilidad, ternura y una posible vida tranquila lejos del caos.
Pero claro… cuando Tita empieza a considerar esa posibilidad, Pedro reaparece. Y todas las emociones que creía enterradas vuelven con más fuerza que nunca.
Y aquí es donde el libro se pone INTENSO.
¿Qué pasa realmente en el libro con Tita y Pedro?
Después de que Mamá Elena muere, Pedro y Rosaura regresan al rancho. Rosaura está embarazada de su segunda hija, Esperanza. El ciclo parece repetirse.
John le propone matrimonio a Tita, y por un momento parece que podría elegir una vida distinta. Pero el amor por Pedro nunca desapareció. Una noche de pasión entre ellos cambia todo: Tita queda embarazada. Ella decide cancelar su compromiso con John.
Sin embargo, el embarazo resulta ser psicológico. Una manifestación de su deseo, de su culpa y de toda la represión acumulada. Y en medio de todo esto, el espíritu de Mamá Elena sigue apareciendo para atormentarla hasta que Tita finalmente la confronta y le confiesa que siempre la odió. Es el momento más poderoso de liberación emocional de la novela.
Pedro resulta herido en un accidente provocado indirectamente por esa tensión sobrenatural, y Tita lo cuida con sus remedios caseros. Mientras tanto, John regresa de Estados Unidos acompañado de su tía abuela Mary y demuestra algo que duele leer: la ama incluso sabiendo que no es “perfecta”. Es el amor más sano de la historia pero no es el que Tita elige.

El final que nadie supera
Los años pasan. Esperanza, la hija de Rosaura, logra romper la tradición familiar y se casa con Alex, el hijo de John. Y entonces llega la escena más intensa de la novela.
Después de la boda, Tita y Pedro finalmente pueden entregarse sin culpa. En ese momento de pasión absoluta, Pedro muere en sus brazos. Literalmente muere de felicidad.
Tita, devastada pero también decidida a reunirse con él, recuerda la teoría que John le había explicado sobre el fuego interior que todos llevamos dentro. Para avivarlo, come cerillos (sí, cerillos) mientras piensa en cada recuerdo compartido con Pedro. El rancho entero se incendia en una llamarada que dura días.
Bajo las cenizas, solo sobrevive el recetario de Tita.
Ese libro de cocina es encontrado por Esperanza y, años después, entregado a su hija, quien se revela como la narradora de toda la historia. Porque al final, lo que queda no es el rancho, ni la tradición, ni el dolor. Es la memoria. Y el amor.

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