Hay hombres famosos. Y luego está Pedro Pascal, el internet’s daddy. Desde que lo vimos como el inolvidable (y bisexual) Oberyn Martell en Game of Thrones, supimos que tenía algo distinto. Después nos rompió emocionalmente como Joel en The Last of Us, se puso casco como Din Djarin en The Mandalorian y ahora se suma oficialmente al universo Marvel como Reed Richards en Fantastic Four. Carrera impecable, fandom obsesionado y una pregunta que nunca descansa: ¿Pedro Pascal es gay?
La respuesta corta es: no lo sabemos. La respuesta larga es: tampoco tenemos por qué saberlo.

¿Qué hace diferente a Pedro Pascal?
Pedro nunca ha etiquetado públicamente su orientación. No se ha declarado gay, ni straight, ni nada intermedio. En entrevistas, cuando la conversación se acerca demasiado a su vida privada, responde con elegancia y cambia de tema. No es evasivo; es claro en algo: su intimidad no es contenido.
Si algo sí es indiscutible es su apoyo constante a la comunidad LGBTQ+. Cuando su hermana, la actriz chilena Lux Pascal, habló públicamente sobre su identidad trans, Pedro fue uno de sus mayores respaldos. No solo en privado, sino frente a cámaras, en alfombras rojas y en entrevistas donde ha defendido abiertamente los derechos y la representación queer.
No es casualidad que gran parte de su filmografía juegue con masculinidades no tradicionales. Oberyn vivía su bisexualidad con naturalidad absoluta. Joel es rudo, sí, pero emocionalmente vulnerable. Mando es protector sin caer en el macho caricaturesco. Pedro ha construido una carrera interpretando hombres complejos, sensibles, intensos, muchas veces alejados del héroe hipermasculino clásico.
Y claro, cuando combinas eso con su estilo de joyería llamativa, estampados florales y siluetas fluidas, el internet empieza a hacer teorías.
El momento que lo cambió todo
Hace poco, paparazzi captaron a Pedro caminando por Nueva York del brazo de Rafael Olarra. Después fueron vistos asistiendo juntos a una función de Wuthering Heights. Las imágenes mostraban cercanía entre ambos pero nada explícito, pero suficiente para que el debate explotara otra vez.
Ni Pedro ni Olarra han aclarado la naturaleza de su relación. Y probablemente no lo harán. Pero el simple hecho de que una de las mayores estrellas de Hollywood pueda caminar públicamente del brazo de otro hombre, sin que eso destruya su carrera ni su estatus de sex symbol, tiene un peso simbólico enorme.
Durante años nos vendieron la idea de que una gran estrella abiertamente gay no podía “vender” películas. Que el público no la iba a comprar como protagonista romántico. Que había reglas no escritas en Hollywood y que más valía no romperlas.
Pero Pedro parece estar jugando en otro tablero. No se esconde de las cámaras, no siente que le deba un comunicado oficial a nadie y claramente no vive pendiente de lo que puedan interpretar. Sale con quien quiere, camina del brazo de quien quiere y si hay fotógrafos alrededor… pues que tomen la foto. Él sigue su vida.
Y tal vez ahí está el verdadero atractivo. Porque Pedro Pascal no nos debe una respuesta.
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