Pamela Moreno está en un momento en el que parece tener cada vez más claro quién quiere ser, dentro y fuera de la pantalla. Con El otro padre ya disponible en Netflix, platicamos con ella sobre crecer como actriz, aprender a convivir con las redes, usar su voz para hablar de lo que le importa, hacer las paces con sus versiones pasadas y ese sueño que todavía tiene pendiente: protagonizar historias en inglés.

Styling: Chiara Primatesta @itsfatherfigure
Si pudieras sentarte cinco minutos con la Pame que apenas estaba empezando a actuar, ¿qué le pedirías que deje de preocuparle tanto y qué le pedirías que nunca pierda?
Le diría que esto no es un sprint, es un ultramaratón, así que hay que aprender a aguantar. Que nunca deje de creer, de aprender, de escuchar y que no se deje guiar por voces externas. Que no se preocupe por no haber podido estar en el CEA Infantil como quería, porque no la dejaron, ya que más adelante va a estar en RADA y, además, como aprendió desde chiquita a actuar, tiene una intuición que no se puede aprender en la escuela.
Le pediría que nunca pierda esa capacidad de asombro y de ver todo con los ojos de una niña que apenas está descubriendo el mundo. Que no deje lo que le gusta porque los demás la molestan, porque esas mismas personas unos años después van a aplaudirle como si hubieran sido su apoyo número uno.
Entre cine, televisión y creación de contenido, has construido una carrera con caminos muy distintos. ¿Qué parte de tu trabajo sientes que te ha ayudado más a descubrir quién eres como actriz?
Hay una frase que dice: “Soy un museo de todas las cosas que amo”, y lo resume perfecto. Todo me ha llevado a entender quién soy como actriz, incluso momentos que no tienen nada que ver con lo profesional. Aprender a abrazar la tristeza, por ejemplo, es un trabajo muy personal que se traslada a la actuación. En esta carrera te tienes que conocer muy bien para poderte desconocer.
Ya podemos verte en El otro padre, de Netflix. ¿Qué versión de Pame estamos descubriendo en estos proyectos que quizá no habíamos visto antes?
Una versión con mucha más confianza en sí misma, que ya no tiene miedo a hacer y deshacer. Ya no me da pena ni miedo ocupar espacio y hacer ruido, y espero que eso se note cada vez más.


Fotos: César Larenaudie
Styling: Chiara Primatesta
¿Cuál ha sido el personaje que más te ha movido personalmente y qué parte de él se quedó contigo después de terminar de grabar?
Sin duda, Victoria. Para mí hay un antes y un después con ella porque me enseñó tanto en tan poco tiempo. Tiene una confianza en sí misma y en su valor que es contagiosa. Victoria es la amiga que todos hubiéramos querido tener y, al mismo tiempo, la persona que, por lo menos yo, quisiera ser. Me quedo con su valentía, su necedad y su pasión por la vida y por los suyos.
Has usado tu plataforma para hablar de salud mental, feminismo y distintas causas sociales. ¿Cómo decides qué temas poner sobre la mesa?
Nunca ha sido algo que decido como tal, es algo que me nace, como si algo dentro de mí fuera a explotar si no lo saco. Es algo que comparto con Victoria: tengo una sensibilidad muy profunda ante las injusticias.
Desde chica fui la “recha” o a la que le hacían bullying y, por lo mismo, intento ser la primera en incluir o defender; es algo que tengo arraigado. No me puedo quedar callada, para bien (o para mal, si eres mi papá). Y sí ha sido un problema, porque me han llegado amenazas de muerte y he tenido que ir a presentar una denuncia ante el Ministerio Público. Pero es lo mínimo que puedo hacer. Tengo una plataforma privilegiada que, afortunadamente, puedo poner al servicio de ciertas causas y hacer que se escuchen.
¿Qué idea sobre ti misma tuviste que desaprender para convertirte en la mujer que eres hoy?
Que calladita me veo más bonita y que encajar con los de alrededor me va a proteger de sufrir. Es algo que me tragué durante muchos años, intentando hacerme chiquita para, según yo, ser más digerible. Sin embargo, nadie ha logrado hacer una diferencia quedándose dentro de las líneas preestablecidas por la sociedad. He tenido que aprender a tomar espacio y hasta a no quitarme cuando voy caminando y un hombre viene en la misma dirección: yo no tengo por qué hacerme a un lado para que él pase. También a estar incómoda, porque dentro de la comodidad nunca logras nada extraordinario.
Las redes sociales pueden ser inspiración y trabajo, pero también comparación constante. ¿Qué haces para que el algoritmo no termine decidiendo cómo te sientes contigo misma?
Intento no consumir contenido que no me vaya a nutrir de alguna manera. Por ejemplo, sé que TikTok y Reels son muy adictivos, pero los uso a mi favor y me aparece mucha crítica social, literatura, arte y, obvio, entretenimiento, aunque principalmente los uso como una plataforma para aprender. Llega un punto clave cuando empiezas a crecer como persona pública en el que hay dos opciones: dejas que te absorba o aprendes a darle la vuelta y entiendes que todo es una proyección de quien lo dice y no tiene nada que ver contigo.
Entonces, cada que veo algún comentario, ahora lo hago desde un lugar de tristeza, pero no hacia mí sino hacia la persona que lo dejó, porque habla de sus carencias. Claro que hay veces que pega un poco más fuerte que otras, pero es cosa de recordarme quién soy y no darle el lujo a alguien a quien nunca he visto a los ojos de decidir cómo me voy a sentir.
Si revisáramos todos tus looks de los últimos diez años, ¿cómo dirías que ha evolucionado tu estilo y la forma en la que te relacionas con la moda?
Me da risa ver mi evolución porque, obvio, hay muchos looks con los que digo: “Madre mía, ¿qué estaba pensando?”. Pero al mismo tiempo me da gusto porque reflejan a una niña intentando encontrarse por todos lados. Me da muchísimo gusto que haya hecho y deshecho, y si ahora lo veo y me da cringe, solo significa que tuve los ovarios de intentar algo diferente. No puedes abrazar a la persona que eres estando avergonzada de quién eras.
Dentro de todo, la moda sigue siendo lo que siempre fue: una manera de expresarme. Mi hermana Vanya y yo decimos que nuestro estilo se define como camaleónico porque, aunque claro que hay estilos que han permeado en mi vida, no hay nada más divertido que adaptarte y disfrazarte un poco dependiendo de la ocasión. Entonces mañana me puedo vestir como rockstar que no ha dormido en cinco días y pasado mañana como princesita para alguna otra cosa.
Y en beauty… ¿hay algún ritual, producto o algo que para ti tenga mucho más que ver con sentirte bien que con verte “perfecta”?
Últimamente he estado usando mucho menos maquillaje que cuando era más chica y visiblemente me veo más joven que hace años, lo cual me da muchísima risa. Como tal, creo que nunca he buscado sentirme perfecta, sino sentirme yo, sin importar lo mucho o poco que me ponga o haga.
Sin embargo, sí he notado que cuando me pongo pequitas me siento mucho más yo. Y es curioso porque mis pecas en realidad son manchas de sol, lo cual está fatal, pero tanto las pecas como una pasada de máscara hacen que pase de Pamela a PAMELA, en mayúsculas.
¿Qué sueño de Pame sigue guardado en la carpeta de “algún día” y te gustaría convertir muy pronto en “ya está pasando”?
Protagonizar proyectos en inglés. Por un lado, claro, porque el apogeo de esta industria es hollywoodense, pero también porque aprendí inglés a la par, si no es que antes, que el español y, para bien o para mal, siento que me desenvuelvo mejor en inglés.
Leo principalmente en inglés (aunque ya estoy buscando activamente autoras en español; ahorita estoy leyendo a Clarice Lispector, que bueno, en realidad es portugués, pero la estoy leyendo en español), escribo en inglés y el contenido que consumo es en inglés. También he estado investigando cómo cambiar de idioma puede ser una forma de mecanismo de protección en la que te sientes más libre de expresarte porque estás usando literalmente el lenguaje como barrera. Sea lo que sea, le tengo muchas ganas.
Sobre todo quiero hacer películas o series basadas en libros. Es lo que más disfruto en la vida y, como buena niña ratón de biblioteca, Los Juegos del Hambre fueron un parteaguas para mí. Mi sueño sí sería alguna distopía del estilo. Muchas personas se han reído cuando cuento eso, pero ¿de dónde creen que mi generación sacó tanta intolerancia a la injusticia y al fascismo?
El arte es la mejor manera de introducirle temas al mundo; por algo cada vez que hay una revolución, lo primero en ser censurado es el arte. Contar historias, en general, es lo que más amo en la vida y va a ser el privilegio más grande poder seguir haciéndolo.
Fotógrafo: César Larenaudie @cesarlarenaudie
Styling: Chiara Primatesta @itsfatherfigure
Makeup: Ale Romua @aleromua
Pelo: Alex Iñiguez @alejandroiniguezhair
Agencia: Punto Entertainment @puntoentmx
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