Entrevista con nuestra villana fav de Amor de oficina, Paola Fernández
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Entrevista con nuestra villana fav de Amor de oficina, Paola Fernández

Arrancar el año con un estreno global en Netflix no es poca cosa —y Paola Fernández lo sabe. Este 2026 la encuentra en uno de los momentos más emocionantes de su carrera con Amor de oficina, la comedia que se burla con cariño del mundo godín y promete convertirse en tu nueva obsesión de sofá. Entre jerarquías absurdas, luchas de poder corporativas y un romance que amenaza con arruinarlo todo, Paola se luce como Larissa: una villana privilegiada y peligrosamente encantadora.

Hablamos con ella sobre ese salto de fe que la trajo a la CDMX, lo divertido y retador de interpretar a una “mala” que no se cree mala, por qué hacer castings con fiebre puede ser buena idea y cómo este proyecto le dio una seguridad nueva como actriz. 

Entrevista con nuestra villana fav de Amor de oficina, Paola Fernández
fotos: @bryanfls

Conoce a Paola Fernández, la villana que amarás odiar en Amor de oficina

¿Cómo fue tu camino para entrar al mundo de la actuación? 

Desde que era chica y vi mi primera novela, Luz Clarita, supe que quería ser actriz. En mi adolescencia lo veía como algo lejano, ya que en Guadalajara, en ese momento, no tenía ni idea de cómo se empezaba ni veía a mucha gente de mi perfil en la tele. Al cumplir 19, me metí a Internet, busqué “escuelas de actuación” y la primera que me apareció fue Casazul. Me vine a la CDMX sin conocer a nadie, hice el casting y así fue como comenzó todo.

Empiezas el 2026 con un estreno global en Netflix. ¿Cómo se siente arrancar el año con Amor de oficina? 

Estoy muy emocionada y agradecida de empezar el año así. Eso indica que será un gran 2026.

Amor de oficina se adentra en el mundo godín desde la comedia. ¿Qué fue lo primero que te atrapó del proyecto?

Yo había hecho un casting para el personaje de Graciela, que es el personaje principal. Me había encantado y, cuando me dijeron que no quedé, me puse muy triste, ya que lo que había leído del guión me gustaba mucho; se me hacía muy divertido.

Meses después, yo estaba de viaje (tenía influenza en ese momento) y me llegó el casting de Larissa. Me obsesioné porque, desde hacía tiempo, ya tenía ganas de interpretar un personaje así, de adentrarme en su mundo. Y, con todo y fiebre, hice el casting, luego el callback y así fue como pasó. ¡Recomiendo hacer castings enfermos para que la mente deje de sobrepensar tanto! Jaja.

Interpretas a una de las villanas principales de la serie. ¿Cómo describirías a tu personaje y su lugar dentro de la dinámica de la oficina? 

Describiría a mi personaje como alguien que no es mala, mala; más bien, su mundo no le ha permitido ver más allá de su privilegio. Entonces, realmente, las cosas que dice cree que las hace desde la empatía.

Es una diseñadora que estudió en Milán y París, y está frustrada porque está trabajando donde nunca soñó estar y, por eso, puede tener actitudes más despóticas. Pero tiene buen corazón.

Las villanas suelen ser personajes muy memorables. ¿Qué fue lo más divertido —y lo más retador— de construir a Larissa? 

Lo más divertido fue que crecí con muchas Larissas. Muchas cosas las basé en mis primas de Guadalajara; no en lo villanas, pero sí en las muletillas que tienen, lo femeninas que son y en que son fresas. Entonces, en cada escena, imaginaba qué harían ellas. Y, claro, también dentro de mí hay una Larissa. Además, nunca había interpretado un personaje así y, por un momento, era divertidísimo ser políticamente incorrecta.

Lo más retador fue que yo tiendo a ser más correcta, más justiciera, etcétera. Entonces sí hubo frases con las que no me sentía a gusto al decirlas, porque no quería que alguien de la audiencia pudiera sentirse ofendido. Pero al final sí le entré al juego, porque así es el personaje. Y hoy en día, en el mundo tan superfluo en el que vivimos, abundan las Larissas, y eso no las hace malas personas; simplemente viven en una realidad que solo un porcentaje muy pequeño habita: la del privilegio. Y me gustó explorar eso.

Tu personaje se mueve en un entorno donde el poder, las jerarquías y las apariencias lo son todo. ¿Crees que ese contexto influyó en sus decisiones y terminó convirtiéndola en la villana de la historia? 

Larissa no nació siendo “la villana”. Ese entorno de lujo, poder y apariencias es el cristal a través del cual ve el mundo. Sus decisiones, por más cuestionables que parezcan, son el resultado de una persona que nunca ha tenido que cuestionar sus privilegios. Más que una villana, es un producto fiel de su burbuja. Eso no excusa sus acciones, pero sí las explica y la hace mucho más interesante y real. En la serie, Stephanie Salas hace un papel increíble como mi mamá. Su personaje es clave porque, en gran parte, explica por qué Larissa es como es.

Más allá del humor, ¿qué crees que dice la serie sobre el mundo laboral actual? 

Pues que, en el mundo laboral, como en la vida misma, todavía hay muchas desigualdades y favoritismo. ¡Mucho que mejorar, vaya!

¿Sientes que este proyecto marca un antes y un después en tu carrera? 

He dejado de ponerle muchas expectativas a lo que va a pasar con cada personaje o proyecto que hago, en cuanto a la reacción que pueda tener en el medio y el público. Claro, quiero que le vaya súper bien, pero cuando solo te enfocas en eso y no pasa, se sufre mucho. Este proyecto, en cambio, sí marca un antes y un después en mí. Nunca había interpretado un personaje así: uno con el que pude jugar mucho, improvisar y explorar libremente. Eso me dejó una seguridad nueva sobre lo que soy capaz, más allá del resultado.

Para quienes están a punto de verla, ¿por qué no deberían perderse Amor de oficina? 

Porque a veces solo necesitamos algo divertido y con lo que conectemos fácilmente. Amor de oficina es exactamente eso. Y, además, es una oportunidad perfecta para apoyar lo que se está haciendo en México.

Mirando hacia adelante, ¿qué te gustaría explorar en la siguiente etapa de tu carrera como actriz? 

Lo que más deseo en estos momentos es hacer cine. Tengo muchas ganas de dar ese salto y encontrar personajes que sean un verdadero reto, que me exijan salir de mi zona de confort tanto física como emocionalmente. Historias que me transformen y proyectos que me obliguen a ir más allá de lo que creo que soy capaz.

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