Durante mucho tiempo creímos que el amor ideal era el que duraba para siempre bajo las mismas reglas y que el dolor exigía una explicación lógica. Hoy, Aislinn Derbez nos demuestra que la verdadera magia empieza cuando dejamos de buscar respuestas y empezamos a abrazar las preguntas; cuando entendemos que soltar no es perder, sino hacer espacio para lo que sigue.
Para nuestra portada digital de julio, Aislinn llega como parte del squad de Charlotte Tilbury luciendo un beauty look espectacular logrado con los productos de la colección Unreal de la marca (mantente pendiente de nuestro Instagram porque te revelamos todos los secretos para que puedas recrearlo paso a paso), y platicamos con ella sobre Hasta el fin del mundo, su más reciente película, el reencuentro en el set con Mauricio Ochmann desde un lugar profesional y la paz de dejar ir las expectativas ajenas para darle espacio a lo verdaderamente importante.
En esta conversación, la actriz nos abre una ventana a su presente para recordarnos que el trabajo personal debe ser real y también el camino que nos permite volver a nosotras mismas.
Habitar el presente con la ventana abierta al futuro
Cuando leíste por primera vez el guion de Hasta el fin del mundo, ¿qué fue lo primero que resonó en tu propio concepto de lo que significa ir al límite por alguien o por uno mismo?
Fue la pregunta que atraviesa toda la película: no el por qué de las cosas, sino el para qué. Esa distinción me cambió algo adentro desde la primera lectura. Porque yo también había vivido momentos donde el dolor no tenía explicación lógica y aprender a buscarle el sentido en lugar de la causa fue uno de los trabajos más importantes de mi vida.
Si pudieras rescatar una sola decisión que toma tu personaje en esta historia y que te haya hecho pensar “esto lo aplico para mi vida”, ¿cuál sería?
La de seguir luchando cuando ya no quieres. Hay un momento en que Esmeralda decide continuar no porque tenga esperanza, sino porque hay algo sin resolver que merece una respuesta. Esa decisión de no rendirse antes de tiempo, de darle al presente una oportunidad más, es algo que yo también he tenido que elegir en momentos difíciles. Y siempre ha valido la pena.
La película nos habla inevitablemente de los caminos que se cruzan. Existe este eterno debate entre si el destino ya está escrito o si lo vamos dibujando paso a paso. Desde tu propia evolución, ¿crees que el destino es un mapa predeterminado o más bien toma forma cuando nos atrevemos a tomar decisiones conscientes?
Creo que ambos. Hay cosas que llegan… personas, momentos, pérdidas que siento que estaban escritas. Que tenían que pasar exactamente así para que yo pudiera ser quien soy hoy. Pero también creo que lo que haces con eso es completamente tuyo. El destino te pone enfrente la situación. La decisión consciente es lo que determina quién sales siendo del otro lado.
Dicen que los reencuentros no son para volver al pasado, sino para medir cuánto hemos caminado. ¿Qué fue lo que más te sorprendió de tu propia evolución desde la última vez que Mauricio y tú trabajaron juntos?
Que no había nada que demostrar. La última vez que trabajamos juntos éramos pareja, había una mezcla de amor, de expectativa, de querer que el otro te vea de cierta manera. Esta vez llegué completa. Sin necesitar nada de él que no fuera lo que ya teníamos. Y eso me sorprendió porque no lo esperaba pero también me confirmó que el trabajo personal de estos años había sido real.
¿Qué fue lo más retador y lo más divertido de contar la historia de esa película?
Lo más retador fue habitar el dolor de Esmeralda sin perderme en él. Es una mujer que carga mucho y había momentos donde la línea entre ella y yo se ponía muy delgada. Lo más divertido, sin duda, fue estar en Madrid con Mau y con Kailani al mismo tiempo. De día en el set siendo Manuel y Esmeralda, de noche siendo familia. Eso no lo cambio por nada.
¿Qué significa hoy para Aislinn Derbez la palabra “amor” y cómo ha cambiado tu definición de una “relación ideal” a lo largo de estos años de introspección?
Antes creía que el amor ideal era el que duraba para siempre de la misma forma. Hoy sé que el amor más real es el que te deja crecer aunque eso signifique transformarse en algo que no tiene nombre en el diccionario. Mi relación con Mau es prueba de eso. Ya no busco el amor que me complete. Busco el amor que me deje ser entera.
En la vida real y en la pantalla, soltar es una de las decisiones más difíciles. ¿Cómo aprendiste a distinguir la diferencia entre “rendirse” ante una situación y elegir tu propia paz?
Tardé en entenderlo, pero la diferencia la sentí en el cuerpo. Rendirse se siente como derrota, hay algo que queda sin resolver, una sensación de incompletud. Elegir tu paz se siente como soltar algo que ya cargaste suficiente. Una es reacción. La otra es decisión. Y la decisión siempre viene de un lugar más quieto, más tuyo, más claro.
Estás en un momento de tu vida donde la autenticidad y el bienestar son tus banderas. Más allá de las pantallas y las red carpets, ¿cuáles son esos pequeños rituales cotidianos que hoy te hacen sentir verdaderamente plena y enraizada?
El silencio de la mañana antes de que empiece todo. Leer. Moverme no para verme de cierta manera, sino porque mi cuerpo lo necesita. Tiempo con Kailani sin teléfono, sin agenda, sin prisa. Y escribir aunque sea un pensamiento suelto en las notas del celular. Son cosas pequeñas, pero son las que me recuerdan quién soy cuando nadie está mirando.
Si la Aislinn de hoy pudiera sentarse a tomar un café con la Aislinn de hace diez años, justo antes de los grandes torbellinos de la vida, ¿qué le dirías al oído para darle calma?
Que no intente entenderlo todo antes de vivirlo. Que el control que tanto busca es una ilusión cara. Que las cosas que más le dan miedo van a ser exactamente las que más la van a formar. Y que la mujer que quiere ser la que ha anhelado ser toda su vida ya está adentro. Solo necesita dejar de pedirle permiso al mundo para salir.
¿Cuáles son tus criterios actualmente para elegir las historias de las que quieres ser parte?
Que me muevan algo. Que me exijan ir a lugares que no he explorado o que me confronten con algo de mí misma que todavía no entiendo del todo. Y que tengan algo verdadero para decirle al mundo; no solo entretenimiento, sino algo que la persona que lo vea se lleve adentro. Si una historia no me cambia algo a mí primero, difícilmente va a cambiarle algo a alguien más.
¿Qué huella te gustaría que deje Hasta el fin del mundo en las personas que la vean?
Que la gente salga con permiso. Permiso de amar diferente, de soltar sin culpa, de redefinir lo que significa una familia, una relación, un final. Que quien esté atravesando una pérdida o una separación pueda verse en esta historia y entender que del otro lado no hay vacío, hay algo nuevo que todavía no sabe nombrar. Eso me bastaría.
Si tu momento actual de vida tuviera una canción, una palabra y una imagen, ¿cuáles serían?
Una canción: Sentirlo todo de Arath Herce. Una palabra: apertura. Una imagen: la de una ventana abierta con luz entrando, sin saber exactamente qué hay afuera. Eso es exactamente donde estoy.
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