Mientras la luz roja sigue siendo la favorita para combatir los signos de la edad, una nueva protagonista está captando la atención de dermatólogos y amantes del skincare: la terapia de luz amarilla.
Si pensabas que la luz roja era la reina de los tratamientos LED para la piel, es momento de conocer a su nueva competencia. La terapia de luz amarilla (Yellow Light Therapy) está ganando popularidad gracias a su capacidad para ayudar a reducir el enrojecimiento, mejorar la luminosidad de la piel y favorecer la recuperación después de algunos procedimientos dermatológicos. Aunque todavía no cuenta con tanta evidencia científica como la luz roja, los especialistas consideran que puede ser una excelente aliada para pieles sensibles o con inflamación.
¿Qué es la terapia de luz amarilla?

Se trata de un tratamiento de fotobiomodulación que utiliza longitudes de onda de aproximadamente 570 a 590 nanómetros para actuar sobre las capas más superficiales de la piel. A diferencia de otros tratamientos que generan calor, esta tecnología LED es no invasiva y busca estimular procesos naturales de reparación celular sin dañar la barrera cutánea.
Su principal atractivo es que está diseñada para calmar la piel, por lo que suele recomendarse cuando existe irritación, sensibilidad o enrojecimiento.
¿Cuáles son sus beneficios?
Aunque las investigaciones siguen evolucionando, los estudios disponibles y la experiencia clínica apuntan a varios beneficios potenciales:
- Ayuda a disminuir el enrojecimiento y la inflamación.
- Favorece una apariencia más uniforme del tono de la piel.
- Puede acelerar la recuperación después de tratamientos dermatológicos.
- Estimula la circulación superficial, aportando un aspecto más luminoso.
- Es una opción interesante para personas con piel sensible o con tendencia a la rosácea.
Eso sí, los expertos coinciden en que no debe verse como una solución milagrosa, sino como un complemento dentro de una rutina de cuidado de la piel.
¿En qué se diferencia de la luz roja?
Aunque ambas pertenecen a la familia de la terapia LED, trabajan de forma distinta.
La luz roja penetra más profundamente en la piel, por lo que se utiliza principalmente para estimular la producción de colágeno, mejorar la firmeza, suavizar líneas de expresión y favorecer la reparación de los tejidos. Es la que cuenta con mayor respaldo científico hasta el momento.
La luz amarilla, en cambio, actúa en capas más superficiales. Su enfoque está en calmar la piel, reducir el enrojecimiento y mejorar la luminosidad, por lo que puede ser especialmente útil después de procedimientos estéticos o en personas con piel reactiva.
En pocas palabras:
- Luz roja: ideal para firmeza, colágeno y signos de envejecimiento.
- Luz amarilla: enfocada en calmar, reducir rojeces y devolver el glow.
¿Realmente funciona?
Los dermatólogos consideran que la terapia de luz amarilla es prometedora, pero todavía necesita más estudios para confirmar todos sus beneficios a largo plazo. La evidencia que respalda la luz roja sigue siendo considerablemente más sólida, mientras que la amarilla aún se encuentra en una etapa más temprana de investigación.
Si estás pensando en probarla, lo ideal es hacerlo primero en una clínica dermatológica o con dispositivos LED que cuenten con certificaciones adecuadas. Además, recuerda que ningún tratamiento de luz sustituye el uso diario de protector solar, una rutina de skincare bien formulada ni la valoración de un especialista cuando existe alguna condición médica de la piel.
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