Antes de las influencers: las mujeres que construyeron la industria de la belleza
Badass Woman

Antes de las influencers: las mujeres que construyeron la industria de la belleza

Mujeres que mezclaron fórmulas, probaron ingredientes, enseñaron rutinas… ¿alguna vez has pensado en todas ellas? Nunca fueron visibles, pero su influencia está en cada paso de nuestras rutinas.

¿A qué voy con todo esto? Hoy la industria de la belleza está obsesionada con las caras… quién representa una marca, quién parece auténtica, quién aparece en el momento justo. Pero para las beauty lovers, vale la pena recordar algo: la belleza siempre se sostuvo sobre mujeres cuyo poder vivía —y sigue viviendo— en el proceso, todo lo que hay detrás y no vemos.

En esta mini story —breve, fun y b&w— te cuento sobre ellas: las científicas, empresarias, creadoras y visionarias que ayudaron a construir la industria de la belleza tal como la conocemos hoy (vas a amar su historia).

Cuando la belleza era una relación

Empecemos por un major #tb. Mucho antes de las embajadoras, las campañas o las fundadoras convertidas en celebridades de marca, la belleza tenía manos. Sí, con esto me refiero a manos de mujeres que mezclaban cremas, probaban fórmulas, masajeaban la piel y enseñaban a otras qué hacer con su propia cara.

Aunque la mayoría de ellas nunca fueron visibles, su trabajo, sí. Porque piénsalo: cada vez que te limpias la cara, aplicas un sérum o deslizas tu lipstick, repites una coreografía creada por ellas mucho antes de que existiera el “beauty content”. Antes de optimizarse, la belleza era interpersonal.

Cuando Estée Lauder empezó a ofrecer muestras gratis y demostraciones en vivo en grandes retailers de Estados Unidos, estaba haciendo marketing… y también cambiando prácticamente el contrato social de la belleza. El skincare se aprendía por proximidad: alguien tocaba tu piel, te explicaba qué hacía cada producto y por qué importaba.

Al otro lado del mundo, Helena Rubinstein empezó a tratar la belleza como ciencia. Popularizó conceptos como los tipos de piel, el masaje facial y las rutinas personalizadas. Hoy parecen obvios, pero en su momento eran revolucionarios. Ellas vendía cremas… y nuevos sistemas. Sí, ella es la culpable de que hoy nos refiramos a la piel con “textura”, “sensible”, “deshidratada”, “grasa”, “seca” y “mixta”…

Elizabeth Arden, ¡otro nombre que debe estar en tu radar! Introdujo a muchas mujeres a la cultura del spa a través de sus famosos Red Door Salons. Para ella, la belleza estaba ligada al ejercicio, la disciplina y la consistencia —esa constancia a la que hoy todas le debemos nuestro glow. De hecho, el primer wellness spa retreat fue suyo. Y sí, normalizó usar makeup en una época donde era controversial, cambiando la perspectiva de cómo las mujeres nos vemos a nosotras mismas.

No es que ellas hayan inventado el skincare, pero claramente lo institucionalizaron. Es decir, lo volvieron enseñable, profesional y repetible.

Ahora tenemos que hablar de Madam C. J. Walker

Si Lauder, Rubinstein y Arden construyeron sistemas de confianza, Madam C. J. Walker construyó “infraestructura”. Esta palabrita suena muy formal, pero te explico por qué es la indicada….

Creó un imperio de cuidado capilar para mujeres negras en una época en la que la belleza dominante simplemente las ignoraba. Sus productos se enfocaban en la salud del cuero cabelludo y el crecimiento del pelo, pero su innovación más poderosa fue el modelo de distribución.

Walker formó una red nacional de mujeres negras capacitadas que podían ganar ingresos, aprender habilidades y compartir conocimiento de mujer a mujer. Para ella, la belleza no era aspiracional: era supervivencia, dignidad y acceso.

Las mujeres en el laboratorio (seguramente no piensas mucho en ellas, pero les debemos todo)

No todas las mujeres que moldearon la belleza estaban detrás de un mostrador. Muchas estaban en clínicas, universidades y laboratorios —y gracias a ellas el skincare realmente funciona, así de simple y directo.

Por ejemplo, la dermatóloga Barbara A. Gilchrest, quien falleció apenas en diciembre del 2025, ayudó a establecer la comprensión moderna del envejecimiento cutáneo, el daño solar y la reparación de la piel. Su investigación sobre el fotoenvejecimiento es la base de la idea de que el protector solar, en lugar de algo cosmético, es medicina preventiva literalmente.

La dermatóloga Zoe D. Draelos ayudó a estandarizar la forma en que se evalúan los productos en términos de seguridad, irritación y desempeño real. De ese rigor científico nació la famosa etiqueta “dermatológicamente probado”, aunque hoy muchas veces se use con ligereza.

Y también están muchas más científicas cuyos nombres rara vez conocemos. En Japón, químicas de Shiseido integraron desde principios del siglo XX investigación dermatológica con ritual cotidiano, estableciendo principios que hoy dominan el skincare global: prevención, constancia y respeto por la barrera cutánea.

En centros de investigación de L’Oréal, científicas avanzaron la ciencia del pigmento, la fibra capilar y la biología de la piel. Gracias a ellas existen hoy las amplias gamas de tonos, los lipsticks de larga duración y los tratamientos reparadores.

Todas ellas no hacen tendencia, permanecen en el laboratorio resolviendo, casi como alquimistas secretas.

Cuando “ser vista” cambió la industria

A todo esto, claro está que la influencia en beauty no siempre vino de los productos. No podemos descarta que tambiém vino de la imagen.

Pero antes de que la inclusividad se volviera un KPI de campaña, la visibilidad misma era un trabajo. ¿Cómo? Piensa en el París de los años veinte, Josephine Baker redefinió el glamour global con su piel luminosa, cejas marcadas y pelo escultural. Su estética influyó en el Art Déco europeo mientras desafiaba los límites impuestos a la feminidad negra.

Dorothy Dandridge
Dorothy Dandridge

Dorothy Dandridge, también desafió estándares raciales con su sola presencia. Como primera mujer negra nominada al Óscar, en un sistema que exigía perfección controlada, obviamente, se esperaba de ella maquillaje contenido, vestidos sobrios, presencia impecable. Y con todo, hizo visible la belleza en condiciones imposibles.

Y Anna May Wong, fue la primera estrella chino-estadounidense del cine, transformó la estética occidental con su bob gráfico y delineado dramático, convirtiéndose en musa de fotógrafos y diseñadores incluso cuando la industria le negaba roles protagónicos.

Así que, mujeres como ellas, que no formularon productos ni fundaron marcas, expandieron los límites de lo que la belleza podía ser.

Anna May Wyong
Anna May Wong

Las arquitectas de la belleza sensorial (de perfumes hasta cómo se siente un producto en tu mano)

Algunas mujeres ni siquiera tocaron una cara que no fuera la suya, pero decidieron cómo se siente la belleza.

La perfumista icónica Sophia Grojsman, nacida en Bielorrusia y formada en Francia, creó algunas de las fragancias más icónicas del siglo XX (como Lancôme Trésor, Yves Saint Laurent Paris, Calvin Klein Eternity y Estée Lauder White Linen). Definió una feminidad exuberante y emocional que aún resuena.

Christine Nagel, nariz creativa de Hermès, ha llevado el lujo hacia la intimidad. Sus perfumes, más que decir “ya llegué”, se acercan con elegancia: te piden inclinarte. Ella es la autora de aromas como Narciso Rodriguez for Her (2003), Miss Dior Chérie (2005), and Jo Malone’s Wood Sage & Sea Salt (sí, ha creado más de 40 scents para la marca).

En otro frente de “cómo se debe sentir la belleza”, Sylvie Chantecaille, cofundadora de Chantecaille Beauté, fue de las primeras en posicionar el skincare botánico como algo elegante, de alto rendimiento y digno de lujo. El minimalismo natural que impulsó hoy vive en marcas como Tata Harper (2010), Westman Atelier (2018) y hasta ciertas referencias de lujo como La Mer.

Y luego están las mujeres que diseñan los objetos y toda la experiencia de tu beauty product: el clic de un lipstick, el peso de un frasco, la forma en que una polvera encaja en la palma. Pequeñas decisiones que crean intimidad diaria mucho más que cualquier campaña.

… Y, por eso, amo hacer un viaje al pasado, antes de los tutorials

El legado de todas estas mujeres deja pensando que, mucho antes de los how-to en pantalla, estaba la observación. El conocimiento se transmitía en cocinas, salones, peluquerías y espacios comunitarios: madres, tías, facialistas, peluqueras. Mujeres aprendiendo al mirar a otras mujeres reales. ¿Hace cuánto dejamos de aprender así?

En Japón y Corea, por ejemplo, los rituales de belleza se construyeron históricamente alrededor de la repetición: limpiar, aplicar en capas, masajear. Técnicas sostenidas por generaciones en espacios tan personales como la propia casa, que hoy inspiran tendencias globales.

Aunque muchas de ellas, quienes construyeron la industria de la belleza, no aparecieron en campañas ni firmaron productos con su nombre, su influencia vive en cada rutina, en cada fórmula y en cada gesto que repetimos frente al espejo.

Este 8M, cuando pausamos para revisitar la historia, queda claro que la belleza nunca fue sólo tendencia ni imagen, fue (y es) conocimiento compartido—pero sobre todo— una relación de cuidado entre nosotras.

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