El hotel donde descubrí la playa más espectacular de México
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El hotel donde descubrí la playa más espectacular de México

Siempre pensé que una buena playa puede cambiar por completo un viaje. Y no hablo solo del color del agua o de la arena blanca. Hablo del espacio, del silencio y de esa sensación cada vez más difícil de encontrar de sentir que realmente puedes desconectarte. Playas bonitas hay muchas, pero las que te hacen preguntarte “¿por qué no había venido antes?”, pocas.
Four Seasons Resort and Residences Los Cabos at Costa Palmas fue exactamente eso para mí. Aquí nadie corre para apartar un camastro a las siete de la mañana, no hay filas interminables para encontrar un buen lugar frente al mar y mucho menos esa sensación de estar de vacaciones rodeada de cientos de personas. Aquí hay kilómetros de playa prácticamente para ti. Y eso, hoy, es un verdadero lujo.

Si eres de las que puede pasar horas leyendo bajo una sombrilla o bajo el sol como yo, caminando descalza por la orilla o simplemente viendo el mar sin hacer absolutamente nada, este lugar entiende perfectamente ese tipo de descanso.

Definitivamente Costa Palmas es otra cara de Los Cabos, aquí descubres algo diferente, Cabo del Este se siente completamente distinto. A 45 minutos del aeropuerto y, sin embargo, parece otro mundo. El paisaje cambia, el ruido desaparece y el Mar de Cortés se convierte en el protagonista absoluto. Aquí entendí perfectamente por qué Jacques Cousteau llamó a estas aguas “el acuario del mundo”. El color del mar es hipnótico y tiene una calma que invita a permanecer horas simplemente observándolo.

El hotel parece haber sido diseñado justamente para eso: para que nunca dejes de observar el paisaje. No importa si estás desayunando, caminando hacia tu habitación o descansando en la terraza. Siempre hay una ventana enorme, una puerta abierta o una vista que te recuerda dónde estás. La arquitectura contemporánea se integra con tanta naturalidad al entorno que nunca intenta competir con él. Todo gira alrededor del mar.

Mi cuarto fue uno de esos espacios donde inmediatamente imaginé quedarme una semana más. Materiales naturales, una terraza enorme y una cama de esas que hacen muy difícil levantarse por la mañana. Elegante, silencioso y muy bien pensado… aunque el baño se robó mi corazón: espacioso, con tina, regadera, buena iluminación y todo lo que una mujer necesita.

Como buena fan del sol y del mar, podría haber pasado todos los días sin moverme del camastro, pero Costa Palmas también invita a explorar. Desde paddle board y kayak hasta snorkel en arrecifes de coral. El Mar de Cortés ofrece algunas de las mejores experiencias para quienes disfrutan del agua. Porque sí, vale aclarar que en esta parte sí te puedes meter al mar.

Si buscas algo más aventurero, puedes recorrer el desierto en vehículos todo terreno, algo que definitivamente te recomiendo hacer en la hora del atardecer para disfrutar mucho más de la experiencia. Otra actividad muy padre es hacer el Santiago Waterfall Hike, aunque este te lo recomiendo hacer temprano por la mañana ya que del hotel al destino son 45 minutos en auto.

Hay diferentes tipos de hiking dependiendo tu nivel, y cuánto tiempo quieres pasar caminando, además puedes meterte y nadar en cascadas naturales, un plan sumamente divertido. También hay un safari de surf o puedes embarcarte desde la única marina privada dentro de un resort de lujo en Los Cabos para navegar al atardecer, salir de pesca responsable o visitar Cabo Pulmo, uno de los parques marinos más importantes del mundo y un auténtico paraíso para el buceo. Es decir hay actividades para todos los gustos.

Pero si hay algo que terminó de conquistarme fue la gastronomía. Cada restaurante tiene personalidad propia, así que prácticamente puedes hacer un recorrido gastronómico sin salir del hotel. Mi primera parada fue Estiatorio Milos, aquí entiendes que un pescado fresco necesita muy poco para convertirse en un platillo delicioso. Frente al mar, con una copa de vino blanco y el sonido de las olas de fondo, fue fácilmente una de mis comidas favoritas del viaje. Tienes la opción de pedir una cena romántica frente al mar con el menú de Milos, y así disfrutar del increíble atardecer, una experiencia diferente, romántica y privada. Para los que les gusta el sushi y la experiencia Omakase también hay una barra, vale recalcar que el Omakase está disponible únicamente para las cenas, mientras que la barra de sushi con diferentes rollos sí está abierta para el medio día.

Después de tantos buenos restaurantes, la mañana de mi regreso decidí regalarme unas horas en el spa. No exagero cuando digo que podría haber pasado ahí todo el día. El ambiente es tan tranquilo que el tiempo deja de importar. Entre el sauna, el vapor y un masaje relajante terminé completamente desconectada. También ofrecen sesiones de yoga, meditación y sound healing para quienes buscan una experiencia de bienestar mucho más completa. Hasta tienen un espacio privado para masaje en pareja y alberca privada.

Ya que hablamos de descanso, las siete albercas del resort también merecen una mención especial. Cada una tiene una personalidad distinta. Hay albercas exclusivas para adultos donde reina el silencio absoluto, otras mucho más familiares y algunas escondidas entre jardines que se sienten casi privadas. Lo mejor es que nunca tuve la sensación de que el hotel estuviera lleno. Siempre había espacio y sobre todo tranquilidad.

Por las tardes descubrí otro de mis lugares favoritos, Marina Village. Llegar en taxi acuático hace que incluso el trayecto forme parte del plan. Después solo queda caminar entre boutiques, tomar un aperitivo y cenar en Mozza Baja, (aquí te recomiendo pedir una pizza ya que cuentan con su horno de barro, o alguna pasta) o terminar la noche en Chiki, donde el ambiente cambia por completo y la música invita a alargar la sobremesa.

Otro lugar que te recomiendo visitar es Delphine, aquí te vas a sentir como si estuvieras en la Costa Azul: camastros y sombrillas amarillas frente al mar, con un menú francés de alimentos frescos. La tostada de atún fue uno de mis favoritos al igual que la pasta con camarón. Aunque mi spot frente al mar, la sombrilla y mis horas de lectura en silencio fue de mis partes favoritas.

Four Seasons Costa Palmas no busca impresionarte con extravagancias, su mayor lujo es mucho más difícil de construir, el espacio, la calma y la sensación de que todavía existen lugares donde puedes desconectarte de verdad. En una época donde viajar muchas veces significa hacer filas, compartir playas abarrotadas y correr de un lugar a otro para cumplir un itinerario, encontrar un destino donde el tiempo parece detenerse se vuelve un privilegio.

Y quizás por eso fue una de las playas que más disfruté este año y regresaría mil veces. No porque fuera la más famosa o la más fotografiada, sino porque me recordó que el lujo consiste simplemente en tener el mar casi para ti.

Si estás buscando salir de la rutina, regalarte unos días de descanso, de silencio, de paz, de buen servicio, comer rico, y la mejor playa de México es momento de considerar esta opción.

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