Después de años intentando ser cada vez más güera, mi pelo llegó a un punto donde ya no solo se veía aclarado… también cansado. La buena noticia es que justo cuando eso pasó, el brunette tuvo oficialmente su comeback.
Desde finales del año pasado empezamos a ver cómo cada vez era más evidente el regreso a tonos más naturales. Ahí fue donde el Teddy Bear Bronde se convirtió en uno de los tonos más pedidos. La idea ya no está en aclarar por aclarar, sino en lograr un color más sutil, con dimensión y que se vea effortless. Referencias sobran: desde Hailey Bieber hasta Sofia Richie ayudaron (mucho) a sembrar la idea de regresar a mi tono natural.


Pero obvio, no es que un día despertaron y fueron al súper por un botecito de castaño y ya. Para lograr ese tono “natural perfecto” se necesita todo un proceso, técnica… y la ayuda de un experto.
Llevaba varios meses pensándolo y guardando referencias en mi IG porque, seamos honestas, después de tantos años güera no es una decisión fácil. Ser rubia es todo un compromiso y una inversión constante para mantener el pelo sano y decente: visitas al salón cada 2-3 meses, shampoos y productos especiales, mascarillas reconstructivas, tratamientos hidratantes… you name it.
Así que decidí arriesgarme…
Cuando llegué al salón, lo primero que hice fue enseñarle muchas referencias a mi colorista de confianza (un must si quieres que entiendan exactamente lo que buscas). Le expliqué que no lo quería tan oscuro, pero tampoco seguir tan rubia. Fue entonces cuando me recomendó hacerme un “Inverse Balayage”.
¿Qué es el balayage a la inversa?
A diferencia del balayage tradicional, que aclara mechones gradualmente para dar luz, el balayage a la inversa hace lo contrario: añade profundidad, oscureciendo ciertas zonas para devolverle dimensión al pelo y matizar el efecto de color previo, generando luz y contraste de una forma mucho más natural.
Es, básicamente, la forma más inteligente de bajar un rubio sin tener que teñirte todo de golpe.
También es ideal cuando:
• Ya tienes demasiados tonos claros y quieres oscurecerlos gradualmente
• Hay mucha diferencia entre tu raíz y el resto del color
• Quieres reducir mantenimiento sin perder efecto de color
• No te gustó cómo quedaron tus luces y quieres corregirlas sin empezar de cero


El proceso…
Aquí viene lo mejor: no hay decoloración extra (trust me, tu pelo lo va a agradecer). En lugar de eso, el colorista trabaja con tonos más oscuros (low lights) que se integran con tu base.
• Se añaden mechones más profundos estratégicamente
• Se difumina la raíz para que todo se vea más natural
• El resultado es mucho más blended, menos marcado
Y aquí un punto clave que nadie te dice: si intentas “arreglarlo/oscurecerlo” tú misma con un tinte parejo tipo caja, lo decolorado no desaparece mágicamente. Con las lavadas, esos tonos claros empiezan a salir otra vez y puedes terminar con un efecto medio parchado (tipo chocoflan a las dos semanas). Por eso el proceso tiene que ser progresivo y estratégico, muy similar a cuando te hiciste rubia.
Eso sí: ir con un buen colorista es TODO. Vale la pena tomarte el tiempo de revisar trabajos previos para asegurarte de que pueda hacer el efecto que estás buscando. Otra cosa muy importante es que cuide tu pelo en el proceso; no todo lo que le pidas se puede, y es mejor que te guíen que terminar pelona.
El resultado (y por qué sí lo volvería a hacer)
Yo no quería un cambio radical, sino algo que se sintiera más natural. Y aquí es donde esta técnica hace todo el sentido: te permite regresar poco a poco a tu tono base, sin ese shock de verte completamente diferente de un día a otro. La diferencia en mi pelo se empezó a notar desde las primeras semanas: recuperé textura, dejó de sentirse frágil y, por primera vez en mucho tiempo, dejé de sufrir cada vez que me veía las puntas (esperemos que también crezca más rápido en los próximos meses).
Oscurecer es infinitamente menos agresivo que decolorar, y la transición se ve tan natural que nadie siente que “perdiste color”. Porque a veces el verdadero glow up no viene de cambiar más… sino de regresar a lo que ya te quedaba bien.
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