Si creciste en México, seguramente escuchaste alguna vez que Como agua para chocolate es una de las historias de amor más icónicas de nuestra literatura. La novela de Laura Esquivel, publicada en 1989, convirtió el romance entre Tita y Pedro Múzquiz en un clásico del realismo mágico mexicano. Es intenso, trágico, apasionado y sí, también bastante tóxico.

Porque aunque durante años lo hemos visto como un amor imposible digno de suspiros, basta mirar la historia con ojos de 2026 para darnos cuenta de algo importante: Pedro Múzquiz está lleno de red flags.
Y la nueva adaptación en serie ha expandido la historia, profundizado en las relaciones entre los personajes y, en el proceso, deja aún más claro que Pedro no es precisamente el héroe romántico que recordábamos.
Así que lo sentimos, pero aquí no somos Team Pedro. Aquí somos Team Dr. Brown. Y si todavía defiendes el romance entre Tita y Pedro, estas son algunas de las red flags más grandes del personaje que quizá te hagan cambiar de opinión.
Sí, Pedro Múzquiz de Como agua para chocolate es el problema
Se casa con la hermana de Tita
Empecemos con el momento más famoso y probablemente el más absurdo de toda la historia. Pedro intenta casarse con Tita, pero Mamá Elena se lo prohíbe porque la tradición familiar dice que la hija menor no puede casarse y debe quedarse a cuidar a su madre. Hasta ahí, bueno, entendemos el conflicto.
Lo que ya no tiene ningún sentido es la “solución” de Pedro. En lugar de luchar por Tita, intentar convencer a Mamá Elena o incluso huir juntos, decide hacer algo completamente egosita: casarse con Rosaura, la hermana de Tita, solo para poder estar cerca de ella. Sí, así como lo lees.
Y aquí es donde uno se queda como… ¿perdón? Porque esta decisión es terrible para absolutamente todos. Rosaura termina casada con un hombre que claramente está enamorado de su hermana, y Tita tiene que ver todos los días al amor de su vida ser esposo de su hermana.
O sea, desde el inicio Pedro arma un triángulo emocional imposible que obviamente va a terminar mal para todos. Y lo peor es que todo fue por una decisión que él mismo tomó.

Mantiene a Tita emocionalmente enganchada
Y como si casarse con la hermana no fuera ya suficientemente caótico, Pedro tampoco ayuda mucho después de la boda. Porque uno pensaría que, bueno, ya tomó una decisión, ahora toca asumirla y seguir adelante. Pero no. Pedro decide seguir alimentando todo el drama.
En lugar de poner límites claros con Tita, sigue con las miradas intensas, los momentos cargados de tensión y esas interacciones que claramente mantienen viva la esperanza de que algún día puedan estar juntos. Básicamente deja a Tita emocionalmente enganchada mientras él sigue viviendo su vida de casado con Rosaura.
Y ahí es donde empieza a sentirse todo bastante injusto. Porque Pedro, en el fondo, quiere tenerlo todo: su matrimonio con Rosaura por un lado y a Tita siempre cerca, siempre disponible, siempre esperando. Y cuando Tita se enoja, se frustra o intenta tomar distancia él actúa como si fuera ella la que está exagerando o siendo injusta.
Hace sufrir a Rosaura
Sí, Rosaura no es precisamente la hermana del año. A lo largo de la historia también trata mal a Tita, es bastante dura con ella y en muchos momentos perpetúa todas esas dinámicas familiares tóxicas que vienen desde Mamá Elena. Pero incluso con todo eso, nadie merece estar casada con alguien que está enamorado de otra persona.
Y aquí es donde Pedro vuelve a quedar fatal. Porque recordemos que NADIE lo obligó a casarse con Rosaura. Esa fue completamente su decisión para poder quedarse cerca de Tita.
El problema es que después de tomar esa decisión, tampoco asume las consecuencias. Pedro vive una vida matrimonial con Rosaura, forma una familia con ella e incluso tienen hijos juntos, pero al mismo tiempo sigue emocionalmente (y eventualmente físicamente) involucrado con Tita.
Rosaura está intentando sostener su matrimonio mientras es completamente evidente que su esposo sigue enamorado de su hermana. Es incómodo, doloroso y obviamente termina generando un ambiente lleno de resentimiento, celos y tensión constante dentro de la familia.
Y sí, Rosaura puede tener muchos defectos, pero la verdad es que estar atrapada en ese matrimonio también es una tragedia para ella.

Cuando Tita encuentra a alguien bueno… Pedro se pone celoso
Y aquí llega uno de los momentos donde Pedro definitivamente pierde cualquier punto que todavía pudiera tener. Porque cuando aparece Dr. John Brown, por fin vemos a Tita con alguien que la trata bien de verdad. El doctor es básicamente todo lo que Pedro nunca fue. Es paciente, la cuida, la escucha, la ayuda a sanar después de todo lo que ha vivido y, sobre todo, la respeta. No la presiona, no la manipula emocionalmente.
De hecho, hay un momento en la serie en el que parece que Pedro por fin hace algo maduro. Va a buscar a Tita a la casa del Dr. Brown, ve que ella está feliz y decide dejarla ir. Y uno piensa: wow, ¿Pedro finalmente tomó una buena decision?
Pues no. Esa madurez le dura aproximadamente dos capítulos.
Muy pronto vuelve a lo mismo de siempre: celos, actitudes posesivas y reclamos completamente absurdos. En uno de sus ataques de celos incluso le reclama a Tita que “no lo esperó”. ¿Perdón? ¿Esperarlo… después de que él decidió casarse con su hermana y tuvo hijos con ella?
Pero la cosa no se queda ahí. En uno de los momentos más caóticos, Pedro termina involucrándose otra vez con Tita, engañando a Rosaura y también traicionando al pobre Dr. Brown, que literalmente no ha hecho nada malo en toda esta historia. De verdad, si alguien merece justicia en esta serie es el Dr. Brown.

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