Andrea Chaparro y la fuerza de Gertrudis en Como agua para chocolate
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Andrea Chaparro y la fuerza de Gertrudis en Como agua para chocolate

Desde pequeña, Andrea Chaparro entendió que sus manos necesitaban estar ocupadas: escribir, dibujar, dirigir juegos improvisados con sus hermanos. Crear era —y sigue siendo— una forma de pausar el tiempo, de habitarlo distinto. Un ritual.

“El simple hecho de crear me da paz”, y esa frase atraviesa todo lo que hace, dentro y fuera de la pantalla. El arte para Andrea, también ha sido lenguaje cuando las palabras no alcanzan. Encontró en el dibujo, la música y la imaginación una manera de expresar lo que no podía decir en voz alta. Hoy, esa sensibilidad se traduce en una carrera que se mueve entre la actuación y la música, sin jerarquías ni fórmulas rígidas, guiada más por la honestidad que por los sistemas.

Andrea Chaparro como Gertrudis…

Andrea Chaparro como Gertrudis en Como agua para chocolate
Andrea Chaparro como Gertrudis en Como agua para chocolate

En Como agua para chocolate, Gertrudis es un reflejo poderoso. Desde el primer encuentro con el personaje, conectó con su necesidad de rebelarse, de cuestionar los espacios que le fueron asignados y de buscar otros donde su voz fuera escuchada y respetada. Gertrudis no huye, elige pensar distinto, defender sus valores y construir comunidad incluso cuando eso implica romper con lo familiar.

Para la segunda parte de la historia, ese impulso revolucionario se transforma. La fuerza sigue ahí, pero ahora convive con el miedo, la responsabilidad y la soledad que a veces acompaña a quienes se atreven a pensar diferente. Fue uno de los trabajos emocionales más complejos de su carrera, por lo que vive el personaje y por el paralelismo con su propia vida: durante el rodaje enfrentó uno de los momentos más retadores a nivel personal al grabar mientras atravesaba un tratamiento médico por endometriosis. Aun así —o quizá por eso—, Gertrudis se volvió un canal para transformar el dolor en fuerza. “Le agradezco mucho porque me ayudó a canalizar lo que viví”.Pero el set también fue un espacio de contención real.

Trabajar con Azul y Ana Valeria le regaló una red de mujeres que se escuchan, se acompañan y se celebran sin competencia. Andrea habla de esa hermandad como un lugar seguro donde no hay miedo a decir lo que se siente, donde las inseguridades se comparten y la risa suaviza los días intensos. Cree profundamente en el poder de los vínculos. En el cuidado diario, en compartir una comida, en preparar algo con las personas que amas como acto de comunidad y self-care… en que volver a lo simple es un gesto revolucionario. Cocinar, escribir en sus libretas, tocar el piano, hacer journaling, cuidarse el cuerpo con pequeños rituales: todo eso la devuelve a casa.

En lo digital, el equilibrio no es fácil. Protege su sensibilidad priorizando las conversaciones reales, los vínculos cercanos y compartiendo solo aquello que nace desde un lugar honesto. Sabe que la presencia pública es parte de su trabajo, pero se niega a perderse en la comparación constante.

Viendo hacia adelante, su deseo es hacer más música, explorar más personajes históricos y seguir usando el arte como un espacio para el pensamiento crítico. Para ella crear es producir, cuestionar, sentir y dejar algo vivo en quienes se cruzan con su historia.

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