El desfile de Dior SS27 fue espectacular y estos son todos los detalles
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El desfile de Dior SS27 fue espectacular y estos son todos los detalles

Jonathan Anderson apenas está comenzando su era en Dior, pero ya está logrando algo bastante difícil: reinventar por completo la maison sin hacer que deje de sentirse como Dior. Para Spring/Summer 2027, el diseñador regresó a Paris Fashion Week con una colección que continuó jugando con los códigos de la casa, pero esta vez encontró su mayor inspiración en la naturaleza y, sobre todo, en todo lo imperfecto que hay en ella. Flores que crecen de manera asimétrica, pétalos irregulares, telas que parecen moverse con el viento y siluetas que nunca se sienten demasiado perfectas fueron parte de un show que nos dejó muchísimo de qué hablar.

Desde las pistas escondidas en las invitaciones hasta los detalles que casi se nos escapan en la pasarela, aquí están nuestros highlights del nuevo Dior de Jonathan Anderson y el significado detrás de ellos.

Todo empezó con dos nueces

Antes de que apareciera el primer look, Jonathan Anderson ya nos estaba dejando pistas de lo que venía. Los invitados recibieron sus invitaciones acompañadas de dos nueces wénwán, que en la tradición china se hacen girar juntas en una mano hasta que, con el tiempo, adquieren una superficie más lisa y un tono ámbar. Una práctica asociada con la longevidad y la buena fortuna.

Y aunque recibir dos nueces como invitación para un desfile de Dior puede sonar un poquito random, en realidad tenía todo el sentido. Anderson explicó que al descubrir esta tradición pensó en cómo podemos encontrar conocimiento y cosas preciosas en la naturaleza, una idea que terminó apareciendo por toda la colección. Después vimos la colección y todo hizo clic.

Jonathan Anderson Dior
Crédito: Instagram @dior

Dior se convirtió en un jardín

Si hubiera que resumir esta colección en una sola palabra, probablemente sería naturaleza. Jonathan Anderson tomó como inspiración todas esas pequeñas imperfecciones y asimetrías que encontramos en ella y las llevó a vestidos ligerísimos, tailoring más fluido, accesorios con flecos, prints mezclados y, por supuesto, muchísimas flores. Los pétalos fueron uno de los detalles más bonitos. Chamarras y faldas tenían cortes irregulares que parecían abrirse alrededor del cuerpo, casi como una flor creciendo. Nada se sentía demasiado perfecto ni simétrico y justo ahí estaba el encanto.

Uno de los clásicos revisitados fue el vestido La Cigale, una referencia de 1952 conocida por sus caderas escultóricas. Anderson lo trajo de vuelta, pero esta vez en un vestido de tul mucho más ligero, alejándose de la estructura rígida del original y apostando por una silueta más suave y fluida.

En cuanto a los accesorios, sin duda se llevaron toda la atención. Algunos se llevaban en una sola oreja y parecían flores que habían crecido ahí casi por accidente: un poco imperfectas, desordenadas y súper effortless. Era ese tipo de detalle que hacía que incluso los looks más elegantes se sintieran menos serios y mucho más cool.

Y el escenario no pudo haber sido más perfecto. El desfile se presentó en Le Bassin Octogonal del Jardin des Tuileries, haciendo que, por unos minutos, Dior tuviera literalmente su propio jardín en medio de París.

El show tuvo una dedicatoria especialmente emotiva

Esta colección también estuvo marcada por un momento mucho más personal. Dior dedicó el show a Mathilde Favier, quien durante años fue directora internacional de relaciones públicas de la maison y falleció en agosto de 2026.

Para muchísimas personas dentro de la industria, Favier no era solamente una de las figuras detrás de Dior, era alguien que representaba el espíritu de la casa y formó parte de su mundo durante años. Así que, detrás de toda la ligereza, las flores y la fantasía de esta temporada, también hubo un homenaje a una mujer profundamente ligada a la historia reciente de Dior.

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