¿De verdad son las mujeres quienes dominan la industria de la moda? Eso pensé mientras veía un clip en TikTok en el que dos hombres, desde la comodidad de un podcast, se preguntaban de qué se quejan las mujeres cuando hablan de desigualdad si, según ellos, “las mujeres ya lideran la moda”. Sin datos, argumentos ni pruebas, parecía que acababan de encontrar la fórmula perfecta para refutar siglos de opresión. La respuesta es tan simple como incómoda: NO.
Aunque las mujeres modelan, compran, visten y cosen, el poder real sigue estando muy lejos de nuestras manos.

¿Quién lleva los pantalones en la moda?
La idea de que las mujeres dominan la moda no surge de la nada. Somos quienes la compramos, la usamos y la sostenemos. De acuerdo con la Organización Internacional del Trabajo, las mujeres influyen en alrededor del 85% de las decisiones de compra a nivel global. Este negocio existe, en gran medida, porque nosotras consumimos.
Pero comprar no es lo mismo que decidir.
Un reporte de McKinsey reveló que sólo el 14% de las grandes marcas están lideradas por mujeres. Para ponerlo en perspectiva: hay menos mujeres CEO en moda que en empresas tradicionalmente dominadas por hombres, como la aeroespacial o las finanzas.
Basta con mirar quién controla los conglomerados que definen lo que vestimos todos los días para entenderlo. LVMH está dirigido por Bernard Arnault; Kering, propietario de Gucci, Saint Laurent y Bottega Veneta, también ha sido históricamente liderado por hombres; lo mismo ocurre con Inditex, el gigante detrás de Zara, Massimo Dutti, Bershka y Pull&Bear.
Mientras tanto, la base del sistema es femenina. Cerca del 60% de las personas que trabajan en el sector de la confección son mujeres. Son ellas quienes cosen, producen y sostienen el negocio desde sus cimientos, aunque rara vez llegan a la mesa donde se toman las decisiones.


La “Male Gaze”
Oscar de la Renta dijo alguna vez: “camina como si tuvieras a tres hombres detrás de ti”. Durante años se ha interpretado como una frase que inspira confianza. Pero para una mujer suena francamente aterradora. Sólo un hombre no entendería por qué, y esa es la forma más fácil de explicarte la “male gaze”.
La moda no sólo lo refleja, también lo perpetúa. Desde quién diseña hasta para quién se diseña, no nació para que las mujeres se sientan bien consigo mismas, sino para ser vistas, validadas y deseadas por otros.
Hoy, por cada seis directores creativos hombres hay una mujer directora. Las excepciones son pocas. Hermès, bajo la dirección creativa de Nadège Vanhée y Prada, con el liderazgo compartido de Miuccia Prada y Raf Simons, siguen siendo la excepción, no la regla.


Pero, ¿cómo se vería la moda si las mujeres realmente estuviéramos a cargo? Durante siglos, el diseño ha sido impuesto sobre nosotras: tacones incómodos, corsets y una obsesión constante con la delgadez extrema.
La idea de lo “sensual” se construyó a partir de escotes, piernas, curvas y proporciones específicas, definidas por la mirada masculina. Incluso cuando más mujeres llegan a puestos creativos, vale la pena preguntarse si el resultado será realmente distinto o si se seguirán repitiendo diseños concebidos, desde el inicio, por hombres.
La autora Margaret Atwood lo explica con claridad al hablar de la male gaze en su novela The Robber Bride: “Eres una mujer con un hombre dentro observando a una mujer”. Con el tiempo, muchas hemos aprendido a mirarnos y a vestirnos desde parámetros que no construimos nosotras.
Nuestra idea de cómo deberíamos vestirnos y diseñar ropa suele partir de estándares definidos por hombres, lo que hace cada vez más difícil distinguir entre lo que de verdad nos gusta y lo que aprendimos a desear.
We Should All Be Feminists
Entre los momentos más icónicos de Maria Grazia Chiuri como directora creativa de Dior está la famosa t-shirt “We Should All Be Feminists”, presentada en 2017. Pero hay otra que pocos recuerdan: la de su colección Spring-Summer 2018, que decía “Why Have There Been No Great Women Artists?”.
Una referencia directa al ensayo de Linda Nochlin, en el que señalaba que el verdadero problema no era la falta de talento de las mujeres artistas, sino la existencia de sistemas diseñados para privilegiar miradas masculinas. La moda, por supuesto, no es la excepción.

Que una mujer llegara por primera vez a dirigir creativamente la maison después de más de 70 años fue simbólico, pero también revelador. Si el feminismo cabe en una camiseta, pero no en la estructura de poder, algo sigue fallando, ¿no crees? Entonces, ¿hacia dónde vamos? Talento hay de sobra. Ambición también. Lo que falta no es preparación, sino acceso real a puestos de decisión y liderazgo.
El futuro de la moda no depende de slogans en t-shirts ni de discursos bien intencionados. Depende de quiénes toman las decisiones, quiénes firman los contratos y quiénes tienen la última palabra.
Si la industria aspira a ser coherente con la imagen que proyecta, tiene que empezar por abrirle la puerta a las mujeres no sólo como musas, consumidoras o mano de obra, sino como líderes.
Y esta vez, no basta con decir que todas deberíamos ser feministas: es momento de actuar como si de verdad lo fuéramos.
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