Hay campañas de moda icónica. Y luego está Kate Moss con Calvin Klein.
Lo que empezó como una apuesta arriesgada en un momento financiero complicado terminó convirtiéndose en una de las alianzas más icónicas (y más estudiadas) en la historia de la moda. Sensual, minimalista, polémica y absolutamente noventera, la historia de la colaboración entre Kate Moss y Calvin Klein tiene de todo y supera la ficción que vemos en American Love Story de Ryan Murphy. Aquí te la contamos.

¿Calvin Klein “descubrió” a Kate Moss?
En 1992, Calvin Klein Inc. estaba atravesando un momento financiero complicadísimo. La marca estaba al borde de la bancarrota y necesitaba un giro urgente. Fue entonces cuando el equipo creativo, incluyendo a Carolyn Bessette y al director de arte Fabian Baron, apostó por una modelo casi desconocida de 18 años: Kate Moss.
La elección fue arriesgada. En una década dominada por supermodelos como Cindy, Naomi o Claudia, Kate era todo lo contrario: delgada, andrógina, con una belleza diferente y una actitud que rompía con el molde.

La campaña de ropa interior de 1992 junto a Mark Wahlberg (sí, cuando era Marky Mark) fue el parteaguas. Fotografías minimalistas, sensuales, provocadoras y deliberadamente simples. Solo jeans, underwear y química frente a la cámara. Nada más.
Esa campaña no sólo redefinió la estética de la moda, también ayudó a salvar a Calvin Klein de la quiebra. Para 1994, Kate Moss ya era oficialmente el rostro de Calvin Klein. La colaboración se convirtió en una de las más icónicas de todos los tiempos.
La campaña “Obsession” y el amor que la inspiró
Si la campaña de underwear cambió la moda, Obsession la convirtió en mito. Detrás de esas imágenes estaba el fotógrafo Mario Sorrenti, novio de Kate en ese momento. Eran jóvenes (ella 18, él 20), estaban profundamente enamorados y según fuentes obsesionados el uno con el otro.

Cuando Klein vio el portafolio de Sorrenti, entendió que esa intensidad era exactamente lo que necesitaba para la fragancia. Así que envió a la pareja a las Islas Vírgenes Británicas para capturar algo más que imágenes… quería documentar su amor.
Lo que salió de ahí fueron fotografías desnudas (literal y emocionalmente), con una Kate natural, sin maquillaje, con el pelo secándose al aire y una vulnerabilidad que se sentía auténtica. Sensuales, sí. Pero también íntimas. Casi como si estuviéramos viendo las imágenes privadas de esta pareja.
La campaña fue polémica. Hubo críticas por su delgadez, revistas que se negaron a publicar los anuncios y mucha conversación incómoda. Pero justo ahí estaba la magia de Calvin Klein en los noventa.
Las imágenes estaban en autobuses, espectaculares y paredes de departamentos. La gente arrancaba las páginas de las revistas para pegarlas en sus cuartos. Una campaña que hizo que todos estuvieran obsesionados.

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