Las amigas son las que crecen contigo y las que te acompañan en cada paso que das, con el tiempo se convierten en la familia con la que caminas de la mano, creces y evolucionas. Son la primera relación que eliges y es un privilegio tener un grupo de amigas de toda la vida (yo conozco a las mías desde que teníamos 6 años), porque eso hace que te sientas acompañada en cada etapa, y sí, después de tantos años seguimos eligiéndonos todos los días como hermanas.
Pero llega un momento (generalmente en los 20s) que la vida empieza a tomar rumbos tan diferentes y a veces sientes que cada quien empieza a seguir su propio camino. Y entonces aparece la pregunta: ¿qué pasa cuando ese camino ahora es casarse o irse a vivir con sus novios? ¿Cómo cambia la dinámica en los viajes con amigas y las cenas semanales cuando hay nuevas prioridades? ¿Cómo encontramos un punto de encuentro en vidas que ahora parecen tan diferentes?

Lo primero que siento cuando lo pienso es: felicidad. Muchísima. Me hace feliz ver que mis amigas encontraron a alguien con quien compartirlo todo y que las hace tan felices. Pero también tengo que aceptar que hay un poquito de tristeza, nostalgia y miedo por ahí. Porque inevitablemente pienso en lo que fuimos y en lo que vamos a ser en esta nueva etapa de la vida.
Durante años el plan siempre parecía ser el mismo: ir a la misma escuela, a la misma universidad, a las mismas fiestas, a donde sea pero siempre juntas; y aunque cada quien se fue descubriendo de forma individual y haciendo más amigas, la verdad es que crecíamos a la par. Siempre pensé que todo seguiría más o menos igual y que todavía teníamos mucho tiempo antes de que la vida empezara a llevarnos por caminos separados.
Pero de repente ese plan cambia. Ahora en el grupo hay amigas que se casan, que se van a vivir a otro lado del mundo, que empiezan nuevas etapas que no necesariamente incluyen vernos todos los miércoles o improvisar planes de última hora; y ahora hay que planear un viaje a Austin o a Barcelona para poder ponernos al día. Y justo ahí es en donde aparece ese pequeño miedo: ¿qué pasa si nuestras vidas se vuelven tan diferentes que dejamos de coincidir?

Y junto con este, también llegan otros pensamientos que tocan a la puerta sin avisar: pensar que tal vez nuestros hijos se van a llevar muchos años y no van a crecer juntos como siempre imaginamos, preguntarte si encajarás en sus nuevas vidas, o si en medio de todos esos cambios existe la posibilidad de que, sin querer, nos perdamos un poco.
Pero luego llega otro pensamiento que lo acomoda todo. Lo que hemos vivido juntas no desaparece solo porque nuestras vidas cambien de ritmo. Los años, las risas, las historias y los recuerdos no se borran con nada, y verlas cumplir sus sueños, encontrar a la persona con la que quieren compartir su vida y construir algo nuevo también llena el corazón de una manera difícil de explicar. Porque hemos compartido tanto, que hasta su felicidad se siente como mía.
Por ejemplo, el día que les dieron anillo lo recuerdo como uno de los más felices y es que es imposible no sentir que el corazón se desborda de alegría porque sabes todo lo que esa persona significa para tu amiga y todo lo que han vivido para llegar hasta ahí.

Tal vez nuestras vidas empiecen a verse diferentes, pero eso no significa que dejamos de caminar juntas, simplemente ahora lo haremos a otro ritmo. Pero la amistad y el vínculo que formamos con los años sigue intacto. Y pienso: ¿solo porque se casen vamos a dejar de bailar juntas “Si Antes te Hubiera Conocido” de Karol G o “La Calle de las Sirenas” de Kabah? Y la respuesta es muy clara: por supuesto que no, porque seguimos y seguiremos siendo las mismas.
Al final, lo único que queda por decir es: ¡que vivan los novios y que sean felices para siempre! (por muy cliché que suene), porque aquí siempre va a estar su mal tercio de confianza, celebrando su amor y acompañándolos en cada nueva etapa.
Y puede que esa sea la verdadera lección de crecer: aceptar que la vida cambia (aunque duela), que cada quien va a sus tiempos, pero que por mucho que se sienta como si fuera una distancia enorme, al final el corazón siempre está cerquita. No por nada dicen que si una amistad ya duró más de 7 años, es para toda la vida.
Explora más en: Instyle.mx












