No estoy segura desde hace cuánto tiempo empezamos a bautizar a las generaciones. Según la primera entrada de Google, cuando le pregunté justo eso, unos teóricos llamados Neil Howe y William Strauss fueron de los primeros en hacerlo al usar la palabra “Millenial” en su libro Generaciones, publicado en 1991. Douglas Coupland, al parecer, también fue uno de los culpables al usar el término “Generación X” en un libro publicado también en 1991. Culpable, sí. Uso este adjetivo no arbitrariamente, sino como una acusación a los responsables de mi crisis de identidad.
¿A qué generación “pertenecemos”?
Yo nací un 13 de junio de 1997. Si hacen las cuentas, eso quiere decir que tengo 28 años, casi 30, pero también, casi 26. Puede sonar a matemáticas básicas, pero en mi caso, esto es importante. Según la mayoría de fuentes que he podido consultar, los Millenials más jóvenes nacieron en 1996, y mi generación marca el inicio de la Generación Z. Pero, ¿en realidad lo hace?
Sé que estos términos son solo eso, conceptos que usan los teóricos para denominar un espacio de tiempo y poder hacer lo que hacen, teorías. Pero en un mundo donde nos regimos cada vez más por etiquetas, se siente como si tuviéramos que elegir una y cumplir con ella como niños obedientes que esperan una calificación.
Millennial. Se sabe todas las canciones de los Backstreet Boys. Hace peace sign en todas las fotos. Su mayor logro es saberse todos los diálogos de Shrek. 10/10.
Gen Z. No tiene fotos en Instagram. Irónicamente se viste como en los noventas. Usa Instagram y TikTok como si fuera Google. 10/10.

En cuanto a mí, sacaría un 5/10 en los dos exámenes. Y es que tengo casi 30, pero también casi 26. Soy casi Millenial, pero también casi Gen Z. No me sé las canciones de los Backstreet Boys, pero cuando fui al concierto de Olivia Rodrigo me sentía como una señora. Como ven, una crisis de identidad que, aunque no me hace perder el sueño, es mi imperio Romano.
Cuando lo he hablado con mis amigas, porque obvio lo he hablado con mis amigas, siempre llegamos a la misma conclusión: las que tienen hermanas grandes se sienten Millenials. Las que como yo, tienen hermanos más pequeños, se sienten Gen Z. Ellas crecieron viendo y escuchando referencias de los inicios de los noventas. Yo, aunque solo soy 2 años más grande que mi hermano, suelo estar mucho más inmersa en el mundo de los “chavos”.
Pero tranquilos, porque en este mundo construido de etiquetas, inventaron una para que los que vivimos justamente entre otras dos no nos sintamos tan mal: Zillennials, que se refiere al micro grupo que nació entre 1996 y 1998, y que existe entre otras dos generaciones.
Zillennails. Tienes algún recuerdo del 11 de septiembre. Estabas en la universidad o saliendo de ella durante la pandemia. Creciste viendo Hannah Montana, High School Musical y Los hechiceros de Waverly Place.
Para mi hambre necesitada de palabras que definan quién soy, funciona. Es la prueba de que no soy la única que se siente en una especie de limbo y que el no poder definirte como Millennial o Generación Z es un problema real (por lo menos en nuestras cabezas). Sin embargo, para mi frustración derivada de las etiquetas, solo hace que crezca. Prefiero pensarme, como diría Hannah Montana y como prueba de que sí marcó mi infancia, con la ventaja de tener the best of both worlds.
Estoy construida con cachitos de los años noventas, con los recuerdos de un mundo sin smartphones, pero también con una adolescencia en donde ya existían las redes sociales. Logré graduarme sin la ayuda de la inteligencia artificial, pero ahora temo que me reemplace en el trabajo. Casi todas mis fotos de la infancia están tomadas con una cámara análoga, pero tengo los momentos más humildes de mi pubertad en iCloud. Crecí escuchando música en discos y viendo DVDs, pero también seguía siendo una niña cuando llegaron los iPods y el streaming. Supongo que todo eso es lo que soy. Un híbrido entre dos mundos que se encontraron justo cuando estaba creciendo. Y por eso, me niego a identificarme sólo con uno.
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