Pequeños hábitos que te hacen más feliz, según la ciencia
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Pequeños hábitos que te hacen más feliz, según la ciencia

A veces pensamos que la felicidad depende de grandes cambios, viajes soñados o momentos especiales, pero la realidad es mucho más simple (y alcanzable). En el día a día, aunque tengamos mil cosas por hacer, estrés y rutinas que parecen repetirse en loop, hay pequeños hábitos que pueden marcar una gran diferencia en cómo nos sentimos.

Sí, aunque suene básico, la ciencia ha demostrado que ciertos cambios mínimos pueden influir directamente en nuestro estado de ánimo. Desde cómo empezamos la mañana, cada pequeño hábito a lo largo del día impacta en nuestro bienestar emocional. Y no, no se trata de ser feliz todo el tiempo ni de ignorar lo que sentimos, sino de entender que nuestras emociones también se pueden trabajar.

Entonces surge la gran pregunta: ¿realmente podemos “controlar” cómo nos sentimos? Más que controlarlo todo, lo que sugieren las investigaciones es que podemos crear condiciones que favorezcan una vida más ligera, equilibrada y, sí, más feliz.

Dedica unos minutos a escribir lo que sientes

Un estudio publicado por la National Library of Medicine señala que identificar y nombrar nuestras emociones puede ayudar a calmar la actividad de la amígdala, la parte del cerebro que se activa cuando nos alteramos. Por eso, muchos psicólogos recomiendan escribir o hablar sobre lo que nos pasa.

Hacerlo no solo ayuda a liberar lo que sentimos, también permite tomar distancia de los problemas, verlos con más claridad y manejarlos mejor. De ahí que el journaling se haya vuelto tan popular: una práctica que consiste en anotar pensamientos, experiencias y emociones en un cuaderno o incluso en el celular. 

Ejercítate

Hacer ejercicio no solo es importante para el cuerpo, también lo es para la mente. Así lo señala un estudio realizado por las universidades de Oxford y Yale, publicado en The Lancet.

De acuerdo con la investigación, la actividad física puede tener un impacto muy positivo en la felicidad, incluso por encima de factores como el dinero. Además, las personas que hacen ejercicio reportan menos días de mala salud mental al mes en comparación con quienes no lo practican.

Eso sí, el estudio también advierte que hacerlo en exceso puede tener el efecto contrario, por lo que encontrar un equilibrio es clave. 

Abraza a alguien

El contacto físico puede influir más de lo que pensamos en cómo nos sentimos. Un artículo publicado en la revista PLOS ONE señala que dar o recibir un abrazo ayuda a reducir el cortisol (la hormona del estrés) y favorece la liberación de oxitocina y serotonina, relacionadas con el bienestar.

Además, este gesto simple puede ayudar a suavizar el mal ánimo, sobre todo en momentos de conflicto. La neurocientífica Susannah Walker explica que, desde que somos bebés, estamos predispuestos a buscar el contacto físico como una forma de sentirnos seguros. Por eso, ya de adultos, los abrazos siguen siendo una manera natural de reducir el estrés y sentirnos mejor.

Sé más amable contigo

Así como las relaciones con los demás son clave para sentirnos bien, la relación que tenemos con nosotros mismos también lo es. Muchas veces, sobre todo cuando sentimos que no cumplimos nuestras propias expectativas, tendemos a hablarnos de forma negativa: “soy un desastre” o “siempre me equivoco”.

La forma en la que nos hablamos influye directamente en cómo nos vemos y en cómo actuamos. Un estudio de la Universidad de Michigan, liderado por Ethan Kross, encontró que cuando nuestro diálogo interno está en primera persona, es más fácil caer en pensamientos negativos. 

En cambio, al hablarnos en segunda persona (como si nos diéramos un consejo) podemos pensar con más claridad y ser un poco más optimistas con nosotros mismos. 

Descansa lo suficiente

Dormir bien no solo te hace sentir más descansado, también puede influir en tu felicidad. Así lo señala una investigación de la Universidad de Warwick, que recomienda dormir al menos siete horas por noche.

Cuando no descansamos lo suficiente, el cerebro se ve afectado, especialmente la parte encargada de procesar las emociones positivas, mientras que las negativas tienden a estar más presentes. Por eso, descansar bien ayuda a mantener un equilibrio emocional y a sentirnos mejor en el día a día.

Prioriza solo tres tareas

Enfocarte en menos tareas puede ser más efectivo de lo que parece. Diversos estudios en psicología cognitiva han demostrado que nuestro cerebro funciona mejor cuando limita la cantidad de pendientes activos, ya que el exceso de tareas puede generar estrés y fatiga mental. 

Priorizar sólo tres actividades al día ayuda a mantener la concentración, mejorar la productividad y, al mismo tiempo, reducir la sensación de saturación.

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