¿Arrancaste 2026 con la sensación de ¿qué está pasando? Porque same. Para muchas, el “new year, new me” no llegó con una hoja en blanco, sino con caos: noticias durísimas, rupturas inesperadas, renuncias, cambios de rumbo y una energía general de cambio. Entonces, antes de pensar que “el año ya empezó mal”, hay algo clave que conviene recordar: el calendario chino no va al mismo ritmo que el nuestro. El Año de la Serpiente no termina hasta el 17 de febrero. Y sí, eso lo explica todo.
Por qué el Año de la Serpiente se sintió tan pesado
La Serpiente es conocida por muchas cualidades —sabiduría, intuición, misterio— pero hay una que domina este ciclo: la transformación. Las serpientes cambian de piel para seguir creciendo, y eso es exactamente lo que este año nos ha estado pidiendo, a nivel personal y colectivo.
El cierre del Año de la Serpiente no es suave. Al contrario: suele intensificar todo lo que aún no ha terminado de acomodarse. Relaciones que ya no daban para más, trabajos que dejaron de resonar, estructuras internas que se sentían seguras pero ya no eran auténticas… todo eso pidió ser soltado antes de avanzar. Por eso enero se sintió más como un “cierre emocional” que como un comienzo limpio.
Obvio: 2025 (sí, aunque ya estemos en 2026) no fue un año de ir rápido ni de victorias visibles. Fue más bien ese año raro, silencioso y medio incómodo que te obliga a bajar la velocidad aunque tú jures que ya estás lista para avanzar. Te hizo frenar, pensar, y sentarte con verdades que llevabas rato esquivando. Te puso a cuestionar relaciones, versiones de ti misma y sueños que en su momento te cuidaron… pero que ya no te quedaban.
Y aunque se sintió pesado, no fue en vano. La Serpiente no llegó a castigarte ni a complicarte la vida porque sí. Llegó a pulirte. A ayudarte a soltar defensas que ya no necesitabas, a limpiar miedos que te tenían atorada y, sobre todo, a hacer espacio. Porque lo nuevo no entra si sigues cargando con todo lo viejo.

2026 y la energía del Caballo
Y justo ahí viene el plot twist bueno. Después del 17 de febrero arranca oficialmente el Año del Caballo y, honestamente, se siente como cambiar de piel. La vibra es otra. Si la Serpiente te tuvo en modo introspectivo, terapia y journaling mental, el Caballo te dice: ok, ya entendiste, ahora sal al mundo.
2026 y más siendo Año del Caballo de Fuego viene con ganas de moverse, de arriesgarse tantito, de elegir sin tanto miedo. Es energía de “vamos”, de tomar decisiones claras y dar pasos reales. No es impulsiva tipo caos, más bien es directa: sabe cuándo acelerar y cuándo frenar.
Y aquí es donde todo ese trabajo interno empieza a rendir frutos. Lo que sanaste en silencio ahora te da dirección. Lo que antes te hacía dudar, hoy se vuelve intuición afilada. Y sí, lo que en el Año de la Serpiente se movió, en el Año del Caballo no hace cambios radicales, sino que toma fuerza.
Eso sí, el Caballo trae mucha energía, mucha visibilidad y muchas oportunidades… pero también pide balance. No se trata de correr hasta quemarte. El secreto está en avanzar con intención, cuidarte en el proceso y no perderte a ti misma mientras persigues todo lo nuevo que viene.
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