*Spoilers* Amo a Jane Austen. Y obvio, este es el understatement of the century, porque ¿quién no podría amar a Jane Austen? Básicamente, le debemos las rom-coms, todos los romance tropes que amamos y a varios de los personajes masculinos que seguimos considerando nuestros estándares románticos. Y aunque no sé qué tan buena crítica puedo ser de la nueva adaptación de Sense and Sensibility, dirigida por Georgia Oakley, porque genuinamente amo todas las adaptaciones de Jane Austen (sí, incluida Persuasion con Dakota Johnson y su cuestionable acento británico), hay algo que me encanta de regresar a estas historias una y otra vez.
Así que, más que una crítica tradicional, estas son algunas de las reflexiones que me dejó Sense and Sensibility (2026).

Willoughby fue el primer love bomber
Algo que siempre me queda claro después de leer una novela de Jane Austen es que los hombres siguen siendo los mismos de siempre. No importa si hablamos de un caballero de la época de la Regencia o de un financiero que trabaja en una consultora en 2026, las mañas y las red flags parecen sobrevivir al paso de los siglos. Y me parece increíble lo vigente que sigue siendo Willoughby como representación de cierto tipo de hombre que, desafortunadamente, todas conocemos.
Porque Willoughby es un love bomber de manual. Para quienes no estén familiarizadas con el término, el love bombing es una forma de manipulación emocional en la que alguien te llena de atención y promesas desde el principio de una relación. Todo parece demasiado bueno para ser verdad y, muchas veces, lo es. La idea es hacer que te enamores y te involucres emocionalmente muy rápido, para después utilizar esa conexión como una forma de control.
Y cuando Marianne, obviamente, cae en el jueguito de Willoughby y empieza a esperar cierto tipo de compromiso o reciprocidad, ¿qué hace Willoughby? LA GHOSTEA. No puedo creer que el ghosting no sea exclusivo de la era digital y que ya fuera algo tan común en esa época. Es impresionante que, aunque han pasado más de 200 años desde que Austen escribió esta historia, sigamos reconociendo exactamente los mismos comportamientos evasivos y dañinos cuando se trata del amor.

La verdadera historia de amor es entre hermanas
Creo que algo que esta adaptación hace muchísimo mejor que sus antecesoras es el enfoque y la atención que le da a la relación entre las hermanas Dashwood. Y es que algo que Jane Austen siempre ha sabido hacer increíblemente bien es retratar el amor entre hermanas. Entiende esa conexión casi inexplicable que existe entre ellas, cómo pueden comunicarse con una sola mirada, cómo sabes perfectamente lo que la otra está sintiendo sin que tenga que decir una palabra.
Pero también entiende las rivalidades, las diferencias de personalidad, los celos y las tensiones que pueden existir entre hermanas sin que nada de eso haga que se quieran menos. Creo que las relaciones entre hermanas son muy difíciles de adaptar bien y, para mí, solo puedes hacerlo si tienes una hermana, porque es una relación muy difícil de entender si no la has vivido.
Y es el tiempo y el cariño que le dedicaron a la relación entre hermanas lo que más me hizo amar esta adaptación. Las historias de amor de Marianne y Elinor son importantes, pero aquí casi pasan a segundo plano. La verdadera historia de amor es la de ellas dos. Y algo que me pareció precioso es que la película termine con Marianne y Elinor abrazándose. Al final, el gran acto de amor de esta historia es entre hermanas.
Hasta en 1790 los hombres arreglaban todo peleándose
Una de mis partes favoritas de esta adaptación, que no aparece en las otras versiones y que en la novela apenas se menciona de pasada, es el duelo entre el coronel Brandon y Willoughby. Porque OBVIO, así como hoy los hombres parecen arreglar todos sus problemas peleándose afuera del antro, en esa época el equivalente era tener un duelo.
Me pareció una escena increíble, especialmente por la reacción de las mujeres, que le dan un toque de comedia a toda la situación. En especial, me encantó cuando una de ellas dice algo como “tenemos que actuar como si desaprobáramos para que no lo hagan tan seguido”. Me dio muchísima risa que, más de 200 años después, los hombres sigan recurriendo a la violencia para resolver sus problemas. Pero bueno, al parecer los humanos no hemos evolucionado tanto como creemos.

Qué hermosa música
Creo que una de las claves para hacer una buena adaptación de Jane Austen es la música. TODAS estamos obsesionadas con el soundtrack de Pride & Prejudice de 2005, así que esta adaptación tenía unos zapatos enormes que llenar y de verdad que cumplió. Toda la música compuesta por Roger Goula es HERMOSA. Me encantó cómo acompaña perfectamente la historia y cómo entra justo en los momentos indicados.
Y aparte, la dirección de Georgia Oakley es preciosa. La película entera parece una pintura, desde el vestuario y los peinados hasta los escenarios. De verdad, no puedes dejar de verla de lo bonita que es. Y acompañada de esa música, todavía más.
Creo que a todas nos hace falta un poco más de sentimiento
Creo que con lo que más salí del cine es con la idea de que todas nos hemos vuelto un poco Elinor. La decepción del dating world actual, las ghosteadas, las situationships, lo horrible que te pueden hacer sentir las dating apps y, en general, lo complicado que se ha vuelto salir con alguien nos han hecho increíblemente sensatas. Tenemos la guardia arriba todo el tiempo, siempre preparándonos para lo peor.
Incluso creo que muchas hemos terminado aceptando el bare minimum con tal de no estar solas o de quedarnos con el menos peor. Nos hemos acostumbrado a esperar poco y a conformarnos con lo mínimo. Parece que hoy enamorarse es un juego de a quién le importa menos, en lugar de una historia de amor. Y sí, tal vez como Elinor muchas veces nuestras peores expectativas terminan siendo la realidad, pero eso no significa que tengamos que perder la emoción de enamorarnos o de ver la vida con un poquito más de whimsy, por así decirlo.
Creo que esta vez todas podemos aprender un poco de Marianne. De su forma de sentirlo todo intensamente, de emocionarse sin pena y de no querer conformarse con un amor a medias. Porque, como dice el coronel Brandon, encontrar un espíritu como el suyo es algo muy raro. Y creo que todas deberíamos permitirnos ser nuestra versión más Marianne, aunque nos encante pensar que somos Elinor.

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