Hay pocas cosas tan universales como poner Pride and Prejudice y pensar, inevitablemente: “ya no hay hombres así”. Pero, ¿qué significa exactamente así? El internet tiene una respuesta clara y muy específica: men who yearn. O, en español directo: hombres que anhelan.
No hablamos de “me gustas” ni de “te extraño tantito”. Yearning es otra cosa.Yearning es querer tanto que se nota aunque no lo digas. Se nota en las pausas largas, en las miradas que duran medio segundo más de lo normal, en el silencio incómodo que en realidad está cargadísimo de cosas. Es pensar “si estuviera aquí…” todo el tiempo. Es no poder ser indiferente aunque intentes verte cool. Y justo por eso pega tan fuerte: porque no se puede fingir.

Entonces… ¿qué es yearning?
Yearning no es solo querer a alguien. Es anhelarlo sin resolverlo. Es ese micro-gesto de Mr. Darcy flexionando la mano después de tocar a Elizabeth en la version del 2005 de Pride and Prejudice. Es Jay Gatsby organizando fiestas gigantes con la esperanza de que Daisy aparezca. Es la mirada sostenida, el “te quiero pero no puedo”, el deseo que arde lento.
Y sí, el yearning está de regreso. Siempre ha estado, en realidad. Solo cambia de forma y de década. Darcy y Laurie fueron los yearners del siglo XIX. Gatsby lo fue en el XX. Edward Cullen cargó con esa energía en los 2000. En 2025 volvió con fuerza gracias a Conrad Fisher de The Summer I Turned Pretty y en 2026 se consolidó con Heated Rivalry. El patrón se repite por una razón.

¿Por qué todas queremos yearning?
Porque estamos agotadas del dating moderno.
Entre el ghosting, las situationships y la regla no escrita de “gana quien demuestra menos”, el romance se volvió un juego de resistencia emocional. Lo que antes era considerado romántico (esfuerzo, insistencia, vulnerabilidad) hoy se tacha de intenso, cringe o “ick”. Mostrar entusiasmo es un riesgo.
En su lugar, premiamos la indiferencia. Contestamos horas después a alguien que nos encanta. Disfrazamos el interés de ironía. Nos entrenamos para parecer ocupadas, frías, imposibles de leer. Amar sin miedo se volvió un acto radical.
Y ahí es donde el yearning se vuelve irresistible.
Del ick al anhelo
Porque el yearning es justo eso: estar dispuesto a dejarlo todo por alguien y hacer esos big gesture moments aun sabiendo que existe la posibilidad (muy real) de que no sea recíproco. Hacerlo igual. No por dramatismo, sino porque no hacerlo sería traicionarte a ti mismo.
Es el tipo de deseo que las mujeres llevamos imaginando, escribiendo y romantizando desde los 1800s. Está en la ficción que hemos creado una y otra vez, cambiando épocas, vestidos y escenarios, pero nunca la emoción de fondo. Y aquí estamos, en 2025, anhelando exactamente igual.
Lo curioso (y frustrante) es que en algún punto alguien decidió decirnos que eso ya no estaba bien. Que era mejor desear a quien no te voltea ni a ver. Que mostrar cuánto te importa alguien es perder poder.
El yearning que queremos hoy
Queremos a alguien que no se haga el interesante. Que no esconda lo que siente. Que no tenga miedo de verse vulnerable.
Un Conrad Fisher gritándote en la playa que no te cases con su hermano (“don’t marry him!!”). Un Noah Calhoun construyendo la casa de tus sueños aunque no te haya visto en años. Alguien que anhele sin ironía y sin vergüenza.
Porque al final, el yearning no es debilidad. Es deseo con profundidad. Y si algo tenemos claro es esto: no queremos menos. Queremos a alguien que muera un poquito por nosotras. Y que no tenga miedo de demostrarlo.
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