Mari Yamamoto nos cuenta de Monarch y la libertad de actuar
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Mari Yamamoto nos cuenta de Monarch y la libertad de actuar

Para Mari Yamamoto, actuar es una forma de libertad. Ese momento, ya sea sobre el escenario o entre el “acción” y el “corte”, en el que un personaje cobra vida y todo lo demás desaparece. Actriz, escritora y productora, Yamamoto se ha convertido en una de las voces más interesantes del entretenimiento global, moviéndose con naturalidad entre el cine internacional y la televisión de prestigio.

Muy pronto la veremos retomar su papel como la Dra. Keiko Miura en Monarch: Legacy of Monsters, la serie de Apple TV+ ambientada en el universo de Godzilla, un mundo que para ella siempre ha tenido un significado especial por su peso cultural en Japón. En conversación con InStyle México, la actriz reflexiona sobre su camino inesperado hacia la actuación, la curiosidad que la impulsa como intérprete y las historias que espera seguir contando.

Catie Laffoon

Nuestra entrevista con Mari Yamamoto de Monarch

¿Qué fue lo que primero te atrajo de la actuación y qué te hizo decidir dedicarte a ella por completo? ¿Cómo fue tu camino hacia la industria?

Siempre me han gustado mucho las películas, pero de niña nunca actué ni pensé realmente en dedicarme a eso. Después de graduarme de la universidad trabajé primero en el mundo editorial y luego en publicidad. Muchas veces trabajaba hasta la madrugada y terminaba recurriendo a las películas y a las series como una forma de escapar y recargar energía.

Fue en esa etapa cuando vi a Sandra Oh en Grey’s Anatomy y me dejó completamente impresionada su forma de actuar. Tenía una capacidad increíble para hacerme sentir que su personaje era una persona real. Empecé a ver sus escenas una y otra vez preguntándome: “¿cómo lo hace?”. En ese momento yo estaba trabajando sin parar y me sentía un poco desconectada por dentro. En comparación, ella parecía tan llena de vida en pantalla. Ahí fue donde empezó mi fascinación. 

Hasta entonces no habíamos visto tantos personajes asiáticos complejos y bien desarrollados en la pantalla. De pronto, se sintió como algo que yo misma podía atreverme a imaginar. Nunca había actuado antes, pero algo dentro de mí me dijo que tenía que intentarlo. Así que durante unas vacaciones de verano tomé un workshop de actuación en Nueva York… y me enamoré inmediatamente. 

¿Qué es lo que más te gusta de actuar? ¿Qué sigue emocionándote o retándote de este oficio?

Creo que lo que más me gusta es la sensación de libertad que siento cuando estoy actuando, ya sea sobre el escenario o en el momento entre el “acción” y el “corte”. Es una sensación difícil de describir y algo que sigo persiguiendo constantemente. Cuando puedes mirar a otra persona a los ojos y, de alguna forma, ir a otro lugar juntos y cuando termina la escena casi no recuerdas exactamente qué pasó porque estabas completamente en el momento. Para mí, eso es libertad.

Pero para poder llegar a ese punto el día de la filmación, hay muchísimo trabajo detrás: análisis del texto, trabajo físico, construir al personaje desde adentro hacia afuera. Todo eso es parte del proceso. Y justamente ahí está también el reto y la emoción, porque cada proyecto es diferente y en el camino conoces a personas increíbles que están igual de apasionadas y obsesionadas con lo que hacen.

Habiendo crecido entre Japón y el Reino Unido, ¿cómo ha influido tu formación multicultural en la manera en que abordas tus personajes y las historias que te interesan?

Es una sensación interesante: sentirte muy parte de una cultura o de un lugar y, al mismo tiempo, sentirte un poco fuera de él. Creo que eso te acostumbra a ver el mundo no como algo binario, sino como un espectro lleno de matices.

De alguna forma, siempre he tratado de ver ambos lados de cualquier situación, porque crecí con la idea de que no existe una única manera correcta de ver las cosas. Eso me convirtió en una persona muy sensible y emocionalmente abierta, algo que realmente ayuda cuando se trata de habitar un personaje. Al final, lo último que quieres hacer es juzgar al personaje que interpretas.

También influye mucho al momento de crear personajes, porque pueden surgir desde cualquier lugar de tu mente y no los filtras a través de una mirada simplista de bueno o malo, correcto o incorrecto. El mundo y las personas que lo habitan son mucho más complejos que eso.

Lo que sí tengo claro es que necesitamos empatía para intentar ver diferentes perspectivas. Y, al final, la empatía también es imaginación. Fomentarla se siente más importante que nunca.

Catie Laffoon

También has expandido tu trabajo hacia la escritura y la producción. ¿Qué te ofrece trabajar detrás de cámara que la actuación por sí sola no?

Creo que, al venir de distintos ámbitos profesionales, incluso cuando estoy actuando también estoy pensando en muchas otras cosas: la historia, la logística, cómo se construye todo el proyecto. Siempre estoy viendo el panorama completo, así que para mí ha sido una progresión bastante natural terminar trabajando tanto delante como detrás de la cámara.

Me emociona mucho todo el proceso de crear mundos, pensar en cómo hacerlos realidad y, después, poder habitar a un personaje que vive dentro de ese universo. Cada una de esas etapas me resulta igual de fascinante.

¿Qué fue lo que inicialmente te atrajo de la historia de Monarch: Legacy of Monsters?

Trabajar en el universo de Godzilla fue, antes que nada, algo increíblemente emocionante para mí. Cómo japonesa, creces rodeada de la imagen de Godzilla; es una figura muy presente en el imaginario cultural. En mi caso, mi primer acercamiento también vino de mi papá, quien vio la película original de 1954 en el cine cuando era niño.

Por eso siempre fui muy consciente del significado más profundo que tiene esta figura. No es solo un monstruo, también simboliza la guerra y el trauma que afectó a toda una generación de japoneses: un país que, en ese momento, se veía tanto como perpetrador de la guerra como víctima de las bombas atómicas.

Así que la oportunidad de interpretar a un personaje que vivió todo eso, y además a una mujer en los años cincuenta lo suficientemente ambiciosa como para ir a Estados Unidos a estudiar radiación, justamente aquello que arruinó tantas vidas, con la intención de comprenderlo y evitar que vuelva a ocurrir, se sintió muy significativo para mí, casi como cerrar un círculo.

A pesar de todo lo que ha vivido, Keiko es una persona increíblemente optimista. Hay una luz dentro de ella que me pareció muy hermosa, porque es una elección. Sobrevivió a muchas cosas y perdió a muchas personas, así que decide vivir con toda la intensidad posible también por quienes no lo lograron. Esa idea me parece muy poderosa y conmovedora, y realmente quería poder encarnar a alguien así.

¿Qué es lo que más te gusta de Keiko y qué te gustaría que el público pudiera ver o entender aún más de ella?

Su curiosidad y su capacidad de creer en los milagros y en las teorías más improbables. Su trabajo consiste precisamente en demostrar que esos “milagros” pueden ser posibles, y eso hace que vea posibilidades en todo: en cualquier situación y en cualquier persona. Me parece una forma muy hermosa de mirar el mundo, y espero poder incorporar un poco de esa magia a mi propia vida.

Sin revelar demasiado, ¿qué pueden esperar los espectadores de Keiko esta temporada?

Al final de la primera temporada la vemos perder todo el mundo que conocía y enfrentarse a la realidad del mundo moderno. En la segunda temporada veremos cómo lidia con esas pérdidas, aunque casi de inmediato se ve envuelta nuevamente en toda la acción relacionada con los monstruos. Tendrá que encontrar la manera de adaptarse a esta nueva vida, mientras intenta conectar con sus recién descubiertos descendientes y reencontrarse a sí misma a través de su amor por la ciencia y por los monstruos, todo mientras su vida avanza a toda velocidad.

¿Hay alguna parte del MonsterVerse que te fascine especialmente y en la que te gustaría profundizar más?

Creo que el mundo intermedio en el que Keiko cae en la primera temporada, Axis Mundi, es un lugar fascinante. Es un reino donde las criaturas van y vienen, y me encantaría explorar más cómo funciona ese mundo. Sobre todo porque Keiko pasó 57 días allí, que equivalen a 57 años en nuestro mundo, sobreviviendo completamente sola, así que definitivamente sería interesante descubrir más sobre lo que vivió durante ese tiempo.

Pachinko fue una historia muy poderosa e íntima. ¿Qué fue lo que más te atrajo del personaje de Hana?

Para ser honesta, cuando me ofrecieron el papel tuve miedo de no poder interpretarla. Es un personaje completamente distinto a mí, y probablemente nunca habría pensado en interpretarla si hubiera dependido de mí. Pero Soo, nuestra showrunner, vio algo en mí y confió en que podía hacerlo, así que quise ver hasta dónde podía llegar.

Hana es un personaje muy complejo. Ha tenido una vida complicada, está muriendo de SIDA, habla con un dialecto difícil y además aparece hacia el final de la temporada teniendo que transmitir toda la historia de su vida en apenas unas cuantas escenas.

Lo primero que tuve que hacer fue imaginar y construir su vida completa, incluso las partes que nunca vemos en pantalla. Es alguien que quería muchísimo de la vida, pero no sabía cómo alcanzarlo y tampoco tuvo las herramientas para hacerlo. Así que utilizó las únicas herramientas que conocía para sobrevivir, lo que finalmente la llevó a un final amargo.

El guion era hermoso y, por suerte, también había mucho material en la novela. En el libro hay una historia muy rica sobre ella y sobre su relación con Solomon y con su madre. Otro reto importante fue que nunca había visto a una mujer con SIDA retratada en profundidad en pantalla, así que investigué mucho: hablé con personas que cuidaron pacientes con SIDA en los años ochenta y vi muchos documentales.

Durante ese proceso encontré unas memorias muy detalladas sobre la muerte de una mujer japonesa —exactamente de la edad de Hana— que falleció en secreto en Los Ángeles. Mientras más aprendía, más sentía el deseo de honrar a personas como ella, que murieron en silencio y fueron olvidadas. Así que traté de incorporar en el personaje muchos de los síntomas y las luchas que aparecían en ese libro.

Fue un reto enorme, pero también increíblemente emocionante, y disfruté cada momento del proceso, a pesar de lo trágico que es el material.

Catie Laffoon

¿Cómo te cambió Pachinko como actriz?

Me enseñó a ir hacia los lugares que me dan miedo, a ser valiente y entregarme por completo. Al final, me hizo confiar más en mí misma como intérprete: entender que puedo llegar más profundo de lo que pensaba y lo liberador que es dejar atrás inhibiciones que ni siquiera sabía que tenía. También me dio esperanza ver que historias como esta, con un elenco completamente asiático, se están contando en Hollywood y además de una manera tan hermosa.

Mirando hacia el futuro, ¿qué tipo de historias te gustaría crear o impulsar?

He tenido la oportunidad de interpretar muchos personajes dramáticos, pero también me encanta hacer comedia. Hacer reír a la gente es una de mis cosas favoritas, así que me encantaría explorar más ese lado. También quiero contar historias sobre la amistad y el amor platónico, porque para mí esas relaciones son realmente las que hacen que el mundo funcione.

En cuanto a personajes, me gustaría interpretar algo que me sorprenda, algo que nunca habría imaginado para mí. Personajes dentro de mundos de fantasía, dramas históricos, quizá una villana o una espía. Cualquier cosa que no haya hecho antes se siente como un reto emocionante.

¿Qué consejo te hubiera gustado recibir al inicio de tu carrera?

Que tomes todo de manera personal en el trabajo, pero nada de manera personal en el negocio. Tienes que mantener cierta sensibilidad para poder actuar, pero al mismo tiempo desarrollar una especie de capa exterior resistente que puedas quitar y poner para todo lo demás que viene con esta industria.

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