La edición 98 de los Premios de la Academia están a la vuelta de la esquina y sí, podemos debatir Mejor Película, Mejor Dirección y hasta Mejor Vestuario. Pero hay una categoría que este año se siente personal: Mejor Actor. Porque no es solo una nominación, es una batalla generacional. Sí, hablamos de Timothée Chalamet vs. Leonardo DiCaprio.
Una batalla generacional por el Oscar
Desde que Timothée explotó con Call Me by Your Name, la prensa lo bautizó como “el Leonardo DiCaprio de su generación”. Y la comparación no es gratuita.
Leonardo hizo algo muy similar en los 90 con What’s Eating Gilbert Grape, obteniendo una nominación al Oscar siendo prácticamente un adolescente. Ambos empezaron su carrera muy jóvenes y rápidamente se consolidaron como el talento de su generación, capaces de moverse entre películas más independientes y, de pronto, cargar blockbusters gigantes sobre sus espaldas.
El paralelismo era casi poético. Hasta que este año dejó de ser teoría y se volvió realidad: compiten cara a cara en la misma categoría. Timothée está nominado por Marty Supreme y Leo por One Battle After Another.
Pero esta historia ya la vimos antes. Hollywood ama pasar la antorcha y rebautizar al nuevo favorito con el nombre de una leyenda. El propio DiCaprio vivió bajo la sombra de Robert De Niro, a quien siempre ha señalado como su mayor influencia. Tras compartir pantalla en This Boy’s Life (1993) —proyecto que De Niro impulsó—, Leo siguió una ruta similar de papeles intensos y una alianza clave con Martin Scorsese.
La diferencia es que nunca compitieron directamente en los Oscar. Aun así, DiCaprio heredó algo más que la comparación: el título simbólico… y al colaborador más icónico de su antecesor. En Hollywood, el relevo generacional es casi tradición.


Timothée “merece” el Oscar
El argumento del “ya le toca” se ha vuelto el mantra del team Timothée: que si lleva años entregando grandes actuaciones, que si es el actor más interesante de su generación, que si este es el momento de consagrarlo. Él mismo ha sido muy claro en su ambición.
En diciembre de 2025, esa seguridad se volvió tema de conversación cuando, durante la promoción de Marty Supreme, describió su racha reciente como “top-level” y “top-of-the-line performances” de los últimos siete u ocho años. Para algunos fue confianza; para otros, arrogancia.
Y aquí es donde la comparación con Leo pesa. Si hablamos de “merecer”, vale la pena recordar que DiCaprio esperó 23 años entre su primera nominación por What’s Eating Gilbert Grape y el Oscar que finalmente ganó por The Revenant. En ese trayecto dejó actuaciones históricas en The Aviator, Blood Diamond, The Wolf of Wall Street, Inception, Shutter Island y varias más. Tenía 41 años cuando por fin escuchó su nombre en el Dolby Theatre.
¿Entonces Timothée lo merece? Tal vez la pregunta está mal planteada. En Hollywood, nadie “merece” un Oscar por acumulación de buenos años. No es un premio por asistencia ni por potencial; es por una actuación específica en un momento específico.
Chalamet está haciendo lo que se espera de él: elegir bien, arriesgarse, crecer. Eso no le garantiza nada, pero tampoco le quita mérito.
¿Quién ganará el Oscar?
Todo apunta a que Timothée Chalamet se llevará el Oscar a Mejor Actor en 2026. No por lo que hizo hace tres años. No por narrativa. Sino porque, simplemente, dio la mejor actuación de este año.
En Marty Supreme, su interpretación de Marty Mauser se siente como ese punto de quiebre hacia la adultez actoral. Es intensa, física, obsesiva. Pasó siete años preparándose para el papel, entrenando incluso para que su nivel de ping-pong se viera profesional en pantalla. El resultado es una actuación transformadora.
Del otro lado está Leo. En One Battle After Another, bajo la dirección de Paul Thomas Anderson, interpreta a Bob, un ex revolucionario que se lanza a una búsqueda desesperada por su hija desaparecida. Y, como siempre, DiCaprio entrega una actuación feroz. Se desarma, se ensucia, se pierde dentro del personaje hasta que dejas de ver a “Leo” y solo ves a Bob.
Pero si algo ha demostrado DiCaprio es que no actúa para la estatuilla. Después de décadas de actuaciones monumentales, la mayoría ignoradas por la Academia, su legado ya está asegurado.
Este año, el momento parece inclinarse hacia Timothée. Y si sucede, no será solo una victoria individual, sino una imagen poderosa: el relevo generacional consolidándose en tiempo real.


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