En Huntington, Jessica Henwick se aleja de los personajes que lo “tienen todo resuelto” para interpretar a Ruth, una mujer en plena transformación, atrapada en un mundo marcado por el exceso, la ambición y la decadencia moral.
Con una carrera que la ha llevado de universos masivos como Star Wars y Game of Thrones a proyectos más íntimos, Henwick ha construido un perfil versátil donde lo que realmente guía sus decisiones no es la escala, sino la historia y el mensaje detrás.
Tuvimos la oportunidad de platicar con ella sobre este nuevo proyecto, lo que la atrajo de su personaje, su evolución como actriz y directora, y la forma en la que hoy entiende el éxito, la felicidad y el proceso de encontrarse a sí misma.

Entrevista con Jessica Henwick: Huntington y el arte de reinventarse
¿Cómo empezó todo? ¿Qué fue lo que te llevó a la actuación?
Siempre me ha gustado contar historias. Mi papá nos leía a mis hermanos y a mí todas las noches, pero yo nunca me conformaba con solo uno o dos capítulos. Cuando se apagaban las luces, yo seguía la historia en mi cabeza, imaginando finales y nuevos caminos. La actuación se volvió una forma muy natural de seguir alimentando eso.
Desde fuera parece que saltaste de un gran proyecto a otro. ¿Cómo ha sido realmente ese camino detrás de cámaras?
Desde adentro no se siente así. Yo solo me veo como una actriz que trabaja. He tenido mucha suerte de formar parte de proyectos increíbles, pero nunca ha sido una decisión consciente hacer algo “grande” o “pequeño”. Todo depende de la historia, el director y el mensaje.
Has trabajado en franquicias enormes como Star Wars, Game of Thrones o Knives Out. ¿Cómo es llegar a sets con mundos ya tan establecidos?
Es impresionante. En Star Wars, por ejemplo, todo es tan grande y tan inmersivo que casi no tienes que actuar. Lo mismo pasa con Game of Thrones. Y en Knives Out, curiosamente, yo me sentía fuera de lugar rodeada de grandes estrellas… justo como mi personaje, así que todo se alineó de forma muy orgánica.

¿Qué te hizo decir sí a How to Make a Killing?
Lo que más me convenció fue John Patton Ford, nuestro director. Me encantó su película anterior, Emily the Criminal; nunca había visto a Aubrey Plaza en ese registro y me impresionó muchísimo. También me atrajo la idea de interpretar a una mujer en transición, entre dos mundos, tratando de descubrir quién es. Normalmente me eligen para personajes que ya están muy seguros de sí mismos, que ya lo tienen todo resuelto.
¿Qué nos puedes contar sobre tu personaje, Ruth?
Ruth refleja un movimiento más grande que siento que está pasando justo ahora: el rechazo a la hustle culture, al materialismo y a esta idea constante de querer más. Ella se inclina por una vida más lenta, más simple, incluso más “analógica”. Está tratando de descubrir qué es lo que realmente la hace feliz y plena. Y, siendo honesta, es justo lo que veo todo el tiempo en mi feed: jardinería, cocinar, autosustentabilidad, desconectarse del mundo.
Compartes pantalla con Glen Powell, Margaret Qualley y Ed Harris. ¿Cómo fue la dinámica en el set?
La energía en el set fue increíble, y eso empieza desde arriba. Glen marcó el tono de una forma impecable. Vive esto por completo: lo respira, lo come, lo duerme. Probablemente es uno de los actores más preparados con los que he trabajado; está totalmente enfocado en la experiencia del público y no tiene nada de ese ego que a veces viene con ser el número uno en el llamado. Cero ego.
¿Qué te gustaría que el público se lleve después de ver la película?
Que se hagan esta pregunta: ¿cuál es el precio de la felicidad?
También diriges. ¿Qué es lo que más disfrutas de estar detrás de la cámara?
Estar frente a la cámara ahora se siente muy tranquilo para mí. Solo tengo que preocuparme por mis líneas; todo lo que pasa antes y después realmente está fuera de mis manos.
En cambio, cuando estás detrás de la cámara, todo recae sobre ti: el bienestar del cast y del equipo, y también la experiencia del público. Todos te miran esperando respuestas, así que tienes que estar lista para resolver cualquier cosa en cualquier momento.
Y aunque eso puede ser aterrador, justo eso es lo que me atrae de dirigir. Se siente como una forma muy pura de crear.
Cuando diriges, ¿qué tipo de historias te interesa contar?
Creo que cuando dirijo, casi siempre estoy tratando de procesar algo de mi propia mente. Suele partir de algo que he sentido o de lo que veo que están viviendo mi familia o mis amigos. Necesito tener ese anclaje personal con el material, porque si no, todo se puede desviar muy rápido.
Dicho eso, si algún día tengo la oportunidad de dirigir una película, me encantaría explorar mundos más grandes, algo parecido a lo que consumía cuando era niña. Estaba obsesionada con la fantasía —era lo único que leía— y hasta hoy sigue siendo algo que me atrae muchísimo. Quién sabe.
Creciste entre distintas culturas. ¿Cómo influye eso en tu trabajo?
Haber crecido entre dos culturas hace que me sienta naturalmente conectada con personajes que están “en medio”, que no terminan de encajar o de sentir que pertenecen del todo. Supongo que, en mayor o menor medida, todos nos hemos sentido así alguna vez.
¿Qué consejo le darías a alguien que quiere seguir tus pasos?
Sal a vivir la vida. Experimenta todo lo que puedas: enamórate, lee, viaja sola, desenamórate, cuida de alguien más, escribe, baila, canta, quédate sin dinero, gana dinero y ve a terapia.
Conócete de verdad: qué quieres, qué necesitas, qué te gusta y qué no. ¿Quién eres cuando nadie te está diciendo quién ser? Empieza por ahí.
Y si quieres entrar al mundo artístico, nunca te vas a sentir “lista”. Simplemente tienes que hacerlo. Toma cualquier trabajo en un set que puedas. Yo empecé como runner, asistente de producción, set dresser y extra. Aprendí tanto en esos días como durante mi formación como actriz.

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