Si ya estás mordiéndote las uñas con el final de Tell Me Lies, tranquila: no eres la única. Aunque la serie nos dio un cierre digno (y bastante intenso), en realidad no es el final original de la novela en la que está basada. El libro termina muy diferente… y sí, cambia varias cosas clave. Aquí te contamos qué pasa realmente con este grupo de tóxicos en la versión original de Tell Me Lies de Carola Lovering.

¿Y entonces? ¿Cómo termina el libro de Tell Me Lies?
Para empezar: en el libro, Lydia no existe. Todo eso es invento 100% para la serie. También cambia mucho la historia de Macy: en el libro, no solo es alguien que Lucy medio conoce, es su mejor amiga de toda la vida. Y sí, también muere en un accidente de coche, y sí, Stephen también tiene la culpa.
Después de graduarse, Stephen se muda a Nueva York y sigue viéndose con Lucy en una relación súper tóxica de idas y vueltas. Obvio, le pone el cuerno mil veces. Y Lucy, como muchas, sigue ahí, aferrada, pensando que va a cambiar.

Hasta que por fin le cae el veinte: Stephen es del mismo pueblito que el “novio secreto” con el que Macy iba a salir la noche en que murió. Y sí, era él. En un capítulo desde el punto de vista de Stephen, confiesa que estaba borracho manejando, que Macy iba con él, y que cuando chocaron y ella murió y él simplemente se fue. La dejó ahí. Porque no quería arruinar su futuro.
En la boda de Bree, Lucy lo confronta y le pregunta si recuerda a Macy. Y él, como buen manipulador, le dice que no tiene idea de quién es. Y ahí es cuando Lucy se despierta. Ya no siente nada por él. Ni enojo. Solo le da igual. Y se va. Lo deja ahí, sin volver atrás. Por fin.
¿Y la mamá de Lucy? ¿Sigue siendo igual de complicada?
En el libro, es todavía peor. El famoso “Evento Imperdonable” es que Lucy cachó a su mamá poniéndole el cuerno a su papá… con Gabe, el hermano mayor de Macy y el primer crush de Lucy. Pero al final, madre e hija se reconcilian. Lucy decide que ya tuvo suficiente de Nueva York, quiere escribir, empezar desde cero y, sobre todo, dejar de ser “ese tipo de persona” que alguien solo busca cuando le conviene. “Jamás quiero ser eso para nadie,” dice.
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