Si creciste subrayando romances, llorando con finales abiertos y defendiendo tus libros favoritos como si fueran una extensión de tu personalidad, entenderás esto: las adaptaciones siempre dan un poquito de miedo. Y cuando hablamos de People We Meet on Vacation, el libro más querido de Emily Henry, la expectativa estaba altísima.

La historia de Alex y Poppy —dos amigos que se enamoran lentamente mientras viajan juntos año tras año— por fin dio el salto a la pantalla con Tom Blyth y Emily Bader como protagonistas, y ya está disponible en Netflix. Es romántica, visualmente preciosa y muy fácil de maratonear… pero no es una copia exacta del libro. Y eso no es algo malo.
Aquí te contamos las diferencias más importantes entre el libro y la película y cómo cambian la experiencia.
¿Qué cambió del libro a la película de People We Meet on Vacation?
El “solo hay una cama” llega antes… y con más tensión
Uno de los tropes favoritos del romance aparece mucho antes en la película. Mientras que en el libro Alex y Poppy se conocen en la universidad y su primer road trip es relativamente tranquilo, la versión en pantalla acelera el paso.
La peli arranca con un viaje tipo When Harry Met Sally, que termina en un motel improvisado después de que Poppy encierra las llaves en el coche. ¿El resultado? Una noche forzada juntos y una sola cama desde el inicio.
En el libro, este momento ocurre más adelante, ya con sentimientos más cocinados. En pantalla, funciona como un detonador temprano de química, incomodidad deliciosa y vibes de “esto claramente no es solo amistad”.

El reencuentro cambia de plan y de continente
Uno de los giros más notorios está en cómo (y dónde) Alex y Poppy se vuelven a encontrar. En la novela, ella es quien busca retomar la amistad y propone el viaje a Palm Springs, incluso disfrazándolo como trabajo. Comparten un departamento modesto, sin aire acondicionado, con ese caos que tanto nos gusta leer.
En la película, el destino se eleva: Barcelona entra en escena. Poppy es invitada directamente a la boda del hermano de Alex y convence a su jefe de viajar. El departamento es mucho más chic, aunque conserva el A/C roto y el ruido eterno de la ciudad. Eso sí, Alex no se hospeda ahí, hasta que una lesión lo obliga a quedarse.
El reencuentro ya no se siente planeado para revivir el pasado, sino más casual, más accidental y más real. Y sí, el momento del balcón bajo la lluvia sigue ahí, intacto y emocionante.

Menos viajes, más enfoque emocional
El libro es prácticamente un collage de viajes, personajes secundarios memorables y anécdotas que construyen la historia a fuego lento. La película, con un tiempo limitado, tiene que elegir.
Vemos camping en Squamish, escapadas a Nueva Orleans y Toscana, y uno de los momentos más sensuales, el encuentro en el taxi acuático sí hace su aparición. Pero varios personajes y mini historias se quedan fuera.
El resultado es una narrativa más concentrada con más foco en Alex y Poppy. Puede que extrañes a algunos secundarios, pero la historia central se siente más clara y directa.

El gran quiebre emocional se reescribe
Este es el cambio que más divide opiniones. En el libro, la ruptura entre Alex y Poppy nace de un beso borracho y un malentendido enorme que nunca se habla del todo.
En la película, el break up ocurre en la Toscana, durante un viaje en pareja con sus entonces novios. Aquí, Alex llega incluso a proponer matrimonio a Sarah (algo que no pasa en el libro), convirtiendo el conflicto en una elección consciente, no solo en una confusión emocional.
Sarah también cambia, deja de ser una relación intermitente para representar la estabilidad, la vida “correcta”, lo que se espera de Alex. Poppy, en cambio, simboliza el riesgo.
La película apuesta por un dilema más adulto y estructurado, sacrificando un poco del caos emocional del libro, pero ganando claridad narrativa.

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