Azul Guaita: la intensidad de amar y resistir en Como agua para chocolate
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Azul Guaita: la intensidad de amar y resistir en Como agua para chocolate

Desde el primer episodio de Como agua para chocolate, Azul Guaita se plantó frente a la cámara con una mezcla de fuerza y vulnerabilidad que pocas veces se ve tan natural. Para esta segunda temporada no interpreta a Tita: la escucha, y regresa a uno de los personajes más simbólicos de la literatura mexicana con una cercanía distinta, más profunda. Si en la primera entrega descubría el dolor y el silencio de Tita, hoy la acompaña desde otro lugar. “Ya no la juzgo, la abrazo”, dice, y esa frase resume el punto exacto en el que se encuentra junto a su personaje.

Azul Guaita en Como agua para chocolate…

Azul Guaita para InStyle febrero
Azul Guaita para InStyle febrero

Esta etapa le exige a Tita —y a Azul— una madurez emocional más compleja. Ya no se trata de sentir intensamente, sino de decidir desde lo que siente… vivir contradicciones y culpas que a veces duelen más de lo que liberan. Para ella, ha sido uno de los retos más grandes de su carrera: sostener emociones contenidas, silencios que pesan y escenas donde no decir nada implica decirlo todo.

Interpretar a una mujer que ama, espera, reprime y resiste deja marcas. Azul lo reconoce sin romanticismos. Habitar ese tipo de amor le enseñó que no todo lo que se siente con intensidad necesariamente hace bien. Que amar así cansa, duele y transforma, y que también es válido preguntarse cuánto está una dispuesta a sacrificar por alguien sin perderse a sí misma en el intento.

Febrero es un mes que suele glorificar el amor romántico, pero su reflexión es clara: amar sin dejar de escucharse, sin traicionarse y sin olvidar quiénes somos. Para poder entregarse a un personaje tan demandante sin romperse por dentro, aprendió a poner límites. Sentir con Tita, sí, pero no cargarla todo el tiempo. Volver a lo cotidiano: hablar, descansar, reconectar con lo simple.

¿El resultado? Ser más paciente y consciente de que los procesos largos no tienen que ser perfectos para ser valiosos. Compartir escena, proceso y ahora portada con Ana Valeria y Andrea transformó la experiencia. Hermanas en la historia y dueñas de una complicidad honesta y amorosa para cuidarse, escucharse y sostenerse en la vida real.

Dentro del set, la entrega fue absoluta; fuera de él, nació una amistad que hoy se siente como hogar. Esa red femenina fue fundamental para contar esta historia. En su vida la amistad ocupa un lugar central. Es su ancla, su espacio seguro y el recordatorio constante de quién es, fuera del trabajo. Junto con su familia y su círculo cercano, es lo que la mantiene con los pies en la tierra, lejos del ruido y de las comparaciones que muchas veces impone el medio.

Sabe que proteger su sensibilidad también es una forma de fortaleza. Mientras imagina las historias que quiere contar —mujeres complejas, imperfectas y reales—, se permite explorar versiones de sí misma más valientes, más libres y más vulnerables.

Si ella pudiera hablar con la Azul que estaba por empezar este proyecto, le diría que confíe, que no se exija tanto y que disfrute más el camino. Porque como Tita, ha aprendido que todo llega cuando tiene que llegar… y que algunas de las transformaciones más profundas suceden en silencio, pero se sienten para siempre.

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