Productos de beauty que Carolyn Bessette-Kennedy amaba
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Productos de beauty que Carolyn Bessette-Kennedy amaba

Con el estreno de American Love Story, la serie de FX de Ryan Murphy que llegó el pasado Valentine’s a obsesionarnos con la IT couple de los 1990s, el cultural rewind ya está en acción. La producción revive el romance, la tragedia de Carolyn Bessette-Kennedy y JFK Jr., la sastrería perfecta… y, claro, el beauty look icónico.

¿Por qué es que la estética de Carolyn —alias Mouse, Private Princess— es todo lo que queremos para nuestro beauty rebranding? Aquí te contamos todo sobre su estilo, sus beauty secrets y productos favoritos confirmados.

Los productos de belleza favoritos de Carolyn Bessette: cómo lograr su beauty look.

La anti–beauty victim no perseguía la perfección ni las tendencias, mucho menos la reinvención constante. De vendedora en Calvin Klein a directora de publicidad, su poder estaba en la contención y en no tener miedo a verse normal. Hoy, en una era donde tantas caras parecen diluirse en un mismo ideal algorítmico, Carolyn recuerda que el carácter lo supera todo: tu propia nariz, tu propia piel, siempre tú.

Su filosofía de belleza era minimalista, pero intencional. Lapiel iba primero: suave, ligera, mate —nunca glazed—. Prefería el cuidado funcional de de Janet Sartin (la marca neoyorquina de la skin specialist famosa entre 1950s y 2000s): usaba el White Astringent, elGentle Cleansing Soap y el Sensitive Skin Treatment. Sadly, ya no se consiguen tan fácil así que hicimos un mini análisis de su rotuine.

Todo a apunta a que su tipo de piel era grasa. Curiosamente, además de limpiadores para piel sensible, uno de sus básicos era un jabón en barra (lo que evitas si tienes piel seca porque huyes del efecto “stripping”). Aquí unos ejemplos de los productos derm que se alinean con su rutina.

Cuando hablamos de makeup, Carolyn sellaba estratégicamente con base en polvo de M.A.C (la idea era controlar, no cubrir). Por último, agregaba un toque sutil de iluminador en crema que apenas devolvía dimensión, sin caer en el brillo excesivo, encontramos la opción ideal de RMS Beauty.

Los ojos eran hiper discretos, “barely there”. Cejas finas, pestañas mínimas acentuadas con un rímel clásico de Lancôme, y alguna sombra ocasional en tono hueso —algo en la línea de las paletas neutras de Makeup by Mario—. Nada dramático y todo preciso.

Los labios eran su único gesto más definido: el Sheer Lipstick en Ruby de Bobbi Brown (su preferido), a veces delineado con MAC Spice, aplicado como si no hubiera espejo de por medio.

Su fragancia era otro staple limpio. Aunque su firma original era el aceite de almizcle egipcio Abdul Kareem —la white tee de los perfumes—, si hoy buscas ese signature scent, se puede traducir en almizcles modernos como Narciso Rodriguez: piel, pero mejor.

Narciso Rodriguez, $3,690; elpalaciodehierro.com.

¿El pelo? Carolyn era una brunette convertida en “cornflower blonde”, con highlights suaves y textura air dry. Entre los rumores de backstage estaban el Elasticizer de Philip Kingsley y la Creme with Silk Groom de Kiehl’s para pulir sin rigidez. Y, por supuesto, su diadema plana de carey —hoy reinterpretada por firmas como Parcelona— o un chongo bajo perfectamente imperfecto.

Los pequeños detalles cambiaban —el rubio, las cejas—, pero siempre era Carolyn. Una belleza que no se esfuerza demasiado. De hecho, parece que no se esforzó en absoluto. Y la amamos por eso. No podemos estar más de acuerdo: “she dressed — and lived — by intuition. A capsule wardrobe. A capsule face“. We love you, forever, princess,

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