En Amarte, su nueva película, Cassandra Sánchez Navarro se aleja de los clichés de la comedia romántica para explorar las distintas formas de amar y comprender al otro. La actriz, que comparte créditos con José María de Tavira, también inicia una nueva etapa como productora ejecutiva. En entrevista nos habla sobre las relaciones, la responsabilidad afectiva y las historias que quiere llevar a la pantalla.
En Amarte, tu personaje es una actriz peculiar que se encuentra con una persona cuya manera de experimentar el mundo es distinta a la suya. ¿Qué tuviste que cuestionar o desaprender sobre el amor para interpretar esta historia sin caer en los clichés de la comedia romántica?
Creo que lo primero que tuve que cuestionar fue esta idea tan romántica que tenemos de que el amor tiene que ser perfecto para ser verdadero. Crecimos viendo historias en las que el amor parece resolverlo todo, donde dos personas se encuentran y mágicamente encajan. Pero la realidad es mucho más interesante que eso.
Para mí, esta historia habla de aprender a amar a alguien sin intentar convertirlo en lo que nosotros necesitamos que sea. De entender que hay muchas maneras de experimentar el mundo, de sentir y de relacionarnos. Uno de los grandes retos fue encontrar la verdad dentro de situaciones extraordinarias. Porque, por más peculiar que sea una historia, todos podemos identificarnos con ese deseo tan humano de ser vistos, comprendidos y amados por quienes realmente somos. Y eso me parece mucho más romántico que cualquier cuento de hadas.
La película aborda el trastorno de identidad disociativo desde una historia de amor. ¿Cómo se encuentra el equilibrio entre el humor, la sensibilidad y el respeto al construir una historia que también habla de una realidad compleja?
Creo que el humor y la sensibilidad no están peleados. Al contrario, muchas veces el humor es una de las herramientas más humanas que tenemos para acercarnos a situaciones complejas. Pero hay una diferencia enorme entre reírnos de una persona y encontrar humor en las circunstancias que vive.
Para mí, lo importante era que los personajes nunca perdieran su humanidad. Que no fueran definidos únicamente por una condición, sino por sus deseos, sus contradicciones, sus miedos y su capacidad de amar. También creo que, como actores, tenemos una responsabilidad enorme cuando contamos historias que representan realidades que no necesariamente conocemos de primera mano. No se trata de pretender que una película puede explicar toda la complejidad de un trastorno, sino de acercarnos a él desde la empatía, evitando los juicios y recordando que detrás de cualquier diagnóstico siempre hay una persona.

Make up: Gigi Ponce @gigiiponce
Hair: Javier Díaz @javierdiaz_hairstyle
Stylist: Venus Fabricatore @venusfabbricatore
Compartes créditos con José María de Tavira en una historia que se sale de las fórmulas románticas habituales. ¿Qué descubrieron juntos sobre sus personajes durante el rodaje que no estaba necesariamente en el guion?
Una de las cosas que más disfruto de actuar es descubrir que un personaje nunca termina de construirse en el papel. Hay algo que sucede cuando te encuentras con otro actor, cuando empiezas a escuchar de verdad y permites que el personaje te sorprenda.
Creo que, en una historia como esta, donde las relaciones humanas tienen tantas capas, es especialmente importante no llegar con todas las respuestas. Me gusta pensar que los personajes también se van descubriendo el uno al otro a través de nosotros. Algo que siempre me parece fascinante es cómo, a veces, los momentos más honestos no están necesariamente en las palabras, sino en los silencios, en una mirada o en una reacción que no habías anticipado. José María es realmente extraordinario y aprendí muchísimo de él.
¿Qué fue lo más divertido y lo más retador de interpretar este personaje?
Lo más divertido de interpretar a una actriz es que, de alguna manera, estás jugando con tu propio universo. Hay algo muy interesante en observar desde afuera una profesión que conoces tan íntimamente. Los actores podemos ser personajes bastante peculiares. Vivimos de nuestras emociones, de nuestra imaginación, de observar a los demás y de ponernos constantemente en los zapatos de otras personas. También hay algo de humor en nuestras propias contradicciones.
Lo más retador fue encontrar el equilibrio entre lo peculiar y lo auténtico. No quería construir un personaje que simplemente resultara excéntrico o divertido. Quería que detrás de todas sus particularidades existiera una mujer reconocible, vulnerable, con deseos y miedos reales. Porque, para mí, incluso los personajes más extravagantes necesitan tener una verdad emocional.


Make up: Gigi Ponce @gigiiponce
Hair: Javier Díaz @javierdiaz_hairstyle
Stylist: Venus Fabricatore @venusfabbricatore
Con Amarte debutas como productora ejecutiva, además de protagonizarla. ¿Qué cambió en tu manera de ver la película cuando dejaste de pensar únicamente como actriz y empezaste a tomar decisiones sobre la historia?
Cambió muchísimo mi perspectiva. Como actriz, mi responsabilidad principal siempre había sido contar una historia desde los ojos de mi personaje. Como productora ejecutiva, empiezas a entender que esa historia es un universo mucho más grande.
De pronto tienes que pensar no solamente en lo que necesita tu personaje, sino en lo que necesita la película. Y eso me parece fascinante. También hay algo profundamente emocionante en dejar de esperar a que las oportunidades lleguen y empezar a participar activamente en la creación de esas oportunidades. Creo que durante muchos años las mujeres hemos luchado por tener personajes más interesantes, historias más complejas y espacios donde nuestras voces sean escuchadas.
Para mí, producir representa justamente eso: no solamente querer formar parte de las historias, sino también tener la posibilidad de ayudar a decidir cuáles queremos contar. Es una faceta que me entusiasma muchísimo y que definitivamente quiero seguir explorando. No tuve muchísimas responsabilidades en esta producción, pero fue el comienzo de mucho aprendizaje.
Como productora ejecutiva, ¿hubo alguna conversación o decisión de Amarte en la que pudiste defender una idea que quizá no habrías tenido la oportunidad de impulsar únicamente desde la actuación?
Como actriz, muchas veces tienes una intuición muy clara sobre una escena, una relación o una emoción, pero no necesariamente participas en todas las conversaciones donde se toman las decisiones creativas.
La producción te permite ampliar esa conversación. En esta producción tuve la oportunidad de estar involucrada en decisiones tan importantes como el elenco, y eso ya me hizo sentir una enorme responsabilidad que amé tener.
¿Qué fue lo más inesperado que descubriste de ti misma al interpretar esta historia? ¿Hubo alguna escena o situación que te hiciera replantearte algo sobre tu propia forma de relacionarte con los demás?
Creo que lo más inesperado fue darme cuenta de cuánto he aprendido a ser clara y frontal con mi propia historia. A lo largo del tiempo he estado expuesta a cuestionamientos sobre mi vida privada y sobre relaciones que pertenecen al pasado. Muchas veces he preferido no entrar en esas conversaciones ni alimentar versiones que no corresponden a mi realidad. Pero eso también me hizo entender que no quiero esconder quién soy ni dejar que otros definan mi vida por mí.
He tratado de ser muy honesta con mi público sobre quién soy, qué quiero y por qué tomo ciertas decisiones. No desde la necesidad de explicarlo todo, sino desde el deseo de que me conozcan directamente y no a través de lo que puedan decir los reportes o los medios. Creo que esa claridad también es una forma de cuidarme. Aprendí que puedo ser abierta sin dejar de tener límites, y que compartir mi verdad no significa renunciar a mi privacidad.
Esta historia me hizo pensar mucho en eso: en la importancia de relacionarnos desde la honestidad, de no permitir que las versiones externas sustituyan nuestra propia voz y de tener la claridad suficiente para decidir qué queremos compartir y qué queremos proteger.
Hoy se habla mucho de límites, responsabilidad afectiva y de saber elegir pareja. Desde tu perspectiva, ¿qué hace que una relación funcione de verdad cuando pasa la emoción del principio y empieza la vida cotidiana?
Creo que enamorarse es relativamente fácil. Lo verdaderamente interesante es aprender a amar cuando desaparece la novedad. Cuando ya conoces los defectos del otro, cuando llegan los días difíciles, cuando la vida deja de parecer una película romántica.
Para mí, una relación se construye en las pequeñas decisiones cotidianas. En cómo le hablas a alguien cuando estás enojado. En cómo escuchas cuando no estás de acuerdo. En cómo acompañas cuando el otro no está pasando por su mejor momento. Creo profundamente que el respeto es una de las formas más importantes del amor.
También he aprendido que la responsabilidad afectiva no significa hacernos responsables de todas las emociones de nuestra pareja, sino ser conscientes de que nuestras acciones tienen un impacto en la persona que tenemos enfrente.
Si dentro de unos años miraras hacia atrás y pensaras en Amarte, ¿qué te gustaría que hubiera cambiado en tu carrera gracias a esta película?
Me gustaría mirar hacia atrás y reconocer esta película como el comienzo de una nueva etapa. Amo actuar. Es una de las grandes pasiones de mi vida y me siento profundamente afortunada de poder dedicarme a contar historias. Pero también siento que estoy en un momento de mi vida en el que quiero seguir creciendo, explorando y tomando nuevos riesgos.
No quiero limitarme a esperar personajes interesantes. Quiero participar en la creación de historias que me conmuevan, que me cuestionen y que tengan algo que decir. Me gustaría que Amarte fuera el principio de un camino en el que pueda combinar estas dos facetas: la actriz y la productora. Y, sobre todo, me gustaría seguir sorprendiéndome a mí misma. Porque creo que una de las cosas más bonitas de esta profesión es que nunca terminas de aprender, de transformarte ni de descubrir de lo que eres capaz.
No sé exactamente dónde estaré dentro de unos años, pero sí sé algo: quiero seguir haciendo cosas que me den un poquito de miedo. Porque generalmente ahí es donde más crecemos.
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