Sal de Guerrero, barro de Morelos y una bisabuela curandera: así se hizo Santu
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Sal de Guerrero, barro de Morelos y una bisabuela curandera: así se hizo Santu

Santu, Marca Emergente del Año en nuestros Best Beauty Buys 2026, nació en Troncones, Guerrero. Sus fundadoras nos contaron de la sal que cosecha Don Jorge, la bisabuela curandera detrás del copal y por qué pensaron la marca, desde el principio, para el cuidado del cuerpo.

Si un día Santu no pudiera escribir “México” en el empaque, ¿qué tendría que quedarse para que se siguiera sintiendo mexicana? Es un ejercicio de imaginación, porque uno de sus aromas se llama Lima Mexicana, pero Angelique Van Wyk, una de las fundadoras, contesta con cosas que se pueden tocar: “Las manos que lo hacen y la tierra de donde viene. La sal cosechada a mano en la costa de Guerrero, el copal, los tarros de barro hechos por artesanos de Morelos”.

Santu nació en 2026 y ya es de nuestras marcas mexicanas favoritas. Su línea de bodycare, y en especial el Exfoliante de Sal Lima Mexicana, destacó en la evaluación del panel de expertas y del equipo editorial en los Best Beauty Buys. Para tener tan poco tiempo, Santu ya sabe de qué está hecha: un salinero, un ceramista, una bisabuela curandera.

Alicia Nogales y Angelique Van Wyk. Crédito: cortesía de Santu.

“El aire salado no perdona”

Alicia Nogales y Angelique llegaron a vivir a Troncones hace más de 11 años, y hoy es su casa. Alicia no venía del mundo beauty: hizo carrera en organizaciones sin fines de lucro y se define como “una chica de agua”, de duchas largas, baños de tina y caminatas por la playa. Angelique, que creció en Sudáfrica, tiene ahí su spa y años de atender gente. Ella lo ve así: el skincare está tan enfocado en la cara que “el cuerpo siempre se queda para después”. Por eso Santu nació pensada, desde el principio, para el cuidado del cuerpo.

Alicia describe Troncones con una frase que se queda: “La tierra es muy fértil, pero el aire salado no perdona”. Santu gira en torno al aroma, con tres perfiles que salen de ahí. Lima Mexicana, con eucalipto y romero, es el aire de la playa y, según Alicia, “grita ¡Viva la vida!”. Jazmín Tropical sale de su jardín, donde cultivan mangos y piñas y el jazmín crece silvestre. Coco Corazón mezcla el recuerdo de un chocolate caliente mexicano con el calor de la playa. Siguen experimentando con otras plantas, hierbas y frutas en ese jardín. Alicia no tenía idea de que una piña tarda tres años en crecer (yo tampoco) y ahora la aprecia todavía más.

Angelique se queda con el ritmo con el que se mueve todo ahí, que te invita a calmarte y a respirar profundo. Para ella, eso es justo lo que Santu te invita a ser.

Los ungüentos de la bisabuela

¿Hay algo de su propia piel detrás de Santu? Cuando una marca habla de belleza como un mapa que guarda nuestra historia, una espera algo íntimo detrás (más que otro párrafo de manifiesto). Con Alicia, ese algo es su familia.

Su piel morena le gusta desde niña porque le recordaba a sus parientes mexicanos. Eran gente orgullosa, y para ellos la piel, de lo primero que ves en alguien, era un rasgo cultural positivo. Sus abuelos eran trabajadores migrantes que recorrían California de norte a sur y pasaban el día en los campos, bajo el sol, cuidándose “del sol, el polvo, las espinas y los pesticidas”. Con ellos vivía su bisabuela, curandera y partera, que preparaba ungüentos para la piel agrietada, reseca y quemada. Su abuela siempre tenía crema de manos y disfrutaba oler y sentirse bien en su propio cuerpo. “Creo que eso me influyó”, dice Alicia.

La bisabuela era católica, pero parte de su práctica venía de saberes indígenas: hierbas, ungüentos y copal quemado. Ese copal es hoy el ingrediente estrella de Santu, y Alicia cree que a sus dos abuelas les habría encantado que fuera el punto de partida.

Y sí, me quedo con una duda: ¿habrán dejado algo fuera por respeto a esa historia? Alicia responde que hasta ahora no se han encontrado en esa situación, y en una categoría que habla tanto de herencia se agradece la honestidad. Lo que sí han hecho, ahora que esos familiares ya no están, es construir relación con otros sanadores mexicanos que trabajan con plantas, hierbas y botánicos. Para Alicia, “no todo lo nuevo es mejor”. Angelique va por el mismo lado: las tradiciones solo siguen vivas mientras viven las personas que las descubrieron, así que trabajan con artesanos que quieren transmitirlas a las nuevas generaciones.

Crédito: cortesía de Santu.

La sal de Don Jorge

Una historia bonita no garantiza que un ingrediente funcione en la fórmula. Angelique lo ve desde la filosofía de la marca: en Santu no usan activos que prometan resultados exagerados, porque la idea es hacer una pausa y aceptarte como eres, sin cambiarte. Para ver cómo se traduce eso en un producto, hay que hablar del exfoliante.

Los exfoliantes de sal siempre iban a lanzarse, pero tardaron más de lo planeado. Alicia explica el reto: los de azúcar se disuelven rapidísimo con el agua y muchos de sal son muy secos, y ellas querían uno que exfoliara de verdad y dejara la piel hidratada. La versión final lleva tres mantecas (mamey, que sale de la semilla de esa fruta mexicana, karité y cacao) y sal marina cosechada a mano en las lagunas cercanas a Troncones. Las mantecas no se separan de la sal, así que el exfoliante se desliza sobre la piel. “Ahora entiendo por qué no hay ninguno tan bueno como el de Santu… es difícil”, cuenta Alicia. Se aplica sobre la piel limpia y seca, se deja 15 minutos, se enjuaga y se seca con toquecitos. Nada de jabón en las zonas exfoliadas: “si no, te quitas todo lo bueno”.

Alicia cuenta que Don Jorge cosecha su sal a mano, de forma ancestral y sin lonas de plástico, y ve en eso una cuestión de demanda: si Santu sigue creciendo y apoyando a productores que trabajan así, más gente podrá beneficiarse de una sal más sana, que es lo que ella quiere.

Con el ceramista de Morelos pasa algo parecido. Hace a mano los recipientes de barro de las velas de Santu (la de masaje, by the way, se derrite y se convierte en aceite para la piel, amamos) y, según Alicia, trabajar con él ayuda a mantener vivo ese arte tradicional. Además, les cambió un producto. Fue él quien sugirió agregarle tapa y pico vertedor a esa vela, y también propuso la forma del recipiente. “Sin esa colaboración, sería una vela de masaje común en un recipiente normal”, reconoce Angelique. Ahí está lo de las manos que lo hacen.

Del spa del Ritz a tu regadera

Santu está en los spas y hoteles de The Ritz-Carlton y St. Regis de la Ciudad de México y, al mismo tiempo, habla de autocuidado de todos los días. Alicia no ve contradicción. Para ella, el precio responde a decisiones concretas: fórmulas con entre 84% y 94% de ingredientes naturales, tubos y tarros con 50% de plástico reciclado post consumo, empaque de papel de árboles recuperados de bosques y trabajo directo con productores y artesanos. “Simplemente cuesta más. Es un hecho”. Sobre los hoteles es clara: “Estar en hoteles como el Ritz-Carlton o el St. Regis es una consecuencia de esos valores, no una postura de exclusividad”. Cualquiera puede comprar Santu en su tienda en línea en México.

Su idea de riqueza, de todos modos, va por otro lado. Sus abuelos no tenían riqueza material de sobra y, aun así, eran “de las personas más ricas” que Alicia ha conocido, porque se querían a sí mismos, a sus familias y a sus comunidades, y tenían sus propias formas de cuidarse y cuidar a los demás, incluso en tiempos difíciles.

Santu apenas empieza y ya viene en camino a concept stores y tiendas departamentales. Eso sí, hay algo que no debería cambiar nunca. “Hecho en México, hecho por artesanos locales, con ingredientes locales”, en ese crecimiento ven la forma de sostener las economías locales.

Y si te estás preguntando por dónde empezar, Angelique recomienda la crema corporal: se aplica sobre la piel limpia, con movimientos circulares y en dirección al corazón. Ella la compara con un labial rojo, algo que llevas contigo para tener “un poquito del paraíso” a donde vayas. Y queremos copiarle a Alicia:cremas Santu en el escritorio de la oficina, en la bolsa y en los rincones de la casa donde pasa tiempo, igual que su abuela, que nunca estaba lejos de una crema de manos. Así que si ya cargas con tu lipstick favorito, hazle espacio a la crema.

Crema corporal, Santu, $880; santubeauty.mx

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