Olivia Rodrigo está entrando oficialmente en una nueva era. Y sí, además de canciones nuevas, eso también significa nuevos outfits. Para el rollout de you seem pretty sad for a girl so in love, la cantante dejó un poco atrás la estética punk-rock oscura de GUTS para abrazar algo mucho más coquette, delicado y dreamy. Y obviamente, el internet decidió convertir eso en un discurso.
Todo empezó cuando Olivia apareció usando un look de Chloé en el video de “Drop Dead”, pero la conversación explotó todavía más después de su concierto en Barcelona para celebrar sus canciones con más de mil millones de streams en Spotify. Ahí volvió a usar una estética de babydoll y bloomers, y las críticas llegaron inmediatamente.
¿Por qué la critican? Hay personas acusándola de “sexualizar ropa infantil” o incluso de “normalizar” ciertas imágenes problemáticas solo por usar un vestido tipo babydoll. Pero el discurso dice mucho más sobre cómo la sociedad sigue viendo a las mujeres que sobre Olivia Rodrigo.
Un poco de contexto sobre el babydoll
Primero: el babydoll no nació como ropa para niñas. De hecho, su historia siempre ha estado ligada a la feminidad, la sensualidad y la moda. El estilo apareció durante la Segunda Guerra Mundial, cuando la escasez de tela obligó a diseñadores a crear camisones más cortos y ligeros. Después, el término “babydoll” se popularizó gracias a la película Baby Doll de 1956, donde Carroll Baker usaba este tipo de siluetas provocativas y ultrafemeninas.
En los 60, el babydoll saltó de la lencería a la moda cotidiana gracias a iconos como Twiggy y Brigitte Bardot. Y en los 90 tuvo otro revival importantísimo gracias a mujeres como Courtney Love, Kat Bjelland y toda la estética riot grrrl, que usaban estos vestidos precisamente como una forma de desafiar las expectativas tradicionales de feminidad.
O sea, el babydoll siempre ha existido dentro de conversaciones sobre autonomía femenina, rebeldía y estilo personal. No es una tendencia nueva ni algo que Olivia inventó para “provocar”.


Olivia Rodrigo no se está vistiendo para hombres
Y aquí está probablemente la parte más importante de toda esta conversación.
Olivia Rodrigo jamás ha construido una carrera alrededor del male gaze. Literalmente toda su estética, conciertos, letras y comunidad están dirigidos hacia mujeres y experiencias femeninas. Desde SOUR hasta ahora, su universo creativo siempre ha hablado de girlhood, heartbreak, amistad, inseguridades y crecimiento emocional femenino.
Ella misma dijo recientemente a British Vogue que su Pinterest está lleno de babydoll dresses y cuellos setenteros porque quiere que todo se sienta divertido y relajado”. Y eso se nota muchísimo en el universo visual de “Drop Dead”, dirigido por Petra Collins, quien lleva años explorando una estética de feminidad surreal, suave y autorrepresentada.
La inspiración tampoco salió de la nada. Olivia ha mencionado directamente a Courtney Love y otras figuras noventeras que usaban babydolls como una forma de rebelión estética y cultural.
Y ahí es donde el discurso se vuelve frustrante: incluso cuando una estética nace desde referencias femeninas, subculturas lideradas por mujeres y formas de autoexpresión pensadas para otras mujeres, sigue siendo analizada únicamente desde cómo podría ser percibida por hombres.

El problema no es la ropa, son ustedes
Claro que el contexto cultural actual influye. Vivimos en un momento donde existe una conversación mucho más fuerte sobre explotación, sexualización y violencia hacia mujeres jóvenes. Y sí, es completamente entendible que muchas personas sean sensibles a estos temas, pero esta conversación realmente no va por ahí.
Hay una diferencia enorme entre proteger a las mujeres y empezar a controlar cómo pueden expresarse. Porque al final, decirle a una mujer que no debería usar algo “porque podría ser sexualizado por hombres” sigue siendo otra forma de responsabilizarla por la mirada masculina en lugar de cuestionar por qué esa mirada existe en primer lugar.
Es exactamente el mismo tipo de conversación que hemos visto recientemente alrededor de Sabrina Carpenter, a quien constantemente acusan de construir una imagen “para hombres”, pese a que toda su estética, música y fandom están claramente centrados en conectar con otras mujeres.
A veces parece que las mujeres simplemente no pueden ganar. Si abrazan su feminidad, hay críticas. Si la rechazan, también. Si usan algo sexy, problema. Si usan algo inspirado en la nostalgia, la girlhood o la hiperfeminidad, también. Parece que, haga lo que haga una mujer con su imagen, siempre habrá alguien dispuesto a convertirlo en un problema.
Y tal vez ya es momento de dejar de convertir absolutamente todo lo que usan las mujeres en un debate moral. Porque Olivia Rodrigo usando un babydoll dress no debería convertirse en una crisis cultural cada vez que pisa un escenario. Déjenla vestirse en paz.


Explora más en: Instyle.mx













